FICHA TÉCNICA



Título obra La viuda alegre

Autoría Víktor León y Leo Stein

Elenco Lynette Mann, Michela Kirkaldie / bailarinas

Coreografía Ronald Hynd

Música Franz Lehar

Notas de Música Dobbs Frank / director concertador

Grupos y compañías Ballet Australiano

Notas de grupos y compañías Marilyn Jones / dirección artística; Orquesta Sinfónica Veracruzana

Espacios teatrales Teatro Juárez de Guanajuato

Eventos IX Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Telón cervantino. La viuda alegre: ambicioso balllet teatro” en El Día, 11 mayo 1981, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La viuda alegre: Ambicioso Ballet Teatro

Malkah Rabell

Guanajuato, Gto., 10 de mayo.– Australia es un continente nuevo, con una población joven, o, muy poco sabemos. Si tienen vida propia en los campos económicos industriales, científicos y artísticos, sus victorias aún no abandonaron sus fronteras. Cuando se anunció en el Cervantino de Guanajuato al "ballet australiano", compañía nacional de su país, no faltaron los bromistas que aseguraron conocer la existencia de canguros australianos, pero jamás oyeron mencionar a sus bailarines. Yo misma me imaginé a ese "ballet" como una especie de Disneylandia Australiana. Cuál no fue nuestra sorpresa al enterarnos que ese joven país posee de 600 a 700 escuelas de danza con unos mil discípulos de ambos sexos cada una. Es decir que cuenta con algo más de medio millón de bailarines. Rico acervo humano para elegir los elementos necesarios, y explica las razones por qué todos los miembros de ese conjunto son físicamente perfectos.

En cuanto al "ballet australiano", fundado en 1962 cuenta con más de 60 bailarines, y trajo a Guanajuato un ballet de tres actos basado en la famosa opereta de principios de siglo de Franz Lehar: La viuda alegre. Que algo de Disneylandia tiene (a quien le gusta Disneylandia es porque nunca fue niño) con esa historia sentimental, que hoy se nos antoja algo envejecida, de una antigua campesina los de Balcanes, abandonada por su novio aristocrático, enriquecida por el casamiento con un millonario y vuelta a ser pretendida por su antiguo enamorado así como honrada por su pequeño país balcánico que ve en sus millones su única salvación nacional. Y algo también tiene de Disneylandia el alegre colorido y el lujoso despliegue de vestuario y escenografía, producción que tuvo un costo en los años de su estreno de un medio millón de dólares. Pero la música es hermosa y se antoja tan sugestiva y deliciosamente melodiosa como en los tiempos de su nacimiento en Viena, estupendamente tocada por la orquesta sinfónica veracruzana bajo la batuta del director huésped, Dobbs Frank, director musical de la compañía que nos visita.

Deslumbrado el público por la producción y encantado por la música, no pudo sin embargo, dejar de notar las numerosas fallas que cometía el conjunto, que parecía perder el equilibrio a cada instante. Cosa extraña en una compañía de casi 20 años de existencia y en un ballet que ya anda por el mundo en numerosas giras desde 1975. Las fallas se antojaban debidas a falta de disciplina y de ensayos. Hasta llegamos a imaginar que el coreógrafo, Ronald Hynd, antiguo primer bailarín del "Ballet Real Inglés" no se hallaba a la altura de sus responsabilidades creativas. Mas, según explicaciones ulteriores de la directora artística del conjunto, Marilyn Jones, el escenario del hermoso teatro guanajuatense: Juárez, resultaba excesivamente reducido para las necesidades de tan numeroso conjunto, constantemente necesitado de despliegues colectivos. Y para colmo, el mismo escenario cuenta con un declive que destantea a los bailarines que carecieron de tiempo para ensayar debidamente en ese medio extraño para ellos. Las mismas quejas ya las hemos escuchado también de otros conjuntos que no logran la perfección de sus espectáculos debido a la falta de tiempo para ensayar en un medio ajeno.

Salvo este reproche, la representación que aunaba teatro y ballet, y los intérpretes resolvían con gracia su doble y función de actores y bailarines, conquistó los corazones de casi todos los espectadores, transportados a los sentimentales años de sus abuelos. Resultaba un espectáculo de "añoranza", con algunos excelentes bailarines como las dos primeras figuras femeninas: Lynette Mann y Michela Kirkaldie. Quizá fue el único espectáculo donde todo el mundo se divertía sin pretensiones intelectuales, con una pizca de melancolía por los tiempos idos, los de las generaciones pasadas, y con una pizca de curiosidad por ese compositor demasiado olvidado como es Franz Lehar, las nuevas generaciones.