FICHA TÉCNICA



Título obra El candidote

Autoría Margarita Urueta

Elenco Octavio Marín

Música Octavio Marín y Javier de la Cueva

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El candidote” en El Día, 27 mayo 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El candidote

Malkah Rabell

¿El título de la obra de Margarita Urueta: Candidote, se refiere a un "candidato" o a un "cándido"? Aunque la autora no aclara las pretensiones de esta expresión, se nos antoja que en esta oportunidad resume las dos posturas en una sola. Su "Candidote" es a la vez un candidato a las más altas posiciones políticas –aunque sólo fuera en provincia–, y un ser muy cándido. A tal punto "Cándido" que ninguna crítica se deduce de esta comedia. Y tanta ingenuidad hasta se parece a una agresión a nuestra inteligencia. La autora llama a su creación: "Sátira Política Musical", y esto es como llamar Montaña a un terraplén.

En general en esta obra, que actualmente se ofrece en el teatro Jesús Urueta, nadie tiene la culpa de nada. Todos los posibles errores, sus causas y efectos, han desaparecido del ambiente y de la conducta del candidato, y todos viven en el mejor de los mundos, con alguna que otra pequeña, pequeñísima ridiculez. El candidato ni siquiera se presentó por propia voluntad. Lo obligaron quienes manejan los destinos del "Partido". A Ramiro, el candidato, ni siquiera le permiten hablar con su propia voz ni usar su propio lenguaje. Su impuesta candidatura Ramiro la aceptó gustoso, como es de suponerse, aunque tuvo como resultado el alejamiento del cargo de un amigo de muchos años, que iba a ser su consuegro. La única en quejarse de la alta posición, con sus brillantes posibilidades, a la que la llevó la candidatura de su padre, es su hija, Adelina, que se siente muy aislada de sus viejas amistades, muy solitaria y ahogada en la falsedad de un ambiente ficticio. Actitud que recuerda las características de otro hijo de un candidato de obra dramática, la del hijo de El gesticulador de Usigli.

Aparte de la pobreza literaria, dramática y política de la "sátira", ésta adolece además de un carácter musical –música debida a Octavio Marín y Javier de la Cueva–, que realmente parece tirada de los pelos. La moda a la "musicalización" de toda obra producida en el país, aunque se trate de un drama, empieza a resultar insoportable.

Una opereta o una comedia musical son géneros muy especializados, muy peculiares, no es posible, sin caer en falsedades, poner música a cualquier texto dramático venga o no al caso. Para escribir la letra de las canciones, y la música de la partitura, el autor ha de ser un poeta, forzosamente un poeta, y el músico un especialista en el género. En esta oportunidad ambas cosas fallan: letra y música. Ya sin hablar de que el conjunto no sabe cantar, y aún menos bailar, aunque todo el tiempo trata de moverse al compás de la música.

En cuanto al conjunto, ¡Ay! Cuando un grupo de muchachos empieza a dar sus primeros pasos en los quehaceres escénicos, es tal vez más conveniente que lo hagan en la casa de sus amigos y no inviten para ello a la prensa especializada. De todos modos, el espectáculo de El candidote tenía todo el aspecto de un juego organizado para divertir a los amigos de la ama de casa. Desde luego, en una casa de buena sociedad. Entre ese grupo de jóvenes principiantes, que ni a principiantes llegan, es menester descartar a una sola persona, a Octavio Marín, que hace el papel de Ramiro, el "Candidote", quien además de una voz rica en matices y capaz de cantar, demuestra de inmediato que no es un novato en la actuación. Lamentablemente una golondrina no hace el verano.

Para dirigir a unos aficionados principiantes, y hacerlos aparecer ante un telón abierto, es decir ante la crítica de todo el mundo, se necesita ser un director muy especializado, muy maduro y muy paciente, que se dedique a su conjunto durante largos meses. En este caso la dirección no existía. Y lo mismo puede afirmarse, y con más razón de la escenografía.

Me duele mucho desgarrar el esfuerzo de una dama digna, que trata de aportar su grano de arena al teatro mexicano. Pero el teatro es una manifestación artística colectiva, y si no la pueden hacer bien, más vale no hacerla.