FICHA TÉCNICA



Título obra Quiero... pero no puedo

Autoría Alfonso Paso

Notas de autoría Jorge Ortiz de Pinedo / adaptación

Dirección Jorge Ortiz de Pinedo

Elenco Jorge Ortiz de Pinedo, Óscar Servín, Gloria Marín, Connie de la Mora, Sergio Ramos

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Quiero... pero no puedo” en El Día, 6 abril 1981, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Quiero... pero no puedo

Malkah Rabell

Hace mucho que ya no me reía tanto como en esta comedia de Alfonso Paso, a quien la mayoría de los intelectuales y gente "inteligente" fingen despreciar. ¿Y en realidad, a quién se debe esta permanente comicidad escénica de una obra de tan estúpido título, seguramente ajenos al original e impuesto por alguno de los adaptadores? Pues, aunque el adaptador y el director sea Jorge Ortiz de Pinedo, creo que este espléndido e intuitivo actor de comedia, hizo con su actuación casi tanto por nuestra alegría como Alfonso Paso, el más hábil de los comediógrafos españoles. El comediógrafo que sirve de paño de lágrimas a todas las compañías comerciales desesperadas.

Por lo general, adaptar una comedia cualquiera a un nuevo ambiente, a una nueva época y a un nuevo país, siempre resulta en detrimento del espectáculo. En especial las comedias de Alfonso Paso, tan específicamente dirigidas al público español de la clase media, que en la época franquista terminó por vivir en la Edad Media y tener la psicología medieval. Para la cual Alfonso Paso, quiéranlo o no los muy "inteligentes", fue un maestro moralista muy audaz, quien introdujo una apertura hacia el sexo y hacia otros muchos problemas, en un tiempo cuando cualquier libertad de pensamiento estaba prohibida. En un artículo de hace una década, Nancy Cárdenas dijo que Alfonso Paso resultaba más valiente y audaz en El armario que Arthur Miller en El precio. En el primer momento tal opinión me pareció chocante y se me hizo una locura. Pero pensándolo bien, terminé por sentirme de acuerdo con la directora mexicana. Hace unos 10 años se necesitaba más valor para hablar de sexo y de su liberación a los españoles, que para hablar de odio entre hermanos a los estadounidenses.

Pues, adaptar El armario a México fue un absurdo. Porque ningún político mexicano se espantará ante la posibilidad de que se le conozca una aventura extra-conyugal, como lo hace un político ambicioso español. En tanto, adaptar Quiero... pero no puedo, o como se llame, es casi posible. Una comedia sobre la falta de departamentos, de alojamientos, y la carestía de la vivienda, hoy ya se hace algo tan normal en nuestro país como en cualquier parte de Europa. Lo que en cambio es mucho más habitual en México que en España –creo yo es buscar alojamiento en casa del hermano, del padre, de la madre, del tío o de cualquier compadre que tenga techo. Y si los protagonistas de Alfonso Paso se quejan de vivir 8, a punto de ser 10, luego volverse 12, en una vivienda de 2 dormitorios, en México no es fenómeno alguno y a nadie espanta. Si una hermana se casa y tiene su departamento, ya vendrá su otra hermana que se peleó con su marido a vivir con ella acompañada de sus 8 hijos.

Y es así como una comedia de Alfonso Paso, una de sus más simples y menos pretenciosas comedietas, se transformó en comedia mexicana con bastante lógica. Y si esta vez me he reído como nunca de otro espectáculo debido al mismo autor, fue sobre todo por el excelente grupo de actores que lo llevó a cabo. En primer término, Jorge Ortiz de Pinedo, que junto con Óscar Servín, cuando actuaban en la Compañía Nacional de Teatro, en la obra de Juan Ruiz de Alarcón, La verdad sospechosa, en las 2 figuras centrales, la del galán "mentiroso" el primero, y la del gracioso el segundo, estuvieron ambos a punto de llegar no sólo a ser excelentes actores, sino grandes intérpretes. Y no sé por qué increíble ligereza y falta de sentido común, ambos abandonaron la Compañía Nacional que les iba a brindar un brillante porvenir. En el presente espectáculo, Ortiz de Pinedo, como el "idiota de la familia" manejó a su personaje con una increíble gracia, que nos hacía reír desde su primera aparición hasta la última escena antes de la caída del telón. Y esta vez su comicidad no era verbal sino corporal. En cambio Óscar Servín, como el "haragán de la familia", parecía enojado con su personaje, y caía en la monotonía. Gloria Marín, creó a una madre encantadora de ese hijo que no era tan tonto como parecía en un principio. Connie de la Mora, como su joven esposa, no mucho más inteligente que su marido, y Sergio Ramos como el padre, completaba el reparto en los papeles más importantes. Como director, Ortiz de Pinedo dejaba bastante que desear. Pero, para ese conjunto de actores muy duchos en su oficio y en esa clase de representaciones, no hacía mucha falta la dirección.

Todos parecían divertirse, ellos en el escenario, y nosotros en la sala. Y en un tiempo como el nuestro, cuando la vida es amarga, y la sobrevivencia difícil, la risa parece el más maravilloso de los bienes.