FICHA TÉCNICA



Título obra Andalucía amarga

Autoría Salvador Tavora

Dirección Salvador Tavora

Elenco Salvador Tavora

Grupos y compañías Cuadra de Sevilla

Espacios teatrales Teatro Principal de Guanajuato

Eventos IX Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “Telón cervantino. Un espectáculo maravilloso: Andalucía amarga” en El Día, 10 mayo 1981, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un espectáculo maravilloso: Andalucía Amarga

Malkah Rabell

En 1972, esta Cuadra de Sevilla, que actualmente reside en Bruselas, nos visitó con su primera creación teatral: Quejío. Recuerdo aquella representación en el Hidalgo, para gente de teatro que llenaba la sala, y se puso de pie como un solo hombre, al finalizar, para ovacionar a esos jóvenes actores que nos traían un mensaje a través de una originalísima representación.

Hoy, en el teatro Principal de Guanajuato, también se puso de pie todo el público para ovacionar a su nuevo espectáculo, el cuarto de su repertorio: Andalucía Amarga, en el cual, el autor, director y actor, Salvador Tavora, perseguía la misma idea que en Quejío, mostrar la otra cara de Andalucía. La cara dolorosa de esa tierra que desde años ofrece elementos para cabarets, para películas hollywoodenses, y para zarzuelas españolas. A Salvador Tavora lo martiriza una pasión; descubrir a los extranjeros y a los propios, a los turistas y a los compatriotas, que la auténtica Andalucía no es la de exportación, sino la de una vida dura, de trabajo y de hambre y de falta de libertad.

Quizá para contradecir unas exageraciones cae en otras. Pero el drama siempre necesita el tono exagerado para emocionar. Y ese tono dramático lo logra usando precisamente el cante hondo y el popular zapateado, pero dándole otra letra, otro tono, otro ánimo: "Tanto me han hecho pasar/ que hasta el pan me sabe a agua/ y el agua me sabe a pan/ pero un día llegará/ en que el pan me sepa a gloria/ y el agua a mi libertad". ¿Qué es este espectáculo que despierta en nosotros las más contradictorias emociones; que sólo dura una hora; que nos hace llorar sin que supiéramos por qué; que nos hace entrar en trance sin razones objetivas? Un espectáculo con 2 o 3 frases de texto hablado, o tal vez ni esto; sin argumento, sin acción, sin parlamentos, sin nada; con una sola guitarra, pero con una música de fondo, de una, violencia combativa, que resulta como una sonorización de combate y de muerte; con 8 intérpretes, que son bailarines, cantantes, acróbatas, y también obreros que realizan una cansadora labor manual con una retroescavadora, que en el programa de mano considera como a un protagonista, como al noveno personaje de negro y embozado en una máscara del mismo color para poder confundirse con las sombras.

Un espectáculo de imágenes y de sonido; un espectáculo que podríamos llamar audiovisual, pero cuyo éxito y sugestión no podemos explicar. Toda explicación válida se escapa. Su núcleo parece ser el trabajo, durante un día, durante una hora o un minuto, manejando máquinas e instrumentos de labor. Podríamos tal vez llamar a esa Andalucía Amarga, Sinfonía de trabajo que a veces adquiere voz de himno, y otras veces tonalidades de marcha fúnebre. Una sinfonía de trabajo cuyos obreros, cuando trabajan cantan y su cante hondo y su popular zapateado, es como si un Cristo crucificado lo estuvieran ejecutando, ese zapateado, violento y rebelde.

Un Cristo quien en lugar de llevar clavos en los pies los llevara en las 2 manos unidas por encima de la cabeza mientras sus pies zapatean: "de" "na" me sirve que el puño/ me lo dejen levantar/ si mientras grito los pies/ a mí me quieren clavar.

Es increíble que con tan exigüos elementos se logre tan perfecta representación. Quizá porque detrás de cada gesto, de cada movimiento, de cada sonido, hay algo más que arte. Hay detrás de cada elemento un hombre y un corazón, que logran llegar a las honduras de dolores, de las vivencias humanas: "Vengo de una tierra/ de una tierra vengo/ donde se quema/ en los cirios del Cristo/ el dolor del pueblo".

Pero si uno se empeña en comprender cada una de las escenas de esa Andalucía amarga, la sugestión se escaparía irremediablemente. A esa Andalucía Amarga, se adapta como a ninguno otro la expresión de los simbolistas: "No hay que comprender, hay que sentir".