FICHA TÉCNICA



Título obra Doce y una, trece

Autoría Juan García Ponce

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Beatriz Sheridan, Claudio Obregón, Luis Lomelí, Tamara Garina, Teresa Selma, Jacobo Chencimsky

Escenografía Roger von Gunten

Vestuario Roger von Gunten

Espacios teatrales Casa del Lago

Notas Jacobo Chencimsky puede ser Jacobo Chenciansky

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 noviembre 1964, pp. 4 y 8.




Título obra Jacobo o La sumisión

Autoría Eugène Ionesco

Dirección Anya Herrera A.

Elenco Julio Castillo, Wilebaldo López, Beatriz Sámano, José Luis Contreras, Mireya Cordero, Raquel González, Selma Marinni, Luz María Hidalgo, Jesús Escalona L.

Escenografía Sergio Jiménez

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 noviembre 1964, pp. 4 y 8.




Título obra Susana quiere ser decente

Autoría Jorge Llopis Establier

Dirección Jorge Landeta

Elenco Irma Lozano, Jesús Salinas Ortega (Chucho), Manolita Saval, Roberto Guzmán, Héctor Lechuga, David Hayat, Martha Yolanda González, Susana Cabrera

Escenografía David Antón

Notas de escenografía Jorge Landeta y M. A. López / ambientación

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Notas Manolita Saval es Juana María Saval Ballester

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 noviembre 1964, pp. 4 y 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Doce y una, trece, Jacobo o la sumisión, Susana quiere ser decente]

Mara Reyes

Doce y una, trece. Casa del Lago. Autor, Juan García Ponce. Dirección, Juan José Gurrola. Escenografía y vestuario, Roger von Gunten. Reparto: Beatriz Sheridan, Claudio Obregón, Luis Lomelí, Tamara Garina, Teresa Selma y Jacobo Chencimsky.

Doce y una, trece, es la segunda obra teatral de Juan García Ponce (recuérdese que la primera, El canto de los grillos, fue estrenada por el grupo Teatro Club hace unos años). En ella, el autor trata de incorporarse al movimiento dramático vanguardista, de rompimiento con el realismo, de liberación de viejos moldes y puede decirse que técnicamente lo consigue. Su fórmula es simple: toma un conflicto y después de tratarlo cambia la posición de sus piezas, con lo que la situación adquiere un doble fondo, una doble estructura simultánea y paradójica. Uno de sus momentos mejor logrados es aquel en el que Jorge presencia la escena adúltera de Silvia y Eduardo como si su espacio coincidiera con el de ellos, pero no su Tiempo. El trazo del personaje de Silvia, la mujer dominante que teje como una araña su propio universo, es quizá lo mejor de la obra. Da lo mismo que los dos hombres, como títeres en las manos de Silvia, ocupen un puesto u otro; pueden intercambiar los papeles de marido y amante, sin que se conturbe el mundo de Silvia. Ella es el eje de la esfera que gira; ellos, los hemisferios que tan pronto están al oriente, como al occidente, si se les ve desde un punto fijo exterior.

Pero encasillar esta obra dentro del movimiento llamado “teatro del absurdo” sólo porque su armazón es aparentemente dislocada, no me parece legítimo. El teatro del absurdo tiene ya sus leyes; desde el momento en que se le adjudica un nombre es porque se le reconocen características determinadas y la obra de García Ponce, aunque posee algunas de ellas, no las posee todas. En doce y una, trece, se encuentran ciertos recursos técnicos de ese teatro del absurdo, pero su contenido no busca las mismas metas. Una de las características básicas de ese movimiento es la de llegar, por medio del absurdo, a universalizar los problemas del hombre; en tal teatro no hay casos particulares, el personaje no es un hombre, sino el hombre. Juan García Ponce en cambio, finca su planteamiento en otras bases; si bien utiliza el recurso del absurdo, lo hace no para universalizar, más bien para marchar hacia el centro del problema, de ahí que lo descuartice para analizar mejor sus partes. El conflicto que presenta es particular y en ello radica su eficacia; es quizá por eso que al desviarse de esa vía centrípeta –al hacer aparecer dos personajes de carácter universal: el Juez y su secretaria– se produce un choque interno dentro de la obra que la hace perder su camino primordial.

La dirección de Gurrola es dinámica, atrevida como todo lo suyo, no le teme al absurdo, de ahí su éxito. No trata de justificar lo injustificado, no de dar explicación a lo inexplicable. Hace amena la acción, sin ser superficial –a pesar de que en esta ocasión sus actores masculinos tenían cierta tendencia hacia lo superficial. Por fortuna esa tendencia fue contrarrestada por Beatriz Sheridan, una actriz que hace nacer las palabras desde la raíz de la emoción y el gesto desde lo más profundo del inconsciente, pasando por la consciencia después y por el razonamiento. La actuación de ella revela todo el mundo interno de su personaje, al grado de convertir lo cuantitativo en cualitativo. Ella es lo que se llama una actriz de verdad. Excelente la escenografía de Von Gunten.

Jacobo o la sumisión. Sala Villaurrutia. Autor, Eugène Ionesco. Dirección, Anya Herrera A. Escenografía, Sergio Jiménez. Reparto: Julio Castillo, Wilebaldo López, Beatriz Sámano, José Luis Contreras, Mireya Cordero, Raquel González, Selma Marinni, Luz María Hidalgo y Jesús Escalona L.

En la Escuela de Arte teatral del INBA, Anya Herrera ha dirigido está obra de Ionesco como examen final correspondiente a la carrera de Directora de Escena. Múltiples son sus aciertos y hallazgos. Supo vencer las dificultades de un texto sembrado de escollos y manejar con habilidad a los jóvenes actores, todos alumnos de dicha escuela (algunos de los cuales cursan apenas el primer año de actuación).

Una firme promesa se revela en Julio Castillo, quien posee grandes cualidades histriónicas y que bien pronto dará qué hablar, pues está apto para ser aprovechado ya en los teatros profesionales. Sobresalen también Wilebaldo López, Beatriz Sámano, José Luis Contreras y Mireya Cordero. La escenografía, por demás sencilla, de Sergio Jiménez, se ajusta a las mil maravillas al carácter de la obra. Fue sin duda, para Anya Herrera, un brillante examen profesional.

Susana quiere ser decente. Sala 5 de Diciembre. Autor, J. Llopis Establier. Ambientación, Jorge Landeta y M. A. López. Dirección, Jorge Landeta. Escenografía, David Antón. Reparto: Irma Lozano, Chucho Salinas, Manolita Saval, Roberto Guzmán, Héctor Lechuga, David Hayat, Martha Yolanda González y Susana Cabrera.

Profunda decepción producen muchos de los teatros comerciales y éste, de entre ellos, se lleva las palmas. Jorge Landeta ha pasado de la comedia ligera al sketch descarado. El diálogo, totalmente deformado por esa necesidad de trasladar la acción a México, no es sino un continuo juego de palabras, de calambures, de chistes de la más reconcentrada vulgaridad e intrascendencia. La meta del director y de los actores no es otra que la de hacer reír a toda costa a un público poco exigente. Siendo la comedia un género tan noble, se ve empequeñecido con tal cúmulo de despropósitos.

Arthur Miller

Un acontecimiento teatral ha constituido el estreno de [p. 8] la última obra de Arthur Miller: Después de la caída, en la que Augusto Benedico y Emma Teresa Armendariz realizan probablemente los papeles más relevantes de su carrera artística. Estreno del que hablare con mayor detenimiento el próximo domingo.