FICHA TÉCNICA



Título obra Honestidad desenfrenada

Escenografía Kleomenes Stamatiades

Coreografía Maritza Aldaba

Grupos y compañías Teatro Musical de México

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Honestidad desenfrenada: Espectáculo para buenas familias” en El Día, 2 marzo 1981, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Honestidad desenfrenada: espectáculo para buenas familias

Malkah Rabell

He aquí un espectáculo moralizante de una increíble ingenuidad. Un grupo de jóvenes que se presenta como Teatro Musical de México en el Poliyforum Siqueiros, cree, seguramente de buena fe, que se puede luchar por la "verdad". ¿Qué verdad? ¿La verdad de quiénes? ¿En qué situación en qué sistema? ¿Y para defender qué intereses? No lo dicen y probablemente no lo saben. No pretendo asegurar que hay sistemas políticos más sinceros que otros. Todos los sistemas: ya sean políticos, sociales, religiosos y hasta artísticos, tratan de imponer cuantas mentiras existan para defender sus verdades. Pero para todo ser humano, y sobre todo para toda clase social, la "verdad" es algo muy distinta, según sus necesidades más vitales. Los hombres que tienen hambre, a quienes falta trabajo, que no poseen medios económicos para proteger su salud y que han de luchar dentro de una sociedad hostil, esta "búsqueda de sí mismos", de la que habla con tanta "desenfrenada honestidad" Antonio del Río y sus amigos, deja indiferentes.

Hace una década en la mayoría de los festivales organizados por el Departamento de Teatro del Bellas Artes, se encontraban dramaturgos jóvenes que declaraban a gritos su odio por su papá, por su mamá y por sus maestros. Luchaban contra los "viejos" para encontrarse a "sí mismos". Desde entonces la moda, la "onda" pareció cambiar, y los jóvenes dramaturgos asumieron actitudes más graves y sobre todo más politizados. Pero el grupito del Teatro Musical de México declara que "pertenece a una generación que cree que sí podemos hacer un teatro musical, profesional y referida a nuestra realidad". ¿Cuál realidad? La que se rebela contra sus papás, sus mamás y sus maestros? ¿Y todo esto para qué? "Para –según dice el programa de mano– revalidar la importancia de la honestidad como principio y condición necesaria de cualquier valor humano". Lo que sería maravilloso si podría servir a su país, a su pueblo y a sus hermanos marginados para mejorar sus vidas y sus condiciones. Pero sólo ha de servir para imponer las "experiencias liberadoras" de unos "niños bien", que a nadie importan salvo a su propia clase social de buenas familias. Y lástima que no tengo el texto a mano para ofrecer ejemplos... Por otra parte, si realmente existiera ese gracioso aparatito, el "HD" para descubrir la verdad, la mitad de la humanidad irá a la cárcel, y la otra mitad se suicidaría.

Mas, estamos ante un teatro, y como espectáculo artístico, Honestidad desenfrenada tiene sus grandes virtudes. Es divertido, disciplinado, con mucho sentido del humor. Su música es alegre, melodiosa, fácil de captar, y con esos maravillosos aparatos modernos de grabación y bocinas, hasta las voces más minúsculas adquieren una potencia que antaño ni los cantantes de ópera lograban demostrar. La escenografía y el vestuario, a pesar de pertenecer a Kleomenes Stamatiades, que goza de buena fama en su especialidad, casi no existieron. Sobre todo la escenografía en un escenario circular necesita características muy especiales. En cuanto al vestuario, todos esos pedazos de telas multicolores con las cuales Stamatiades trataba de dar mayor movimiento a los actores, eran francamente feas. Tampoco la coreografía de Maritza Aldaba era muy complicada, pero tenía la gran virtud de permitir a todos los componentes del grupo de dar la impresión de conocimientos coreográficos. En general, el grupo, de 12 personas, formaban un conjunto muy homogéneo: cantaban, bailaban y tenían dicción muy clara todos, y sin duda podrán atraer a un público numeroso al cual más importan los números musicales y la diversión que la filosofía del dramaturgo. Quizá a nadie nos importaría su filosofía, si no fuera que él mismo pretende con mucho énfasis presentarse como filósofo y moralista. Lo que con un poco de buena voluntad podemos omitir por la honestidad y la sinceridad de sus intenciones.