FICHA TÉCNICA



Título obra Los buenos manejos

Autoría Jorge Ibargüengoitia

Dirección Marta Luna

Elenco Luis Gimeno, Mónica Serna, Mercedes Pascual, Blanca Torres, Rubén Velarde

Música Alicia Urreta

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Notas Entre corchetes, frase errada por la autora en el original; y Antonio aparecía en el original como Antón.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los buenos manejos en la CNT” en El Día, 27 octubre 1980, p. 23




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los buenos manejos en la CNT

Malkah Rabell

De esta comedia musical: Los buenos manejos, debido el texto a Jorge Ibargüengoitia y la música a Alicia Urreta, lo mejor manejado fue la puesta en escena de Marta Luna. La imaginativa y joven directora le dio una plasticidad, un ritmo desatado, una unidad de acción y de interpretación que la letra de las canciones, igualmente debidas a Alicia Urreta ayudó a amalgamar, y sobre todo un sentido del humor que más bien parecía el de una farsa en lugar de sátira, como la denominó Luis Gimeno en el programa de mano: "sátira musical de malas costumbres". Sátira o farsa, esta obra musical se sitúa en el siglo XVIII, en un pueblo mexicano cuyo nombre desconocemos, donde llegan tres profesionales del amor y trastornan toda la vida normal de la aldea, sus ritos, sus prejuicios, sus intereses y su "moralidad".

Lástima que desde un principio el espectáculo adolece de ciertas fallas que molestan. Tal es el caso del play-back que no está bastante sincronizado con las voces de los actores y parece constantemente un eco que llega desde las bambalinas. Esta moderna tendencia de hacer mover los labios o hacer cantar en voz baja o normal, a los actores en el escenario, en tanto entre bambalinas el play-back se deja oír a voz en cuello, nunca me ha convencido. El actor canta o deja de cantar, pero no puede hacer las dos cosas juntas. ¿Qué sucederá cuando llegue la moda de escuchar los parlamentos en play-back? El resultado será un espectáculo de pantomima. Por fortuna algunos intérpretes de Los buenos manejos saben cantar. Tanto Luis Gimeno, en el papel del Gobernador sólo interesado en conseguir dinero a como dé lugar; como Ángel Casarín en el personaje del cura y Miguel Ángel Infante, como el estudiante enamorado de una de las tres prostitutas, tienen voces y saben cantar, y muy poca falta les hace la grabación del play-back. Otra falla que no deja de molestar fue: ¿por qué darle a Mónica Serna –Tecla– el papel de la madre de Mercedes Pascual –Aurora–, cuando Mónica Serna parece la más joven de las tres prostitutas, trío formado por Mónica Serna. Mercedes Pascual y Blanca Torres.

Fuera de estas dos fallas, o equivocaciones, la representación se deslizaba como sobre ruedas y parecía gustar a todo el público, que no era del estreno, y que se divertía en grande. El público sí consideraba sátira a estos Buenos manejos que no dejaban de parecerse a los manejos que suelen llevarse a cabo en nuestra propia época probablemente en todas las aldeas del mundo: el gobernador deshonesto, el jefe de los alguaciles vanidoso, y todos preocupados en si mismos.

Del amplio reparto, en el cual nadie tiene papel protagónico y todos tienen intervenciones colectivas, en un juego de masas, no se puede señalar a nadie en particular. Tal vez merece ser mencionado en especial un joven actor, Rubén Velarde, que en el último momento tuvo que reemplazar a Fernando Mendoza enfermo. He aquí a un joven actor que promete. En general la directora parece en especial preocupada en formar un cuadro de conjunto, en crear un permanente coro de voces, de actitudes, de coreografía, suprimiendo toda individualidad. Los actores se lucen por su disciplina, por su entrega a una causa común. Las canciones, que son muy numerosas, ayudan a la creación de ese ambiente colectivo, donde lo que importa es la aldea, como unidad a la que todos pertenecen. Hasta los animales, perros y vacas, intervienen con sus ladridos y mugidos en la acción.

Tampoco se debe olvidar en esta puesta en escena, el valor de la hermosa producción debida a Antonio López Mancera. Sobre todo el vestuario es de mucha riqueza colorística, y muy fiel a la época.

El público se divierte mucho con este espectáculo que da la oportunidad al espectador del teatro Jiménez Rueda, seguidor fiel de la Compañía Nacional, de enfrentarse con una manera nueva de actuar de esta Compañía, que en todos esos años de su formación y existencia, más bien avanzaba por una senda de seriedad y dramatismo.