FICHA TÉCNICA



Título obra Santísima

Notas de autoría Federico Gamboa / autor de la novela Santa; Sergio Magaña / adaptación teatral

Dirección Germán Castillo

Elenco Marta Verduzco, Diana Bracho, Felio Eliel, Jorge Humberto Robles

Música Sergio Magaña

Notas de Música Alicia Urreta / arreglos

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Santísima de Sergio Magaña” en El Día, 10 noviembre 1980, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Santísima de Sergio Magaña

Malkah Rabell

Basándose en la novela Santa de Federico Gamboa, el conocido dramaturgo nacional, Sergio Magaña creó una obra teatral que bajo la dirección de Germán Castillo y bajo los auspicios de la UNAM presenta actualmente en el Teatro Santa Catarina. Se hace bastante difícil comprender en qué puede semejante tema interesar en nuestros días a un juvenil público universitario. Lo hubiésemos tal vez comprendido si el autor hubiera enfocado el ambiente de prostitución, que es el original de la obra, desde el punto de vista social y de protesta. Pero el romanticismo de Gamboa permanece casi intacto en la nueva versión, con su historia de una bella muchacha campesina seducida por un soldado, que abandonada por él mismo y arrojada de su hogar encuentra refugio en la casa de Madame Elvira, dueña de un lujoso burdel, donde se transforma en una de las más populares figural del mundo de la prostitución mexicana de su época. Y si Magaña ha tratado de introducir unos breves episodios donde los "soldados de la Bola" se ponen en contacto con las elegantes y caras pupilas de Madame Elvira, a quienes consideran solidariamente como sus hermanas de miseria, esos episodios se hacen poco creíbles. Aunque la frase que el dramaturgo pone en boca de un "cliente", el rico aristócrata Alberto Robles, despierta el entusiasmo del público por su aguda crítica. Robles al entregar a uno de los "Juanes" un cheque para su causa, se enfrenta con la indignación de la lógica y sensata dueña del establecimiento, lo que hace decir al irónico "mecenas": "No se preocupe, al pasar los años, éste dinero nos lo van a devolver con todos los intereses".

Aunque la figura central es desde luego, Santa, la que me parece la más digna de aplausos, fue Marta Verduzco en el papel de Madame Elvira, género que no es muy habitual en ella, y probablemente ésta sea la primera vez en su carrera que hace de dueña de una mancebía moderna. No obstante encontró el tono justo, con mucha ligereza, cierta picardía a la française que no dejaba de ser un velo de maldad, de crueldad y avaricia. En el papel de Santa, a Diana Bracho le faltó quizá, físicamente, algo de frescura juvenil, sobre todo en las primeras escenas. Pero logró reemplazarla por la intensidad que supo imponer en sus escenas dramáticas. En el papel del ciego Hipólito, pianista en la casa de Madame Elvira, enamorado de Santa, aunque nunca pudo verla, pero a la que imagina como lo más bello del mundo, Felio Eliel fue el excelente actor de físico extraño de siempre. Más, creo que le dio al personaje un tono más realista y sencillo que los anteriores actores que solían interpretar al personaje en las diversas dramatizaciones de la obra de Gamboa con un tono de galanes románticos. Lo único que podría reprocharse al Hipólito de Eliel es el maquillaje que aplicó a sus ojos para hacerlos más impresionantes, como ceguera, debido a una enfermedad. Lo que resultaba bastante desagradable. No entiendo por qué no volvió a usar los anteojos oscuros que empleó al iniciarse el primer acto. En el papel del señor Rubio, Jorge Humberto Robles, dio muy bien la imagen del personaje prepotente, frío y sádico. El resto del reparto, formado por un grupo de actores jóvenes, fue muy correcto en sus interpretaciones.

La música, original de Sergio Magaña, con arreglos de esta estupenda compositora que es Alicia Urreta, sin llegar a grandes alturas, ni siquiera en su propio género de música popular, resultaba empero muy alegre. Y tuvimos en el escenario, una polka, un vals, un tango, un paso doble, un bolero y hasta un blues. La mayor parte de la música la transmitían las grabaciones, y como de costumbre, no estaban muy bien sincronizados con las voces en el escenario. Por fortuna, varias de esas canciones las cantaban en el escenario los propios dueños de la voz, como Felio Eliel. En cambio, ese conjunto que cantaba: "Somos las sacerdotisas del amor", se me hacia bastante ridículo con sus trajes de odaliscas y su falta de coreografía, aunque tal vez, tanto el autor como el director querían subrayar la ridiculez de las diversiones en semejante lugar.

Desde el punto de vista panorámico, esta "Santísima" nunca llegaba a exagerar el tono erótico, nunca caía en la pornografía, que sería tan fácil con semejante tema. Toda la obra, y toda la puesta en escena de Germán Castillo conservaba el justo medio, la justa medida y sobre todo nunca caía en la monotonía. Lo que no dejaba de gustar y sobre todo divertir a un público ya más adulto.