FICHA TÉCNICA



Título obra La pérgola de las flores

Autoría Isidora Aguirre

Dirección Eugenio Guzmán

Elenco Maruja Cifuentes, Elena Moreno, Yoya Martínez, Gaby Fernández, Violeta Vidaurre, Eduardo Naveda, Archibaldo Larenas, Mario Montilles, Ramón Nuñez

Escenografía Bernardo Trumper

Iluminación Bernardo Trumper

Coreografía Juana von Laban

Música Francisco Flores del Campo / música y letra

Notas de Música Diego García Paredes / dirección musical; Vicente Bianchi / instrumentación y arreglos musicales

Vestuario Bernardo Trumper

Grupos y compañías Teatro de Chile. Compañía Profesional de la Universidad Católica de Chile

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes y Teatro de los Insurgentes

Notas de productores Diego García de Pardes / organización

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La pérgola de las flores”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 29 noviembre 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La pérgola de las flores

Mara Reyes

La pérgola de las flores. Teatro Palacio de las Bellas Artes (Teatro de los Insurgentes). Autores texto, Isidora Aguirre. Música y letra de las canciones, Francisco Flores del Campo. Dirección, Eugenio Guzmán. Escenografía, vestuario e iluminación, Bernardo Trumper. Coreografía, Juana von Laban. Instrumentación y arreglos musicales, Vicente Bianchi. Organización y dirección musical, Diego García de Paredes.

Ha llegado a nuestra capital en misión cultural el Teatro de Chile –Compañía Profesional de la Universidad Católica de Chile– que viene representando La pérgola delas flores, una comedia musical de gran aliento nacionalista. La autora, Isidora Aguirre, se basó en un suceso real ocurrido en Santiago en 1929, por lo que el ambiente de la comedia revive una época de suyo pintoresca: la del charlestón, las niñas flappers y los vestidos ancestros de los chemise. Desde luego la autora no trata de hacer historia, como ella misma lo confiesa: “Me tomé algunas licencias para hacer de la comedia más que una obra histórica, una crónica viva, una serie de estampas de esta ciudad, dándoles el brillo y el encanto de las cosas no como fueron, sino como nosotros las recordamos”.

Es importante destacar el hecho de que en Chile luchar por un teatro de raigambre nacional significa una renovación, si no en la forma estética sí en la temática. Todos los países que han padecido cualquier clase de dominio –económico, cultural, político– han debido pasaren alguna época de su historia por esta lucha en favor de un arte nacional. Y Chile está viviendo precisamente ese momento crucial necesario y básico que poco a poco va dando origen a un arte de proyección universal. La pérgola de las flores es una comedia chilena por los cuatro costados. Lo es por la anécdota, lo es por las costumbres que en ella se pintan, por el lenguaje que abunda en giros locales –y que lamentablemente hacen incomprensible en muchas ocasiones el diálogo– y lo es por la música, que es un semillero de melodías que se fijan fácilmente en la memoria.

Parte muy importante juega la música de Francisco Flores del Campo, tanto que puede decirse que es una comedia más cercana a la zarzuela que al teatro. De ahí se desprende que el director de escena, Eugenio Guzmán, si bien tuvo la chispa necesaria para dar movimiento ágil y fresco a la acción, no tuvo el cuidado al escoger su elenco, de dotar al espectáculo de algunas buenas voces. Todos los participantes en la representación son más bien actores que cantantes, lo que estaría justificado si lo más significativo en la comedia fuera el texto y no la música; pero siendo lo contrario, había más necesidad de buenos cantantes que de buenos actores. Cuando menos podría haber escogido el director un elenco que equilibrara las deficiencias de los actores en el canto y las de los cantantes en la actuación –ya que es difícil encontrar cantantes que sean espléndidos actores y actores que sean espléndidos cantantes. El hecho es que en los momentos en que cantan todos a coro, el resultado es positivo, pero en aquellos otros en que se necesita que cante alguno de los actores en forma individual, éstos no resisten la prueba y el resultado es deficiente.

Uno de los aciertos mayores de la comedia es el vestuario de Bernardo Trumper, vistoso y lleno de colorido. Y uno de los desaciertos es la coreografía que en general es muy pobre. Hay en la comedia –como en toda comedia de costumbres desde Aristófanes hasta nuestro Emilio Carballido– esa crítica a los defectos de determinados personajes típicos de la sociedad y de las clases privilegiadas; la crítica está expuesta con un humorismo un tanto pícaro que sazona la acción de principio a fin. Otro de sus elementos es lo sentimental, que no podía faltar en una comedia de este género.

Sobresalen las actrices que desempeñan los papeles delas floristas: Maruja Cifuentes, Elena Moreno y Yoya Martínez; la joven campesina que se deja envolver en la maraña citadina: Gaby Fernández; la dama de sociedad que por donde pasa revuelve todo como un torbellino: Violeta Vidaurre; el peluquero (que recuerda en mucho a nuestro Guillermo Zetina); Eduardo Naveda; el urbanista que es más que nada un personaje de farsa: Archibaldo Larenas, y otros que sería largo enumerar y que a pesar del lenguaje de tan difícil comprensión para el espectador de nuestro país comunican aquello que desean comunicar. A Mario Montilles por ejemplo no se le entiende nada de lo que habla, pero su mímica es elocuente. Ramón Núñez, en cambio, no pasa de ser un mal aprendiz de actor.