FICHA TÉCNICA



Título obra Juegos de alcoba

Notas de Título Suite californiana / título original

Autoría Neil Simon

Elenco Marga López, Raúl Ramírez

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Juegos de alcoba” en El Día, 2 febrero 1981, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Juegos de alcoba

Malkah Rabell

Es difícil hablar de un espectáculo que no nos dice nada. Y es precisamente este el caso de Juegos de alcoba, que en lugar de jugarse en una alcoba se juegan en una suite de un hotel californiano. Neil Simon, conocido comediógrafo norteamericano tanto por sus comedias teatrales como por sus guiones cinematográficos, tiene una especial debilidad por situar sus obritas en algún departamento con una cama como mueble principal. Aunque de ninguna manera es pornográfico, ni siquiera erótico. Simplemente la necesidad de un lecho hace parte del argumento, como en su muy popularizada película: Departamento de soltero, donde a un modesto empleado todos sus jefes y compañeros de trabajo piden en préstamo el apartamento para sus aventuras nocturnas, por la dificultad y el peligro que significa para su integridad de "personas decentes" recurrir a un hotel de citas. La comedia que actualmente se presenta en el teatro "Ciudadela": Juegos de alcoba o Suite Californiana no tiene ni el sentido humano, ni el sentido de humor, bastante melancólico, de aquel Departamento de soltero. Y menos el sentido social de su comedia: El prisionero de la Segunda Avenida, donde interviene el problema de la desocupación en los Estados Unidos en la última década, y la obligación de permanecer encerrado en una vivienda (otra vez un apartamento) de la Segunda Avenida.

Suite californiana parece hacer parte de un conjunto de obras realizadas de una manera parecida: varios actos en la misma suite de un hotel donde la misma actriz y el mismo actor tienen la oportunidad de lucirse en distintas creaciones. Modalidad que no pocos autores han aprovechado para determinadas estrellas. Hace unos años vimos en México, igualmente de Neil Simon, una comedia muy parecida: Suite Plaza Hotel con Silvia Pinal en distintas caracterizaciones. En la presente Suite Californiana la figura estelar está a cargo de Marga López acompañada por Raúl Ramírez. Ambos cambian de personajes en cada acto que sucede en la misma suite. Marga López en el primer cuadro se nos presenta como una brillante periodista de insoportable carácter, en tanto Raúl Ramírez, como su ex marido a quien no ha visto desde nueve años, acepta encontrarse con ella para llegar a un acuerdo acerca de la situación de la única hija de ambos. Resulta una especie de sketch cuyo único valor es la agilidad del diálogo, que el autor maneja con la habilidad de un profesional que ya recurre más a la rutina que al talento, y cuya gracia salvan los dos actores con no menor rutina en su oficio.

El segundo cuadro, situado en la misma suite nos enfrenta a un matrimonio judío, de clase media, un espécimen que abunda en el vecino país del Norte, y que dicen, hacen, y provocan risas continuas con un lenguaje y unas situaciones ya archiusadas, cuyo valor cómico ya no aporta nada ni al "arte" del comediógrafo, y aún menos al "arte" de los intérpretes, que no han sabido, o no han querido, aprovechar los sentimientos subyacentes de ternura de ese hombre y de esa mujer que en la superficie parecen ridículos.

Y por fin, el tercer cuadro, probablemente el más importante, que trata de ofrecer un caso psicológico de mayor hondura, tampoco lo logra. Esa actriz inglesa, que llega a Hollywood con la ilusión de obtener un "Óscar", y que al ser defraudada reacciona de manera muy "hollywoodense", con una embriaguez violenta y escandalosa, ofrece rasgos excesivamente habituales en esa clase de personajes. Lo novedoso del caso podría ser el marido, que pese a su largo matrimonio con la star resulta un homosexual. También en este caso, esos dos conocidos actores han realizado a sus dos personajes con mucha habilidad, pero sin jamás llegar a una verdadera emoción que se trasmitiera al espectador.

En cuanto a la dirección... ¿Había acaso dirección?