FICHA TÉCNICA



Título obra El circo del señor Orrín

Autoría Clementina Otero de Barrios y Alejandro Aura

Dirección Clementina Otero de Barrios

Música Jorge Alberto Bueno

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Espectáculo escolar: El circo del señor Orrín” en El Día, 25 febrero 1981, p. 28




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Espectáculo escolar:El circo del teatro Orrín

Malkah Rabell

¿Quién dijo que los niños son unas lindas criaturitas? Fue seguramente alguien que nunca asistió a un espectáculo con 500 niños en la sala. ¡No! No había trinos de pájaros enjaulados. ¡Eran rugidos de leones! ¡De leoncitos! ¡Pero el señor Orrin no se asustó por ellos! Como director de circo estaba acostumbrado a los leones y a los niños. Pero ese día que asistí al espectáculo, como a las 9:30 de un lunes en la mañana, en el teatro Jiménez Rueda, le sucuedió a los leones del señor Orrín una cosa curiosa. ¡Desaparecieron! ¡También en ese circo se soltaron los leones! Y con ellos todos los demás animales amaestrados propiedad del mismo circo. Pero antes aún de que el director se diera cuenta de la fuga de sus amadas bestias, él y sus actores, sus payasos y jinetes, decidieron llevar a cabo un experimento con sus infantiles espectadores. Y empezaron a llamarlos al escenario. Primero, a los cuyos nombres empezaban por a; luego aquellos cuyos nombres se iniciaban por b; y finalmente aquellos de la c que sabían hacer maromas. Pero cuando llegaron a esa tercera categoría, los niños ya habían olvidado cómo se llamaban y se lanzaron como un auténtico alud sobre el escenario, y nadie podía detenerlas. Ya había más niños en la escena que en la sala. Los organizadores del espectáculo no tomaron en consideración que en el niño ya palpita el instinto del futuro exhibicionista, y todos quieren subir al escenario del teatro o de la vida en cuanta se les presenta la menor oportunidad. Los infantes no estuvieron mucho rato ante el telón abierto. Apenas les dieron la posibilidad de gozar de la dulce miel "gloria artística", Los que quedaron en sus asientos, probablemente los más tímidos, tuvieron la ocasión de darse cuenta cuán útil es en la vida ignorar el ridículo y demostrar audacia.

El segundo acto, los cirqueros lo dedicaron a la búsqueda de sus compañeros cuadrúpedos que, según parece se fueron por espíritu de rebeldía, decididos a declararse en huelga. Por fortuna para el señor Orrín y su empresa, este espíritu rebelde no duró mucho tiempo. Y todos los participantes del circo volvieron a ponerse de acuerdo, después de declararse enemigos de la vida urbana donde el aire y los espíritus están contaminados, decididos todos a trasladarse a la selva, para representar sus espectáculos en plena naturaleza.

Representación debida al Instituto Nacional de Bellas Artes y a la Secretaría de Educación Pública, su texto pertenece a la maestra Clementina Otero de Barrios y al joven poeta y actor Alejandro Aura. Asimismo la primera es responsable de la puesta en escena. Y francamente, tratándose de dos personalidades tan conocidas como Clementina Otero y Alejandro Aura, nos esperábamos a mucho más. Porque los niños serán ingenuos pero no tontos. Y no hay porque ofrecerles espectáculos para atrasados mentales. Desde luego, a los niños les gusta que les hagan partícipes del espectáculo. Pero hasta en este sentido debe haber una medida y una razón especial, más de acuerdo con la lógica y sobre todo con la didáctica. Y aunque me digan que se hace teatro para niños de los primeros años de la primaria sólo con la pretensión de divertidos, no creo que esta diversión debe ser estúpida. Creo que si estos niños se hubiesen quedado en el patio de su escuela, libres de la disciplina escolar durante una o dos horas, se hubiesen divertido tanto o más que viendo el Circo del señor Orrín. Por fortuna, la música de Jorge Alberto Bueno y la letra de las canciones eran bonitas.