FICHA TÉCNICA



Título obra El mono velludo

Notas de Título The Hairy Ape (título en el idioma original)

Autoría Eugene O'Neill

Notas de autoría Eduardo García Máynez C. / traducción y adaptación

Dirección Eduardo García Máynez C.

Elenco Luis Themsel Paniagua, Eloísa Gottdiener E., Roberta Avendaño Martínez, José M. Ceballos García, Óscar Andrés Mayorga D.

Escenografía Alejandro Luna Ledesma

Iluminación Héctor Mondragón A.

Grupos y compañías Grupo de Teatro Estudiantil de la Facultad de Ingeniería

Espacios teatrales Teatro de la Universidad

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 11 octubre 1964, pp. 4 y 7.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El mono velludo]

Mara Reyes

El mono velludo. Teatro de la UNAM. Autor, Eugene O'Neill. Traducción, adaptación y dirección, Eduardo García Máynez C. Escenografía, Alejandro Luna Ledesma. Iluminación, Héctor Mondragón A. Reparto: Luis Themsel Paniagua, Eloísa Gottdiener E., Roberta Avendaño Martínez, José M. Ceballos García, Óscar Andrés Mayorga D., etc. (grupo de Teatro Estudiantil de la Universidad).

El joven director Eduardo García Máynez C., ha presentado en el Teatro de la Universidad, una de las obras cumbres Eugene O’Neill, con el grupo teatro estudiantil de la UNAM, formado por alumnos de la Facultad de Ingeniería. Se trata de un conjunto –como dice Héctor Azar– “dedicado a menesteres que los podrían mantener alejados de las labores artísticas y que, conscientes del hecho, tratan de complementar su preparación en los terrenos de la ciencia con la práctica de una actividad tan vasta y sugestiva como el teatro”. Son jóvenes que pisan el escenario por primera vez y que han sabido imprimir a su trabajo un sello de bondad, en el sentido estricto de la palabra, de calidad de bueno.

El mono velludo (The hairy ape), estrenada el 9 de marzo de 1922 en Nueva York y escrita bajo el influjo del expresionismo, es una muestra patente de la capacidad visionaria de su autor; su parentesco con Informe para una Academia, de Kafka (El gorila en la adaptación teatral) no es casual, nacen ambas obras como una resultante lógica de un mismo conflicto: el conflicto del hombre y su realidad social cada vez más embrollada, mecanizada al extremo de destruir la esencia humana. Una realidad en la que no hay lugar para las clases intermedias, en la que el extremismo domina. El mundo se aglutina en dos bandos antagónicos (gran burguesía, y proletariado) y aquel que no es consciente de qué lugar ocupa dentro de ellos termina por caer destruido por la maquinaria social. Este problema cada día se agiganta, es por ello que la obra de O'Neill se hace cada vez más representativa de nuestra moderna civilización.

No era fácil interpretar el papel de Yank. El joven actor Luis Themsel Paniagua supo meterse en el personaje y proyectar su tragedia. Supo captar el simbolismo y vivir ese personaje creado por O'Neill que suma en sí mismo toda la problemática de una civilización y en especial del mundo norteamericano (Yank no es otra cosa que un apócope de Yankee). Un personaje que no halla acomodo [p. 7] en ninguna parte, en ninguna clase social, en ningún grupo humano o animal. Un personaje que según las propias palabras de O'Neill “pierde su vieja armonía con la naturaleza”. Trata de ubicarse y encuentra que no tiene lugar en el mundo. Afronta la dramática realidad de que él como muchas cosas del mundo no está donde debiera, como el acero, con el que se forjan candados, rejas, jaulas para el hombre, en lugar de implementos positivos para él. Se obliga al acero a estar fuera de su sitio, lo mismo que al hombre, a quien la sociedad empuja cada vez más hasta desplazarlo de la esfera humana, sólo que fuera de ella, el hombre tampoco puede encontrar acomodo. El primitivismo no es la salida del hombre, no puede renunciar a la civilización que ha creado.

La concepción de García Máynez de la obra de O'Neill es imaginativa, sugerente; evidencia una clara comprensión de lo que es el teatro expresionista. Sus escenas de conjunto, como las de los fogoneros, están cuajadas de aciertos; señaló a cada actor actitudes lógicas que nunca perdían su línea. El juego que mantuvo entre los actores y sus respectivos quehaceres escénicos tenían una secuencia perfectamente hilvanada, por ejemplo, no dejó nunca al azar el destino de cada una de las botellas que bebían los fogoneros. La escena de la caldera (con los focos rojos que aumentaban su luminosidad en el momento en que los fogoneros arrojaban el carbón) fue un acierto de incalculable mérito. Otro, fue la forma en que resolvió la escena de la cárcel, así como la final –de la jaula del gorila en el zoológico. Su juego de luces, secundado por Héctor Mondragón, puso en relieve su gran capacidad para aprovechar los elementos que tenía a mano, cosa indispensable para todo director de escena; baste como ejemplo, ese reflector lateral que lanzó sobre el muro verdadero del foro del teatro, en la escena de la Quinta Avenida.

La traducción de García Máynez es eficaz, el vocabulario encaja con facilidad en la idiosincrasia de cada personaje. No hay nada estereotipado; todo aflora con naturalidad, inclusive las largas parrafadas que Yank deja escapar como desahogo y que podrían parecer un poco inverosímiles en un hombre de su escasa cultura. Es indudable que estos monólogos de Yank son el problema más difícil para el traductor, así como para el director. Y García Máynez supo resolver el problema desde ambos ángulos de manera irrefutable.

Para el escenógrafo, Alejandro Luna Ledesma vaya un aplauso. Sería imposible hablar de cada uno de los jóvenes que actuaron en los diferentes papeles, dado su número, pero valga de encomio decir que cada uno dio lo mejor de sí mismo, según sus posibilidades y aptitudes.