FICHA TÉCNICA



Título obra El rey Lear

Autoría William Shakespeare

Dirección Salvador Garcini

Elenco Ignacio López Tarso, Fernando Balzaretti, Tina French, Humberto Zurita

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El asombroso rey Lear dirigido por Garcini” en El Día, 28 enero 1981, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El asombroso Rey Lear dirigido por Garcini

Malkah Rabell

He aquí que, probablemente el más joven de nuestros directores de escena. Salvador Garcini, se enfrenta al más grande de los dramaturgos universales, Shakespeare, en una puesta en escena del más asombroso de sus dramas: El Rey Lear. Del más cruel también, ante el cual la pretensión de Antonin Artaud de crear un "teatro de la crueldad" se antoja un infantilismo. Hablar de El Rey Lear tal vez sea inútil, porque todo el mundo interesado en el teatro conoce esa tragedia que para los "románticos" fue uno de los ejemplos más sugestivos para sus propios dramas, esos que los estudiosos hoy llaman melodramas. Mas, ¿cómo hablar de una puesta en escena de semejante obra sin preocuparse de ese personaje, sin interpretar a ese anciano que desafía a los más afamados protagonistas tanto del teatro isabelino como de las tragedias clásicas? Muchos especialistas han considerado a Lear como a un Edipo antiguo, transportado al mundo bárbaro de la Inglaterra shakespeariana. Lear, aunque rey de Bretaña, no deja de ser inglés, de esa Inglaterra cruel y bárbara donde las familias reales se entremataban en la cima de la escalera del Poder, arrastrando en sus caídas a su pueblo ensangrentado. Pero, a la inversa de Edipo, víctima de la fatalidad y del destino, Lear ha buscado sus propias desgracias. es responsable y culpable de su suerte. Y casi se hace exagerada tanta estúpida vanidad que pone en subasta su reino ante las alabanzas de sus tres hijas. Empero, tal vez precisamente para hacernos comprensivos los rasgos de carácter de su héroe, el poeta lo empuja hacia la locura, como si quisiera explicarnos que en los momentos cuando moldeaba con sus propias manos la trampa en la cual iba él mismo a caer, ya no era dueño de su entendimiento, ya anidaba en su mente la locura. Su comportamiento ya prefiguraba su futura demencia.

Lo más importante de esa representación que en su sala Juan Ruiz de Alarcón ofrece la UNAM, es indudablemente la obra. Pero, quizá lo más interesante para el público familiarizado con el poeta isabelino resulta su puesta en escena, la manera como el joven director enfoca esta obra y cómo la adapta a ese inmenso escenario dotado de todas las posibilidades técnicas. Garcini sin duda posee mucho temperamento dramático, y aunque no aporta nada novedoso, en su montaje lanza la tragedia shakespeariana con tanto ímpetu, con tanta violencia temperamental que hasta a veces se antoja caótica. Pero en realidad este caos no se halla en la dirección, sino en la naturaleza misma de la obra. Los contrastes y las catástrofes marchan en esa tragedia con la velocidad del huracán. No hay claridad alguna que atraviese ese drama, que a veces hasta hace pensar en un Gran Guiñol, o en las obras romanas llenas de sangre y de monstruosidades que en la época de Shakespeare todavía tenían mucha influencia en el teatro isabelino. En ese Rey Lear se camina bajo una lluvia de sangre y de calamidades. Inútilmente se busca un momento de respiro, de descanso, o de esa comicidad que a menudo Shakespeare introducía en sus dramas, y que han heredado los románticos. Aquí nada hay para el respiro. Nada hay para calmar los nervios. Y todo esa sangrienta atmósfera de terror, lo supo llevar al escenario Salvador Garcini sin miedo de caer en exageraciones, sin buscar refinamientos, sino al contrario. Conservó una atmósfera isabelina. Con muy pocos elementos escenográficos, con muy pocos comparsas. logró dar la sensación de "masas", de escenas colectivas donde una comunidad toma parte.

El tercer elemento que atraía al público en esa puesta en escena, fue el actor protagónico: Ignacio López Tarso, quien desde algún tiempo se halla ausente de los escenarios capitalinos. Quizá no creó una figura muy distinta de las demás interpretaciones suyas que le conocemos. Pero el Rey Lear es uno de esos personajes inolvidables que hasta puede imponer a un actor de mucha menos valía que López Tarso. Sobre todo permanecen vivas su escena de locura y la del bosque bajo la tormenta, cuando sin escenografía ni elementos realistas para ayudar a la ilusión, con el solo arte del actor crea la trágica situación.

Lo rodeaba un grupo de jóvenes actores, entre quienes destacaban Fernando Balzaretti en el papel del anciano conde de Gloster, aunque difícilmente ocultaba su juventud. Tina French como la furia Regania, hija de Lear, que junto con su marido arrancan los ojos a Gloster culpable de haber recibido y asistido en su casa a su antiguo soberano, el rey Lear: Regania, para quien su "adorado" padre ya tuvo "chocheces de viejo" cuando le entregaba parte de su reino: Y Humberto Zurita en el papel de Eduardo, el enloquecido hijo de Gloster. En los demás personajes resultaba difícil juzgar a cada uno por sus valores. ya que esos 19 actores se multiplicaban en el escenario, y se nos escapaban individualmente entre tanta tragedia, tanta sangre y tantas calamidades.