FICHA TÉCNICA



Título obra La paz de la buena gente

Autoría Óscar Villegas

Dirección Emilio Caballido

Elenco Pilar Souza, Tara Parra

Grupos y compañías Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro Ricardo Flores Magón

Eventos Nueva Dramaturgia Mexicana

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La paz de la buena gente por la Universidad Veracruzana” en El Día, 17 noviembre 1980, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La paz de la buena gente

Malkah Rabell

En el teatro Ricardo Flores Magón, ubicado en Tlaltelolco, como parte de la Nueva Dramaturgia Mexicana, se presenta La paz de la buena gente, obra del joven autor nacional, Óscar Villegas. Es muy difícil considerar a este último como producto de la "Nueva Dramaturgia", ya que por lo menos doce años anda publicando y representando numerosas piezas suyas con mayor o menor éxito, entre las cuales se pueden citar: La pira,Santa Catarina y Atlántida. No se puede afirmar que se haya ya impuesto definitivamente, pero entre la nueva generación es uno de los que más han producido, y ya se le puede considerar como profesional, ya que en tal condición lo han montado dos conocidos directores de escena, Marta Luna, en Jalapa, y Julio Castillo en el D.F.

Sucede con esta Paz de la buena gente, que si uno desconoce el título, no sabe explicarse su contenido. Tal cosa me sucedió a mi, por mi mala costumbre de no mirar el programa de mano antes de que cayera el telón sobre la última escena. Y durante dos días deseché todo posible comentario sobre una obra que me parecía completamente deshilvanada y con gran pobreza lingüística. Y cuando no se posee un idioma especialmente bello, por lo menos hay que cuidar el argumento. De repente encontré en un bolsillo el programa de mano, y el título: La paz de la buena gente me aclaró todo lo demás. Pero ello no es una excusa (para el autor). Un título no es una llave para abrir una caja misteriosa. Hay obras estupendas cuyos títulos permanecen durante años sin explicación, como El extranjero de Camus. que Sartre explicó como "el hombre en el exilio sobre la tierra".Pero, más vale no entender el título que no entender la obra.

Al tratar de reconstruir en mi memoria la pieza de Óscar Villegas que fue por cierto una de sus primeras obras publicadas, en 1986, en la Revista de Bellas Artes, veo una serie de sketches carentes de hilo argumental, que saltan de una escena a otra, para darnos la ilusión de vidas completas, de vidas absurdas; una madre probablemente loca; una hija con un novio, en un principio muy enamorados y que terminan por aburrirse uno del otro apenas casados: una mujer que no sabemos quién es ni que desea, acostada en una cama hablando con la sombra del hombre que no aparece nunca. Lo demás se entremezcla y no permite crear una unidad en nuestra visión del espectáculo. En resumen, una obra que nada deja en nuestra mente ni en nuestros sentimientos. Y para colmo aburre.

Se me hace muy difícil hablar de los intérpretes, porque la mayoría me resulta desconocida, y no sé quién es quién. Salvo Pilar Souza, en el papel de la madre loca(?), que supo hacer reír al público en sus últimas escenas. Profesional en su monótono papel de la mujer en la cama es Tara Parra. Quizá la última escena, cuando imita a los monos y trata de presentar a una "dama-mono" resultó divertida. Todas las demás actuaciones, se me hicieron de aficionados.

Se anunció la dirección escénica debida a Emilio Carballido, como una llamativa sorpresa. Nuestro más conocido y mejor autor teatral, Carballido nunca había excursionado en el terreno de la dirección y su presente trabajo es el primero que realiza en este campo. Es increíble cómo la gente desea realizar lo que no debe, lo que no le corresponde por razones obvias. Los escenógrafos, hasta los mejores, sueñan en ser pintores. Los pintores, hasta los más célebres, sueñan en ser escenógrafos. Y un magnífico comediógrafo, como lo es Emilio Carballido, quiere a estas alturas de la vida, dedicarse al montaje escénico, que no es su fuerte, especialidad por completo distinta. No se puede decir que esta dirección fue del todo mala. Carballido reunió todos los elementos que durante las dos últimas décadas se han considerado como novedosos, pero que ya no lo son. Las máscaras, la plasticidad, las sombras detrás de un biombo, los decorados que los mismos actores mueven de un lado para otro al estilo bretchtiano, etc. Pero nada original nos ofreció... Desde luego con una obra brillante al director le resulta infinitamente más fácil realizar su tarea de interesarle al público. Con una obra mala, ni el mejor director puede salir avante. Esperemos que la próxima vez que Emilio Carballido suba al escenario, será para dirigir su propia obra. O bien, simplemente para supervisar a un director que dirija una obra carballidiana.