FICHA TÉCNICA



Título obra Bolero

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Fernando M. Rogero, Rocío Rosada, Benjamín Salazar, Gilberto González

Espacios teatrales Auditorio Julián Carrillo

Notas Entre corchetes en el original dice dos, cuando la cuenta es de tres décadas entre Las cosas simples y Bolero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los estudiantes bailan el bolero” en El Día, 8 diciembre 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los estudiantes bailan el bolero

Malkah Rabell

Cuando Héctor Mendoza contaba veinte años, en 1953, y era estudiante de "Letras", escribió su obra multipremiada Cosas simples, donde un grupo de preparatorianos viven sus primeros amores, sus primeras amistades, y sus primeros dramas. Desde entonces, sus preparatorianos crecieron. Se volvieron universitarios. Y para contar sus amores, dolores y amistades, el director y autor Héctor Mendoza escribe Bolero, canción que según dice el aún joven dramaturgo: "marca toda una época de la canción sentimental en México". Y el autor de este espectáculo que actualmente se presenta en el Auditorio Julián Carrillo, continúa: "Mi infancia y mi primera adolescencia están, de alguna manera, ligadas a los boleros. Las letras de los boleros eran para mí, en esa época, verdades irrefutables de ese eterno misterio, desentrañado día con día, de las delaciones amorosas. Hoy en cambio, vistos a distancia, me parecen encantadores e ingenuos gritos de una emotividad que no encuentra su justo cauce".

Sí, pero esta intervención de los "boleros" en el argumento –o en los argumentos– de su representación, hace que no sepamos muy bien en qué época estamos. ¿Dónde y cuándo suceden estas pequeñas y breves comedietas de la vida estudiantil, que el autor llama: Amor de la calle, pieza en un acto; Adiós para siempre, farsa en un acto; Amorcito corazón, comedia en dos cuadros; y Amor perdido farsa en un acto? A veces nos creemos en la época actual. Pero otras veces, esos sketches, que llevan como títulos los nombres de viejos y populares boleros, se nos hacen terriblemente anacrónicos. ¿La gonorrea, tema central de Amor perdido, es hoy en día una enfermedad tan extendida como antaño? ¿Y para curarla un estudiante necesita realmente tanto dinero como para recurrir a la generosidad de un compañero? Creo que hoy casi todo el mundo sabe cómo cuidarse, y sobre todo cómo de inmediato atenderse. Y con más razón en un ambiente de estudiantes, donde se puede recurrir a un compañero de la Facultad de Medicina quien a su vez lo llevará al hospital. Tal es la historia un poco vaudevilesca de esta farsa. En cuanto al más hermoso de esos cuatro episodios, la pieza en un acto: Amor en la calle, presenta a un joven estudiante que "levanta" en una noche de borrachera a una supuesta prostituta, que resulta una muchacha recién llegada de provincia, que en un momento de desesperación económica, busca la salida más fácil, o la más difícil: la prostitución. También este sketch se antoja de otra época, tal vez por el ambiente sentimental, que parece hoy ya no existir entre los jóvenes. Y en los tiempos en que vivimos, las horas, y los días, y los años huyen tan de prisa y todo cambia tan vertiginosamente, que hace 20 años parecen otro siglo. Y no solo la atmósfera se nos hace de otra época y de otro mundo, sino también nos parece así el estilo dramático. Héctor Mendoza que es un enamorado de las búsquedas y de las innovaciones, recurre aquí a la máxima sencillez, la de Las cosas simples.

Pero en ese viaje de hace [tres] décadas a nuestro año 1980, los estudiantes de Héctor Mendoza han perdido su frescura, han perdido la sencillez y la espontaneidad dé los preparatorianos de 1953. Esos protagonistas suyos son como su autor, una mezcolanza de antes y de hoy.

Sería exagerar si dijéramos que estas breves escenas independientes. precisamente como sketches, que sólo están unidos entre sí por el hilo de la atmósfera, del ambiente estudiantil. y tal vez por la música de los antiguos boleros, pues sí, sería exagerado adjudicarles un gran valor artístico. No lo tienen, aunque son divertidos y simpáticos. En cambio en el manejo de los actores se nota la mano de maestro de Héctor Mendoza, el excelente y quizá el mejor de actuación que tienen nuestras escuelas del INBA y de la Universidad. Y los jóvenes actores, tal vez la mayoría por primera vez en un escenario, se mantienen en el foro con profesionalismo. Se hace difícil mencionar a alguien en especial. Tal vez en Amor en la calle, señala en su protagonista, Fernando M. Rogero, a un intérprete de mayor capacidad que los demás. En Amorcito corazón, a Rocío Rosada aún le falta habilidad y cae en exageraciones. Pero también parece exagerado el personaje de esa muchacha que trata de quitarle lo novato en cuestiones de amor a un amigo de su novio. En cambio en ese mismo episodio, las dos figuras masculinas, Benjamín Salazar y Gilberto González parecen más estables y seguros en las tablas. Las demás interpretaciones no pueden ser consideradas más allá de esfuerzos a nivel estudiantil de jóvenes principiantes.

En este espectáculo, lo único que nos deja sorprendido es la falta de "drama". Entre estos estudiantes no parece haber pasado el año 1968. Nuestros estudiantes actuales quien más, quien menos, tienen intereses políticos. ¡Dónde están éstos! Ningún drama político, ningún interés por el veltanshaung parece aquejar a estos jóvenes universitarios tan preocupados por los "boleros" y tan ignorantes de las canciones de protesta.