FICHA TÉCNICA



Título obra La rebelión de los colgados

Notas de autoría Bruno Traven / autor de la novela homónima; Seki Sano / adaptación

Dirección Héctor del Puerto

Espacios teatrales Teatro del Sindicato de Electricistas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La rebelión de los colgados” en El Día, 15 junio 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La rebelión de los colgados

Malkah Rabell

Un grupo de estudiantes de la Escuela de Arte Teatral del INBA, se enfrentó con la nada fácil tarea de volver a montar una versión de Seki Sano basada en la novela de Bruno Traven: La rebelión de los colgados. Y lo hizo en el teatro Orientación, en la Unidad del Bosque, donde se encuentra su escuela. El famoso director japonés que llegó a nuestro país por la década de los cuarenta, y esta obra fue su primer montaje, en 1941, en el teatro "De los Electricistas", donde más tarde Siqueiros y un grupo de colaboradores pintaron varios murales, no dejó ninguna edición formal de la obra, y según dice el programa de mano: "...nosotros recurrimos a una copia mimeográfica localizada en la Universidad de Chiapas para el presente montaje".

Lo más importante de la actual puesta en escena debida a Héctor del Puerto, es su valor histórico. Aunque la nueva versión resulta decorosa, con ciertas escenas bien realizadas, sobre todo las de conjuntos, como la última parte, es difícil hablar y detenerse en su aspecto artístico. Son otros sus valores. Ni siquiera en la época de Seki Sano, cuando los aportes modernistas del director recién llegado despertaron el interés del reducido mundillo artístico mexicano de aquel tiempo, sobre todo de los pintores, ni siquiera en aquellos días fue el arte de la representación que se impuso.

Tuve la oportunidad de asistir a aquel histórico estreno que llenó la reducida sala de Sindicato de Electricistas, con el Tout Mexique de aquel tiempo. La representación, con su muy novedoso escenario, carente de telón, nada "italiano", con su reparto donde figuraba María Douglas, aunque nadie se daba cuenta de su presencia por desconocida, resultó de lo más audaz para su tiempo. Era un espectáculo experimental en el auténtico sentido de la palabra. Pero Seki Sano era un director con ideas políticas, tal vez más importantes para él que su actividad artística. Eligió una obra mexicana que ofrecía una imagen de un México trágico y desconocido hasta para la mayoría de los propios mexicanos: la de los indios chamulas que trabajan en la tala de los árboles en las selvas de Chiapas, en condiciones infrahumanas, sometidos a torturas, hambre y despojo. Condiciones de verdadera esclavitud. Quizá peor que la esclavitud. En el escenario apareció un México que Bruno Traven fue el primero en dar a conocer a través de la literatura, en una época cuando toda la literatura latinoamericana lanzaba sus más famosas novelas documentales al mercado libresco universal. Lo que más importaba en la representación de Seki Sano fue el documento.

Lo mismo sucede con la representación que monta Héctor del Puerto. En la nueva versión no podemos hablar de experimentación. Ni su escenario es novedoso, ni los elementos de su montaje son originales. El actual teatro mexicano está ya muy avanzado. Tampoco los actores de la nueva versión son muy expertos en el arte escénico. Son todavía estudiantes, a veces hasta con dificultad en expresarse verbalmente. Pero todas esas ausencias no dificultan en absoluto la intensidad del drama humano que se desarrolla en el escenario. El documento es infinitamente más intenso que lo artístico. Los jóvenes actores y el no menos joven director recurre a ciertos elementos brechtianos para reproducir la novela de Traven, agregándolos a la versión de Seki.

Los protagonistas hablan al público y le explican los sucesos. A veces lo hacen inútilmente, porque la acción de la obra ya lo explica suficientemente. De todos modos, la función no se hace nada larga ni monótona. La hora y cuarenta minutos de duración del drama, huye con rapidez. El espectáculo, con su trágico contenido, con sus elementos de lucha –que a veces caen en el mitin– nos mantienen en tensión durante todo el tiempo, sin permitir el cansancio o la monotonía.

Pero esta nueva versión despierta numerosas preguntas en la mente del espectador. Toda la función transcurre en la época de los inicios de la Revolución Mexicana, y toda la Rebelión de los colgados", se lleva a cabo al grito de "Tierra y Libertad". Pero desde lo más profundo de nuestra conciencia se alza la interrogante: ¿Y cómo es actualmente la situación de esos chamulas que talan árboles en la selva chiapaneca? ¿Qué leyes y qué hombres los protegen de los desmanes de compañías prepotentes, de caciques deshumanizados y de sus capataces? "¡Tierra y Libertad!", fue un grito acorde con otros tiempos y otras necesidades. ¿Cuál es el grito, cuáles son las necesidades de las nuevas épocas, de las nuevas condiciones? Tal vez hoy ya no les cortan las narices ni las orejas, ¿pero qué y quién protege sus vidas, sus bienes, sus tierras a sus mujeres, a sus hijos, y a su libertad?.