FICHA TÉCNICA



Título obra El macho animal

Autoría Patrick Meyer

Dirección Enrique Gómez

Elenco Jaime Garza, Salvador Pineda, Jorge Abraham, Abraham Stavans

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El macho animal” en El Día, 13 octubre 1980, p. 19




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El macho animal

Malkah Rabell

Es sin duda una obra muy, pero muy desagradable la que se representa actualmente en el teatro Granero. Lo que no obsta que esta Macho animal de Patrick Meyer esté escrita con mucha habilidad, bien construida y sobre todo con una gran fuerza dramática que sostiene el constante interés del espectador.

Sucede con lo que llamamos "fuerza dramática" lo mismo que con las drogas. El consumidor de éstas necesita siempre aumentar la dosis para "entrar en la onda". Así mismo el público actual necesita encontrar en el escenario cada vez mayor violencia, mayor intensidad, mayor "suspenso" para emocionarse. Y en ese espectáculo que se presenta en el Granero, la violencia, el "suspenso", lo sorpresivo y la intensidad, llegan a muy altos niveles, que probablemente un espectador de hace diez o veinte años hubiera rechazado. Hoy ya no significa nada abrir la bragueta cada dos por tres, ya se necesita quitarse los pantalones del todo: la violación de una mujer ya no hace efecto ni tampoco la violación de un homosexual por un heterosexual: ahora se necesita por lo menos que sea un homosexual de lo más afeminado que viole al "macho" fuerte y animal. ¡Y de qué manera! No hay humillación ni tortura moral que el violador deje de lado. Y por cierto, no le tenemos lástima a la víctima. Porque de todos los "machos animales" este Billy Fred es el peor. Un "macho" que esconde e ignora su propia naturaleza homosexual. que odia a muerte a los "maricones" y es violado precisamente por aquel a quien más odia. Lo que parece no disgustarle tanto. Muy al contrario. Una vez violado –bajo la amenaza de una pistola y con las manos esposadas en la espalda–, se vuelve muy buena gente, muy positivo, y le perdona a su verdugo.

Ambiente de camioneros de un rastro destazador de animales, los cuatro protagonistas emplean un lenguaje tan soez, que si nos pusiéramos a expurgar el texto de grosería y palabrotas, creo que muy poco quedaría del drama. En cambio, esos cuatro protagonistas, si bien usan un lenguaje primitivo, en cambio su manera de pensar parece la de intelectualoides. Tal vez el autor trató de representar un minicosmos de su país donde los más increíbles hechos de violencia parecen pan de todos los días. Bajo la dirección de Enrique Gómez Vadillo, la obra adquiere un ritmo muy intenso que mantuvo el interés del público sobre todo en el segundo acto. Entre texto y dirección, el drama se desarrollaba con mucha viveza, y los cuatro actores: Jaime Garza, Salvador Pineda, Jorge Abraham y Abraham Stavans han sabido insuflar a sus personajes el necesario vigor. Jaime Garza, ya es un actor de teatro conocido. y el papel de Gene, el homosexual que no hace misterio de su peculiar naturaleza, lo supo realizar con todos sus matices. En tanto Salvador Pineda, un joven actor que los teatrófilos no hemos tenido la oportunidad de conocer, ya que es más bien la pantalla su área de trabajo, tiene un físico que es como creado ex profeso para el papel del "macho animal", con su rostro primitivo y el cuerpo macizo. Sus relatos de su época cuando era soldado en Vietnam no lo hacen más simpático. No lo podemos mirar como víctima. Es un victimario nato. Otro joven actor, Jorge Abraham, se dio a conocer hace unos años en Jesús Cristo Superestrella donde creó a un soberbio Judas. Aquí no tiene la oportunidad de cantar, pero su físico es muy apropiado para el ambiente norteamericano con sus diversos tipos raciales. Quizá el menos adaptado a ese ambiente de camioneros sea Abraham Stavans -que además es traductor y adaptador de la obra-. Quién le va a creer que es un camionero de rastro, donde lo único que cuenta es la fuerza bruta, lo conocemos como un excelente actor, más, en el presente caso, su monólogo del último acto, donde transmite su trastorno emocional por haber asistido a la matanza salvaje de una res, no logra el debido impacto. El que siempre se muestra dueño de una dicción clarísima esta vez falló en este sentido y muchos detalles de su parlamento se perdieron.

En resumen una obra desagradable y excesivamente realista, pero que sostiene todo el tiempo su intensidad dramática a cuyo servicio director e intérprete han sabido entregar lo mejor de sí mismos.