FICHA TÉCNICA



Título obra Culpables

Autoría Martin Sherman

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Enrique Álvarez Félix, Fernando Larrañaga, Federico Lezama

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Culpables: la tragedia de los triángulos rosa” en El Día, 6 julio 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Culpables: la tragedia de los triángulos rosa

Malkah Rabell

La extensa literatura de los campos de concentración es muy pobre en datos acerca de la tragedia de los detenidos homosexuales, a quienes el triángulo rosa distinguía de los demás. De los políticos con su triángulo rojo pegado al uniforme a rayas y a menudo con dos letras en la espalda: N. N., Noche y Niebla, que los señalaba a los guardias como condenados a muerte, sentenciados a desaparecer en la noche y la niebla sin dejar huellas. A los homosexuales el rosa los distinguía también del triángulo verde, el de los criminales, y de la estrella amarilla que llevaban los presos judíos. Personalmente es la primera vez que enfrento una obra acerca de los portadores del estigma rosa, que tal es el estrujante argumento de Culpables del dramaturgo Martín Sherman, que actualmente se presenta en el teatro Lírico. Teatro muy poco apropiado para una representación seria, ya que desde años se caracteriza por dedicarse a espectadores [frase errada por la autora en el original. N. del E.] ni siquiera sospechaba el auténtico contenido de ese drama de autor casi desconocido entre nosotros. Numerosos concurrentes han ido a divertirse, imaginándose acaso que iban a encontrar un espectáculo estilo: Y sin embargo se mueve... En lugar de diversión la tensión nerviosa del auditorio llegó casi al insostenible. No obstante que el campo de concentración que la obra muestra es aún un "paraíso" comparado con el ulterior infierno de los años de guerra cuando los campos de "trabajo" se transformaron en fábricas de esclavos para sostener el esfuerzo bélico, y sólo quien podía trabajar sobrevivía.

Tampoco nadie suponía que Enrique Álvarez Félix iba a crear el papel más importante de su carrera, el papel quizá de su vida: el de Max, que se hace pasar por judío para escapar al triángulo rosa, el más maltratado y el más humillado de todas las categorías concentracionarias. Empero, en el último momento, cuando lo obligan arrastrar el cadáver martirizado de su camarada de infortunio, Horst, quien siempre le reprochó la cobardía de esconder su verdadero rostro, su verdadera manera de ser que, como grita en su desesperación Max: "¿Qué tiene de malo?", en ese paroxismo de dolor, Max de pronto recupera su dignidad humana y cambia su chaqueta de la estrella amarilla por la del cadáver, manchada de sangre, pero con su triángulo rosa orgullosamente visible.

Bajo la dirección de José Luis Ibáñez, el siempre excelente maestro de actores, Enrique Álvarez Félix supo llevar a su personaje, con mucha altura y exactitud artística, desde las primeras escenas cuando es el frívolo y alegre hijo de padres ricos, que abandonó con despreocupación las comodidades familiares para vivir la vida miserable pero solaz de la bohemia berlinesa, hasta las intensas escenas dramáticas del segundo acto, cuando le parece que: "Todo esto no puede ser, no puede existir", y, uno de los presos ya familiarizado con el "campo" le contesta: "Pero sí, existe". En sus desgarradoras escenas dramáticas encontró el tono de un gran actor.

En el papel de su compañero concentracionario, Fernando Larrañaga estuvo excelente tanto en las escenas dramáticas como en los leves instantes de tragicomedia. Ni un solo momento perdió la línea justa de su personaje, ni siquiera en los momentos excepcionalmente difíciles cuando trata de tener un encuentro amoroso con Max oralmente, desde lejos, en la imaginación, bajo el ojo vigilante de los S.S. El tercero en ese trío de víctimas de una época bárbara, Federico Lezama, como Rudy, a quien hacen morir bajo los golpes y la tortura, en el tren que los lleva a Dachau, fue igualmente perfecto.

Se puede decir que toda la representación se llevó a cabo sin fallas (salvo tal vez la falta de coordinación entre el play-back y la voz normal de Greta). El director José Luis Ibáñez, que desde hace mucho hemos dejado de ver en dirección dramáticas, ya que dedicó a las comedias musicales lo más preciado de sus esfuerzos artísticos, parece que no perdió nada de su capacidad directiva en el difícil arte del drama. Culpables fue representado como un drama realista, de un modo tradicional, pero con numerosos elementos del teatro "nuevo", para el cual las proyecciones de Gabriel Figueroa fueron un innegable aporte. La representación se distinguió por tres elementos: una obra desgarradora; una interpretación estelar magnífica; y una estupenda dirección de José Luis Ibáñez.