FICHA TÉCNICA



Título obra Son

Autoría Sergio Fernández

Dirección Juan Ibáñez

Notas de grupos y compañías Orquesta de Dámaso Pérez Prado

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Son, ¿espectáculo experimental” en El Día, 4 marzo 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Son, ¿espectáculo experimental?

Malkah Rabell

Nunca he visto tanto público en el teatro Galeón, que por lo general cautiva poco a las multitudes con sus espectáculos experimentales. En esta sala que carece de butacas y sólo usa bancas sin respaldo, había espectadores hasta el último asiento, hasta el último rincón, sentados en el suelo y parados en los pasillos. ¿Qué atraía tanto en esa sala bastante oculta en la Unidad del Bosque, de donde resulta difícil salir de noche para quién carece de coche? Teatro que no sólo es incómodo sino peligroso, por su construcción de madera y hasta de cartón, y por su falta de salidas de emergencia en caso de incendio. Y para colmo, el espectáculo constantemente jugaba con fuego, desde el principio cuando sus participantes –no sé si llamarlos bailarines, cantantes, músicos o actores– se paseaban por el escenario semicircular, llevando fuego en la punta de los dedos, hasta ya a mitad de la representación cuando unos acróbatas más cercanos al circo que al teatro, realizaban unos números acrobáticos igualmente con fuego. Quizá fueron éstos los números más aplaudidos, como si el público estuviera ávido de sensaciones peligrosas, deseoso de sentirse expuesto a constantes riesgos. Y ni siquiera la presencia de numerosos niños calmaba esa tendencia.

Bajo el título de Son se presenta en el Galeón un espectáculo dirigido por Juan Ibáñez, cuya principal atracción, según parece, es la orquesta de Dámaso Pérez Prado. Lamentablemente, no entiendo en qué consiste la maravilla de esta orquesta, ni de cualquier otra a su imagen y semejanza. Lo único que pude constatar es que tanto instrumento de viento, como instrumento metálico, me provocó un tremendo dolor de cabeza. Y si me quedé hasta el final fue por el sentido de responsabilidad profesional... Y me pregunto: ¿cómo es posible luchar contra el nefasto ruido de la ciudad, si el máximo ruido lo hace la divina música?

Humildemente admito mi ignorancia acerca de la música que tocaban los doce músicos que formaban la orquesta de Dámaso Pérez Prado. En cambio, reconozco (a veces con mucho esfuerzo) cierta música ya ejecutada, ya cantada, ya bailada, que hace unas décadas o unos lustros, hacía la alegría de nuestros padres. Me daba la impresión que el director Juan Ibáñez trataba de presentar unas imágenes burlescas de espectáculo musicales populares de antaño. Pero si el público recibía esa música con mucho entusiasmo, no era por burla, sino por añoranza, por "nostalgia". El número musical que mayores aplausos mereció fue precisamente: Pervertida, que un actor con mucha semejanza con Agustín Lara ejecutaba en el piano.

El programa de mano no menciona nombre alguno de los números musicales ni tampoco de qué género musical se trata. En cambio, Sergio Fernández, que se anuncia como el autor de los textos –¿cuáles?– firma una introducción que dice: "Aquí se narra la historia de un ser que le da caza a otro en la imaginación; es decir, se trata de un ideal. La mujer es la flecha en el espacio de aquel que intenta apoderarse de ella. Pero ya existe la fuga y tal el precio del amor. Dámaso Pérez Prado, temblando, emancipa, para justificar la pérdida, el hueco de esa soledad". Es cierto que semejante detalle existe en el espectáculo. Es cierto que dos hombres vestidos de charros andan a la búsqueda de una mujer que pasea entre otras mujeres ya en la calle San Juan de Letrán, ya en la Merced. Es quizá el muy sutil, muy insignificante hilo narrativo que une la representación. Pero en realidad, a nadie le importa. El público queda pendiente de las canciones, de los bailes, de la música de Pérez Prado. Algunos de esos números son realmente bien logrados, hasta bellos, como la danza de la Merced, o la danza del caballo blanco. Pero ninguno es experimental. El teatro Galeón, que pertenece al Centro de Experimentación Teatral del INBA, en esta representación musical debida a uno de los directores experimentales más conocido de la nueva generación, Juan Ibáñez, estaba invadido por un público al cual lo que menos importaba era la "experimentación".