FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Huélum! o Como pasar matemáticas sin problema.

Autoría Alejandro Licona

Elenco Teresa Valenzuela, Alicia Pacheco, Martha Serret, Lucio Sánchez Bravo

Notas de elenco Teresa Valenzuela, Lucio Sánchez Bravo, Eduardo Méndez Cota, Carlos Ortega, Gabriel Toscano, Antonio Argudín / músicos

Coreografía Guillermina Bravo

Espacios teatrales Teatro Celestino Gorostiza

Eventos Nueva Dramaturgia Mexicana organizado por la UAM

Notas El teatro Celestino Gorostiza era el teatro Comonfort

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Nueva dramaturgia mexicana: Alejandro Licona en El Día, 18 marzo 1981, p. 30




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Nueva dramaturgia mexicana: Alejandro Licona

Malkah Rabell

La Universidad Autónoma Metropolitana sigue con su temporada de Nueva dramaturgia mexicana, pero ha cambiado de teatro. En lugar de estrenar sus obras de autores nacionales en el Ricardo Flores Magón, local con muchos desperfectos, lo hizo en el teatro Celestino Gorostiza, antiguo Comonfort, que tampoco es una maravilla. La obra estrenada pertenece al joven autor Alejandro Licona: ¡Huélum! o Como pasar matemáticas sin problema. ¡Huélum! es un grito de victoria del Politécnico. En cuanto al segundo título de una obra de Max Frisch: Don Juan o El amor a la geometría. Pero la obra de Licona es mucho más apropiada a su título ya que la comedia nos introduce en una escuela particular donde los alumnos en un 90% han sido rechazados en sus exámenes de matemáticas. Y para pasarlos sin problemas, uno de los estudiantes encuentra a un maestro que por $500, (época ya lejana, ya que hoy, por 500 pesos no lo hacen pasar ni un examen de cocina) arregla las boletas, ya de sus propios alumnos, ya de otros discípulos con las mismas dificultades. En realidad nunca me he topado con semejante corrupción ni en mis años de colegiala, ni en los de universitaria. Pero no me extraña si existe. Ya que cuando a un profesor le pagan un sueldo miserable, es natural que busque otros medios de vida. En cambio he visto cómo maestros dejan pasar de año a chicas bonitas y coquetas, aunque éstas no sepan de nada.

A ese joven dramaturgo, Licona, ya le vimos en la temporada dramática del año pasado, en la UNAM, con otra obra: La máquina, y en la Casa del Lago con la comedia: El diablo en el jardín. La primera tiene pretensiones de drama social y no tiene muchos puntos de contacto con Huélum, salvo de que ambas critican la sociedad en que vivimos. También entre las tres se presenta cierta familiaridad en las estructuras. Las tres empiezan muy bien, luego en su desarrollo pierden dinamismo y permanecen estáticas. ¡Huélum! empieza muy bien, con la introducción musical muy divertida, que nos hace esperar una continuación en ascenso. Lamentablemente no es así. Su núcleo es repetitivo, reiterando los mismos elementos hasta caer en la monotonía. Por fortuna el final resulta sorpresivo y los tres colegiales –quienes para conseguir los 500 pesos recurren a un asalto de su propia casa y de sus propios familiares: una vieja tía que el dinero robado por su sobrino lo tenía reunido para regalárselo precisamente al sobrino el día de su cumpleaños–, llegan a la edad adulta como gente sumamente graves y sobre todo importantes para la sociedad. Lo que da lugar no a una constancia seria sino a lo caricaturesco. Todo eso nos lo cuenta la misma animadora cantante del principio, que vuelve al escenario en una escena bailada y cantada tan divertida como la del inicio del espectáculo.

¡Huélum! o Como pasar las matemáticas... ha sido escrita antes de La máquina y antes de El diablo en el jardín, es la primera obra de Licona y posee una frescura de autor novel, que ya no tienen sus otras obras. Alejandro Licona fue (y tal vez lo sea todavía) alumno de Emilio Carballido. Lo que me recuerda cuando hace unos 30 años, he asistido al primer estreno del entonces muy joven comediógrafo, y su obra: Rosalba y los llaveros me entusiasmó al punto de considerar resueltos todos los problemas del teatro mexicano. ¿Por qué no puedo entusiasmarme de igual manera con el discípulo? En el presente espectáculo el maestro es también el director de escena. Y no sé qué decir de ese montaje, salvo que se me hacía muy caótico. Tal vez para la noche del estreno, la representación aún adolecía de inmadurez. Pero había unos hallazgos divertidos como el del perro de la tía, que a los improvisados asaltantes parece un hipopótamo. Las mejores escenas eran las coreográficas debidas a Guillermina Bravo, que es capaz de hacerle oír a un sordo y devolverle la vista a un ciego.

En cuanto a los jóvenes actores, la mayoría alumnos de la UNAM, los únicos que daban la sensación de profesionalismo fueron: Teresa Valenzuela en el papel de la Animadora; Alicia Pacheco como Smirnoff, la muchacha karateca; y Martha Serret en sus diversas caracterizaciones. El breve grupo de músicos, formados por Teresa Valenzuela, Lucio Sánchez Bravo, Eduardo Méndez Cota, Carlos Ortega, Gabriel Toscano y Antonio Argudín, lograban una animada música de fondo. Donde más se notaba la falta de disciplina era en el manejo de la escenografía, por cierto muy fea.

No es posible pasarse dos años viendo todas las representaciones de la Nueva Dramaturgia Mexicana como yo la he visto en la UNAM, y mostrarse constantemente tolerante con todo y con todos. En esos dos años, no he podido constatar mejoría o grandes cambios ni en la actuación ni en la creatividad dramática. Ya es tiempo de que esos jóvenes actores y jóvenes dramaturgos ofrezcan una obra y un espectáculo de verdad –pero de verdad– excepcionales.