FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Ay papá, pobre papá! Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá

Autoría Arthur Kopit

Notas de autoría Juan García Ponce y M. A. Domínguez / traducción

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Roberto Dumont, Rita Macedo, Carlos Jordán, Julissa, Oscar Chávez, Julián Pastor, J. Félix Guilmain, Luis de Llano Jr.

Escenografía Roger von Gunten

Vestuario Roger von Gunten

Espacios teatrales Teatro Milán

Productores Rita Macedo

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 26 julio 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[¡Ay papá, pobre papá! Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá]

Mara Reyes

¡Ay papá, pobre papá! Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá. Teatro Milán. Autor, Arthur Kopit. Traducción, J. García Ponce y M. A. Domínguez. Dirección, Juan José Gurrola. Escenografía y Vestuario, Roger von Gunten.

El teatro comercial rara vez se lanza a la aventura de escenificar una obra de inquietudes trascendentes, es por ello que además del elogio por sus logros artísticos, Rita Macedo se gana el que en su calidad de empresaria merece sin restricciones.

El abigarrado concepto dela vida que el autor nos comunica a través de personajes que podrían parecer poco comunes y .que, sin embargo, es corriente encontrar vagando por el mundo, es interesante el punto de obligar a sondear a éstos en forma detallada.

La relación que existe entre la madre absorbente, posesiva al extremo de matar al marido y disecarlo para poder ejercer sobre él dominio absoluto y de “secuestrar” al hijo en un encierro que viene a simbolizar su deseo de mantenerlo por siempre dentro de su propio vientre, es un tipo de relación humana que puede observarse en innumerables familias sólo que aquí llevada al extremo, a sus últimas consecuencias.

Siendo el hotel una imagen del vientre materno resulta quizá un tanto inadecuada la barroca escenografía de Von Gunten –aunque no por ello queda privada de su valimiento plástico– el ambiente del trópico no tenía por qué invadir el recinto en el cual la madre se aparta del mundo. Una persona que ha llegado a extremos inauditos en su afán de retraerse, de aislarse del exterior no puede permitir que el ambiente exterior penetre en el mundo forjado por ella, mundo de rechazo del sexo, de crueldad sui géneris para con el hijo a quien priva de todo derecho en la vida y al cual le fabrica también un mundo que según ella concibe es el más apropiado para él; lo hace dueño de una colección de estampillas y otra de monedas y le obliga a creer en ellas como en una religión; le crea como único hábito el de alimentar a las plantas carnívoras que ella adora y a su pez piraña que sólo come gatos siameses.

El hijo, sin embargo, busca una diversión, construye un telescopio para observar el mundo exterior y aunque llega a la convicción de que afuera no hay nada que valga la pena de mirarse, descubre a una joven que atrae su atención. Pero el influjo de la madre es más poderoso que su rebeldía y termina por matar a dicha joven. Su telescopio se acorta, se hace pequeño e insignificante; su visión se ha empequeñecido.

La rendija que le permitía ver al exterior se ha cerrado y él permanecerá para siempre sometido a la madre, sin voluntad, sin anhelos, pero más a la altura de ella puesto que después de su crimen, ha demostrado que se queda por decisión propia.

Al final de la obra el hijo seguramente dejará de ser Jonathan y tomará definitivamente el nombre del padre a quien viene a substituir en la vida de la madre.

En mi concepto, la obra de Kopit adolece del defecto de dar excesiva importancia a lo que es sólo un aditamento al carácter esencial de la madre. Por ejemplo, el autor pierde demasiado tiempo en recalcar la riqueza y la avaricia de la madre. Cada concepto lo repite tantas veces que llega a lo obvio, esto da por resultado que cuando se acerca al monólogo de la madre en el que relata al Comodoro toda su vida –escena que es el eje de la obra– el espectador está ya cansado, ha perdido un tanto su capacidad de atención, se ha dejado distraer demasiado por los pequeños detalles.

Juan José Gurrola en su calidad de director debiera abreviar las escenas superfluas en vez de alargarlas. No obstante su dirección escénica es viva, imaginativa, busca que el público además de recibir el contenido trágico que la obra encierra perciba aquel mundo grotesco que Kopit presenta y por el que llama a su obra “farsa trágica”, Gurrola consigue pues llevar al espectador a la tragedia por el camino de lo jocoso.

Para un director es de suma importancia contar con actores que sepan proyectar el concepto que él se ha formado de los personajes y en este caso Gurrola fue respaldado por ellos en todos los aspectos.

La creación que hace Roberto Dumont de su Jonathan es de valor irrefutable. Los temores, dudas y complejos del personaje quedan al descubierto. Sus deseos contradictorios de escapar del encierro y a la vez de permanecer en él y los diferentes y opuestos significados de un hecho similar: el de dar muerte, se perciben con claridad.

Por un lado el matar a las plantas carnívoras y al pez piraña es para Jonathan una emancipación, por otro, el dar muerte a Rosalie es un acatamiento sumiso al destino que le ha forjado su madre. Roberto Dumont supo desentrañar y exteriorizar por medio de un hecho equivalente dos sentimientos contrarios.

Rita Macedo se desenvuelve con eficacia dentro de su difícil personaje. Su monólogo es expresivo –aunque Juan José Gurrola debiera limitar en ese momento el juego escénico de Carlos Jordán que distrae al espectador cuando toda la atención debe estar concentrada en la madre–, en general toda la actuación de Rita está llena de aciertos.

Si acaso en la escena final habría yo deseado una reacción menos indiferente, que respondiera más al gesto del hijo. ¿Es que la madre no se da cuenta de su propio triunfo? Pero esto es sólo una cuestión de apreciación y en todo caso sería Gurrola quien debiera haber dado un acento más marcado a la cadencia final de la obra.

Julissa es una actriz en ciernes que realiza un trabajo correcto y digno de estímulo.

El papel del Comodoro, pensado por Gurrola en forma quizá demasiado festiva, estuvo encarnado brillantemente, dentro de esa concepción, por Carlos Jordán, quien después de Landrú y de esta obra parece que ha encontrado su mejor línea.

Excelente igualmente la intervención de los jóvenes actores Óscar Chávez, Julián Pastor, J. Félix Guilmain y Luis de Llano Jr.

Legítimo recurso el del traductor de poner un título tan inquietante y atrayente para el público, pero en mi opinión aunque resultara menos chistoso podría la obra haberse llamado simplemente El closet, con ello no le habría adelantado al público el hecho de que la madre tiene guardado en el closet el cadáver de su marido. Por lo demás la traducción está realizada en buen lenguaje. En resumen se trata de una realización que no debe dejar de verse.