FICHA TÉCNICA



Título obra Soliloquio del tiempo, La última letra, Un día loco

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Xavier Rojas

Elenco Héctor Bonilla, Alma Martínez, Aarón Hernán

Escenografía Jorge Contreras

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 16 agosto 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Trío]

Mara Reyes

Trío, Teatro Orientación. Autora Maruxa Vilalta. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, arquitecto Jorge Contreras. Reparto: Aarón Hernán, Héctor Bonilla y Alma Martínez.

El monólogo, ya de suyo, es un género de difícil tratamiento, el autor se encuentra sin protección, como desnudo ante los elementos; fabrica su tela sin telar que le aligere el trabajo, sin palancas y sin puntos de apoyo. De ahí que sea su cima tan escarpada que pocas veces llegue a ascenderla hasta el final. Maruxa Vilalta al presentar no uno sino tres monólogos en un mismo programa establece, como se diría en el lenguaje deportivo, un récord difícil de igualar.

Soliloquio del tiempo

El primero de sus monólogos, Soliloquio del tiempo, es de una pureza increíble. No hay en él los acostumbrados recursos técnicos de los que echan mano los autores de este género teatral. Lo que mueve al monólogo es una dinámica interior, una fuerza que nace del personaje hasta apoderarse del auditorio. Concreción de una abstracción que se plasma en personaje y que al interrogarse a si misma se convierte en el ser ancestral que se angustia ante su origen, su porvenir y su destino. Exposición de ideas, resumen filosófico sin pretensiones teóricas, sobre el concepto “tiempo” más bien con sencillez de poeta.

La dirección escénica de Xavier Rojas combinada con una inteligente escenografía del arquitecto Jorge Contreras es excelente. El marco para el personaje no pudo ser mejor que esa construcción geométrica que permite el uso de diferentes planos, que lo mismo encierra al tiempo, que lo libera, lo mismo lo eleva que lo sumerge, lo mismo lo sostiene en equilibrio que lo desnivela.

La actuación corrió a cargo de Héctor Bonilla, promesa de la escena mexicana desde aquel Puños de oro, de Odets. Tiene momentos de muy buena factura, y quizá la única objeción que podría ponérsele es la de que en las escenas culminantes su desesperación es un tanto superficial, un tanto histérica, lo que no es muy propio de un personaje de la profundidad y significación del que interpreta. Todo grito debe estar justificado, debe nacer en algún punto antes de ser lanzado. Desde luego esto es sólo cuestión de un poco de pulimento, la piedra para ser preciosa necesita antes que pulirse, existir. Héctor Bonilla es un buen elemento que sólo precisa terminar de tallarse.

Un día loco

También en relación con el tiempo, este monólogo expresa esa ansia humana por retener los minutos que nos toca vivir, por exprimir al máximo la dotación de días de que disponemos. Esto combinado con la necesidad de calor humano, de amor. El día loco se le escapa a la protagonista lo mismo que esa voz en la que ella presintió la ternura, una voz inaprehensible como el día al final, un dejo amargo da cabida aun a la esperanza, dolorosa quizá, pero presente. Ella espera que aquel día vuelva, aun a sabiendas de su imposibilidad. Maruxa al escribir este monólogo habla por la Humanidad que desespera ante su voz efímera y que en vez de dejarse vencer, lucha hasta el fin por trascender.

De Alma Martínez, actriz que tiene a su cargo este monólogo y que en su carrera cuenta tan sólo con tres interpretaciones en su haber (Los duendes, ¿Quién teme a Virgínea Woolf? y Vivir es formidable) puede decirse que aún debe superar algunos aspectos técnicos, como la dicción (especialmente en su forma de pronunciar las erres) y saber dar justificación a las transiciones anímicas. No puede pasarse del dolor a la sonrisa o de la euforia a la duda o la nostalgia sin previa preparación. Su fuerza emotiva es potente y no debe malgastarla sino darle los mejores medios para que ésta se exprese libremente.

La última letra

Así como en una obra normal de tres actores el tercero de ellos debe estar situado en la cúspide del espectáculo, así el tercer Monólogo La última letra, es aquel en el que Maruxa expresa más intensamente su capacidad creadora. No hay escritor –y podría extender más la afirmación: no hay artista– que no se identifique con ese personaje creado por Maruxa. En esta obra la autora demuestra abierta y sin restricciones toda esa sensibilidad suya que la lleva de idea en idea, para después asimilar cada una de ellas y brindar el néctar, fruto de su propia experiencia. Personaje vivo, su escritor, que pone al espectador frente a frente con la creación estética, expone sus luchas, confiesa sus transformaciones, libera, en suma, su energía. El escritor, como un sol en combustión va quemando su materia para convertirla en calor. Y Maruxa hace vivir esos momentos inclementes y a la vez anhelados del hombre frente a la creación literaria (y en general, artística). Expresa en forma dramática la necesidad de llegar a SER, la angustia ante la indiferencia del mundo, el ansia de comunicar algo y la desesperación de no encontrar respuesta.

A la calidad del texto dramático se añade la del actor que interpreta al personaje del escritor. Aarón Hernán, cuya carrera siempre en ascenso es una prueba de fuego para él en cada nueva presentación, es el intérprete ideal para este monólogo. Su forma de ir llevando al espectador de la mano en cada frase, en cada idea expresada, es una cualidad que pocos actores poseen. Hay lógica en su interpretación, hay dinámica, hay emoción, y lo que es más difícil, hay equilibrio.

En resumen, es un espectáculo de teatro mexicano de gran calidad artística por todos [sus] conceptos, tanto por lo que toca a la autora, Maruxa Vilalta, como a la dirección de Xavier Rojas, a la escenografía del arquitecto Jorge Contreras y a la interpretación de Aarón Hernán (y en los otros monólogos, de Héctor Bonilla y Alma Martínez).