FICHA TÉCNICA



Título obra Los maridos de mamá

Autoría Abel Santa Cruz

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / adaptación

Dirección Manolo Calvo

Elenco Rita Macedo, Carmen Molina, Julissa, Germán Robles, Rafael del Río, Leopoldo Ortín (Polo), Jorge Fegan, Manuel Zozaya, Consuelo Monteagudo

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Sala Chopin

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 septiembre 1964, p. 2.




Título obra El medio pelo

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Víctor Moya

Elenco Carmen Montejo, Eric del Castillo, Rosario Laiz, Libertad Ongay, Andrés Cisneros ,Roberto Corell, Mario Delmar

Notas de elenco Francisco Fuentes (Madaleno) / voz

Escenografía Antonio González Caballero

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 septiembre 1964, p. 2.




Título obra Una pura y dos con sal

Dirección Miguel Córcega

Elenco Bárbara Gil, Guillermo Romano, Elodia Hernández, Oscar Servín, Nora Veyrán, Norma J. Pons, Emma Fink, Rocío Garcel

Espacios teatrales Teatro Rotonda

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 20 septiembre 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Los maridos de mamá, El medio pelo, Una pura... y dos con sal]

Mara Reyes

Los maridos de mamá. Sala Chopin. Autor, Abel Santa Cruz. Adaptación, Manuel Sánchez Navarro. Dirección, Manolo Calvo. Escenografía, David Antón. Reparto: Rita Macedo, Carmen Molina, Julissa, Germán Robles, Rafael del Río, Polo Ortín, Jorge Fegan, Manuel Zozaya y Consuelo Monteagudo.

Una comedia con ribetes de farsa y clásica moraleja al final del argentino Abel Santa Cruz. De diálogo ágil, ritmo ligero y cuajada de chistes. La adaptación al ambiente mexicano bien realizada por Manuel Sánchez Navarro. Teatro para divertir del que gusta tanto al público.

Es una lástima que la dirección escénica de Manolo Calvo, pierda el equilibrio y haga vulgar lo que podría ser simplemente cómico. Defecto que comparte Germán Robles, quien en su papel del ex marido que desea reconquistar a su ex mujer, hace alarde de un amaneramiento que no rima con el personaje.

También Polo Ortín exagera sus actitudes al grado de desfigurar totalmente el papel que le fue confiado. Muy justas en cambio Rita Macedo, Julissa –promesa que va haciéndose verdad– Carmen Molina y Rafael del Río. Con un personaje que es algo así como el condimento de un guiso, Jorge Fegan se gana la risa de los espectadores, Manuel Zozaya y Consuelo Monteagudo complementan el reparto con discreción. La escenografía muy correcta, es de David Antón.

Un autor mexicano

El medio pelo y Una pura... y dos con sal. El medio pelo: Teatro Jesús Urueta. Dirección Víctor Moya. Escenografía, Antonio González Caballero. Reparto: Carmen Montejo, Eric del Castillo, Rosario Laiz, Libertad Ongay, Andrés Cisneros y Roberto Corell. Voz de Francisco Fuentes “Madaleno”.

Una pura... y dos con sal: Teatro Rotonda. Dirección, Miguel Córcega. Reparto: Bárbara Gil, Guillermo Romano, Elodia Hernández, Oscar Servín, Nora Veyrán, Norma J. Pons, Emma Finky Rocío Garcel.

Después de Señoritas a disgusto, Antonio González Caballero había guardado silencio, todavía recuerdo el entusiasmo de José de Jesús Aceves cuando decía que había encontrado un nuevo valor mexicano. Aceves cortó la obra, la pulió, la montó y obtuvo un éxito merecido. Hoy reaparece González Caballero con dos obras: El medio pelo y Una pura... y dos con sal ¡Abismal diferencia entre una y otra!

Si bien las dos obras son costumbristas, en la primera de ellas este costumbrismo es un marco imprescindible para que los personajes puedan moverse, es como el aire del que no se les puede privar; en cambio, en la segunda, ese costumbrismo es un mero pretexto para la truculencia de la que tanto ha abusado ya la cinematografía mexicana. A Una pura... y dos con sal podría llamársele bis de Los signos del zodiaco, de Magaña; no hay en ella ninguna aportación ni para bien ni para mal. El tema central de la pieza es la calumnia, a la que critica el autor como un hábito criminal que se produce por dos elementos nocivos de la sociedad: el chisme –que a su vez se deriva de una curiosidad malsana– y la ignorancia, que repercute en la irresponsabilidad de los actos. Pero hay tal repetición de recursos, de situaciones, de parlamentos que cuando la obra termina, entre gritos desorbitados, lecciones de moral y arrebatos melodramáticos, se tiene la sensación de que el autor no nos ha dicho nada nuevo, ni como contenido, ni como forma estética.

Cosa muy distinta ocurre en El medio pelo, el autor comprueba por sí mismo lo que la historia del arte ha demostrado: que un asunto viejo siempre puede parecer nuevo según la forma de tratarlo. En ella, los personajes están vivos hasta los huesos, son verosímiles, son corpóreos. Sus reacciones son verdaderas, no los ha vestido el autor con sus palabras, simplemente los ha dejado hablar. Se puede hacer con ellos un estudio de caracteres, sicológicamente hablando, como si se tratara de personas vivas. La última reacción dela protagonista ante su fracaso, le vale al autor el punto definitivo.

El brillante está allí, una muy ligera pulida y la obra será muestra del teatro mexicano más sincero y valioso. Sólo hace falta en mi opinión suprimir al narrador que toma la palabra entre cuadro y cuadro sin motivo ni razón, sólo para abaratar la obra y degradarla. Y si acaso, pequeños cortes para evitar repeticiones inútiles.

Por lo demás el trabajo escénico en ambas obras es excelente. Víctor Moya, director de El medio pelo, aun cuando con otros recursos –enfocados a otra temática– recuerda su trabajo de Los de abajo, de Azuela, o sea de sus mejores tiempos. Y Miguel Córcega, director de Una pura... y dos con sal prueba que sus años de actor le han dado una visión sólida de cómo se hace teatro.

Los actores que sobresalen en la primera de las obras son: Eric del Castillo en ese Guadalupe Marcial, personaje del que ha hecho una creación vigorosa y madura, Carmen Montejo en la orgullosa Paz García, Mario Delmar, en uno de los trabajos mejores de su carrera artística y la joven Rosario Laiz.

En Una pura... y dos con sal, cabe mencionar la total transformación de Bárbara Gil, quien en un meritorio deseo de no estereotiparse como Nadia Haro Oliva y tantas otras actrices que sacrifican el arte por la apariencia, encarna un papel totalmente distinto de aquellos que ha desempeñado en los últimos tiempos. Un aplauso a su actitud de actriz y a su trabajo.