FICHA TÉCNICA



Título obra Están tocando nuestra canción

Autoría Neil Simon

Notas de autoría Carol Bayer Sage / letra de canciones

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Mairucio Herrera, Macaria

Escenografía Antonio López Mancera / realización

Música Marvin Hamilish

Espacios teatrales Teatro San Rafael

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Están tocando nuestra canción” en El Día, 22 junio 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Están tocando nuestra canción

Malkah Rabell

Decididamente no se debe prejuzgar. Cuando me han dicho que otra vez se trata de una comedia de Neil Simon, mi primer deseo era huir. Mi segunda intención fue buscar por anticipado un título hiriente, Como "Un estreno demasiado largo, pero... aburrido", o bien: "Otra vez el indispensable Neil Simon". Porque en nuestro teatro comercial los actores y empresarios se dividen en dos sectores: los anglófilos, que siempre recurren a Neil Simon, y los españófilos que en todo caso de apuro buscan una comedia de Alfonso Paso. Pero prejuzgué... Como todo el mundo sabe, Neil Simon es un comediógrafo muy hábil, excesivamente productivo, ingenioso a ratos, y a ratos muy rutinario. En el presente casó escribió un libreto para una comedia musical, lo que ya es menos usual en él. Y ni siquiera la letra de las canciones es suya, sino de Carole Bayer Sage, con música de Marvin Hamilish. Música que uno de los personajes de la obra considera excepcionalmente melodiosa, pero que a mis pobres oídos le suena como mucha ruido, que a veces llega hasta el escándalo. Mas, en cuanto al comediógrafo, no se le puede negar talento, que a veces vuelve a surgir pese a la rutina. En Están tocando nuestra canción no puede escapar a ciertos chispazos de gracia, de ternura y de inteligencia. Un hábil coctel de estas virtudes, aderezado con mucha habilidad rutinaria. Lo que siempre consigue el favor y los aplausos del público.

¡Ay que suerte tienen las norteamericanas! Pueden ser caprichosas, egoístas, irresponsables, mentirosas, locas como cabras y tener varios amantes a la vez. Y luego todavía imponen condiciones para volver con el amante de turno. Tal es el caso de Sonia Walks, una mujercita que escribe letras de canciones los domingos y días festivos. El amante de turno no es un cualquiera. ¡Oh, no! Es un famoso compositor de música moderna, que se deja capturar por los bellos ojos y la nariz bastante fea de Macaria (Sonia). El tercero en discordia, León, no aparece, pero fastidia mucho por teléfono.

En esos dos papeles, Sonia y Verrion los únicos de la comedia, Macaria y Mauricio Herrera son dos actores que nunca tuve la oportunidad de ver. Los dos cantan. Aunque vaya uno a saber si tienen voces. Con los "trucos" modernos las voces sobran. Se necesitan micrófonos que manejan desde una cabina en el fondo de la sala, lo que da la impresión que algunas veces el tono baja y otras sube. Con un micrófono cualquier voz adquiere un volumen que ni un cantante de ópera pudo tener en la época de nuestros abuelos. Y en fin de cuentas, hasta el más reacio a los "trucos" termina por admitirlos como algo muy natural y cómodo. Un poco como aceptaron hace unas décadas las damas elegantes el nylon en lugar de la seda natural. Con tal de que no inventen un micrófono para transmitir los bailes, y sobre todo que no empiecen a usar playbacks para transmitir diálogos de Shakespeare. Así que no sé si cantan bien o mal. Pero en la actuación, Mauricio Herrera tiene mucha gracia y presencia. Me extraña que permaneció tanto tiempo ausente del escenario. Es un excelente actor. No diré tanto de Macaria, que tiene una voz desagradable al hablar, muy chillona, pero se desenvuelve en el escenario con bastante seguridad.

Comedias musicales con dos protagonistas y un breve coro de seis cantantes-bailarines, no son frecuentes. Mas bien son raras. Y aún caso más raro es tener dos actores en el escenario y 43 técnicos entre bambalinas. A esos 43 técnicos se debió el perfecto manejo de una escenografía complicadísima, que cambiaba cada cinco minutos, usando to dos los elementos más modernos de los que dispone el Teatro San Rafael: escenario giratorio, proyecciones y luces a granel. La escenografía se anuncia como de Antonio López Mancera, pero en realidad es completamente copia del original que presenta en N. Y. Por igual que permanece fiel al original neoyorquino la dirección y la actuación. Se le ha reprochado a menudo a Manolo Fábregas su falta de creatividad propia, su empeño en traer obras en "paquete", con todos los detalles artísticos ya "digeridos" por otras mentes y otros artistas. Personalmente creo que más vale una buena copia que un mal original. A fuerza de copiar y de ver buenas copias, se aprende, tal como lo hacen los estudiantes en las Academias de artes plásticas. Además el público, que no tiene la posibilidad de viajar al extranjero para presenciar los espectáculos de éxito, tiene la oportunidad de verlos en México, con los valores de los originales. Y en este campo, en el campo de la comedia musical, en México, Manolo Fábregas sigue siendo el rey.