FICHA TÉCNICA



Título obra El arca de Noé

Autoría Rafael Solana

Dirección José Manuel Álvarez

Grupos y compañías Compañía Teatral de la Casa de la Cultura de Michoacán

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Rafael Solana y El arca de Noé” en El Día, 20 julio 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Rafael Solana y El arca de Noé

Malkah Rabell

Para una corta temporada se presenta actualmente en el Jiménez Rueda la Compañía Teatral de la Casa de la Cultura de Michoacán, con una comedia de Rafael Solana: El arca de Noé, que tal vez pueda considerarse como sátira por ese tono mordaz e irónico tan peculiar al autor veracruzano. Se suele decir que Rafael Solana por las mañanas termina una comedia; a mediodía completa una una novela y al anochecer prepara un ciclo de poesía. Y según me consta, cuando desea agasajar a sus amigos, escribe un libro de crítica sobre literatura inglesa de 300 páginas que envía como tarjeta de Navidad. Aunque no sea precisamente con tal rapidez, es indudablemente un literato multifacético y prolífico. Conforme a lo que escribe Antonio Magaña Esquivel en su libro: Medio siglo del teatro mexicano, el autor de El arca de Noé es: "...poeta, novelista, crítico literario y teatral, periodista, cronista de toros, empresario y dramaturgo... Como poeta figuró en el grupo que editó la revista literaria: Taller, luego dirigió Taller Poético. A los 20 años había publicado ya su primer libro de poesía: Laderas (1934), en el que manifestaba su facilidad técnica, su rapidez de concepción, que luego habría de confirmar en los otros géneros que abordó".

En el campo teatral, su producción es tan numerosa que se hace imposible citar la larga lista de sus títulos en lugar tan exiguo como una crítica periodística. Y si menciono algunos de sus datos biográficos es porque la personalidad de Solana resulta más importante que el espectáculo que bajo la dirección de José Manuel Álvarez vivimos hace unos días. Y en cuanto a su comedia El arca de Noé, que no es de sus últimas obras, nos transporta a la época bíblica, cuando Noé construyó su fabulosa arca que navegó por un mundo cubierto de aguas, y donde reunió parejas de todas las especies vivientes para salvar la futura humanidad de la extinción. Y el comediógrafo ante la pregunta muy lógica de ¿cómo lograron prolongar la existencia humana en el universo 4 parejas multicentenarias, como eran Noé y sus tres hijos, Jafet, Cam y Sem? Encontró una solución muy graciosa y alegre: un pasajero joven y buen mozo que se introdujo de contrabando en la legendaria embarcación, y ayudó a Dios en su difícil tarea de repoblar el mundo y salvar a sus hijos predilectos y los más pecaminosos: los hombres.

Idea ingeniosa, como casi siempre lo son las que Ie sirven a Solana de hilo argumental, con su tono alegre, sus diálogos vivaces, su fina ironía y su hábil construcción escénica, la obra sirve de marco a una docena de protagonistas, que hacen reír sin jamás caer en exageraciones ni mal gusto. El director, José Manuel Álvarez, transformó la comedia en obra musical, con música heterogénea, recogida de las más diversas fuentes, como operetas, revistas cinematográficas y hasta canciones israelíes modernas para crear la atmósfera del país de origen de Noé. Pero lo más gracioso fue el número final, cuando todo el conjunto, armado de paraguas, entonó la conocida canción: Cantando bajo la lluvia.

Lástima que pese a los esfuerzos del director, que ya nos dio numerosas pruebas de su habilidad para manejar actores y espectáculos, sobre todo con elementos de la provincia, el grupo de intérpretes de El arca de Noé, no logró responder a todas las necesidades artísticas de una comedia. Ningún arte interpretativo es más difícil que el exigido por la comedia. Se puede enseñar a interpretar un drama, con mejores o peores resultados. Es imposible hacer lo mismo con la comedia. El actor dramático se hace –o puede hacerse–, el cómico nace. El don cómico, sobre todo la ligereza humorística, son innatos.

No obstante, pese a las insuficiencias artísticas de esos jóvenes actores, demasiado jóvenes para sus papeles de ancianos, actores llegados de Michoacán, parte de una compañía formada hace apenas unos años, en 1976, el espectáculo tiene éxito, llena la sala y despierta el entusiasmo de un público que recompensa los esfuerzos de la compañía con cálidos aplausos. Y el espectáculo tiene el mérito de devolver al escenario a un autor que en los últimos años permaneció bastante alejado –como la mayoría de los autores mexicanos– del teatro, y quien fue en la época del Boom del teatro mexicano, por los años 50-60, una de sus figuras más populares.