FICHA TÉCNICA



Título obra El enfermo imaginario

Autoría Jean Baptiste Poquelin Molière

Dirección Rubén Yáñez

Elenco María Silva, Dardo Delgado

Grupos y compañías El Galpón

Espacios teatrales Teatro de la Alianza Francesa

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El enfermo imaginario” en El Día, 22 septiembre 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El enfermo imaginario en el Galpón

Malkah Rabell

Humor fúnebre el que explaya Molière en este Enfermo en torno de quien todos afirman que es "imaginario", ¿y si no lo fuera? ¿Quién puede asegurarlo? ¿Acaso los médicos de su tiempo eran unos "científicos" menos imaginarios? Las sátiras de aquel tiempo pintan con espanto a esos médicos exterminadores. Las estampas satíricas nos presentan a la muerte cabalgando a la grupa, tras el doctor, y sonriéndole con aire conyugal. Enfermo imaginario, o no, Argón no deja de ser un pobre hombre, que si no se muere de sus propios males, se morirá de los horrendos remedios que los "matasanos" le aplican. En su precioso libro: Las 2 carátulas, Saint-Víctor escribe: "En El enfermo imaginario el poeta lleva a la escena la agonía como objeto de decisión; la agonía burguesa, vulgar, prosaica, rodeada de botellas malolientes y de instrumentos ridículos de la farmacia. Desde la escena primera, Argón detallando la cuenta del boticario, nos hace asistir a su autopsia. Allí no se habla más que de "entrañas debilitadas, malos humores evaluados, bilis expulsada, vejigas de la orina desocupadas", todas las suciedades del andrajo humano expuestas a la luz del día". Son palabras de Saint-Víctor, profundo conocedor y estudioso de Molière y del teatro de su tiempo. ¿Pero el propio Molière realmente considera "imaginario" a su enfermo? ¿O es una manera de autoburla? Caso extraño, fue después de interpretar este papel que Molière, volviendo a su casa, dejó de existir.

El enfermo de Molière, no sólo sufre en su organismo. Igualmente sufre en su dignidad de hombre y en su orgullo de burgués. Burlado por su esposa y hasta por la criada, la descarada Antonieta –que en esta obra reemplaza a los no menos descarados "valets" molierescos–, que se ríe de sus torturas con carcajadas groseras y bromas despiadadas. Argón está solo, con sus males y con sus angustias. Hasta su hermano, su hija y el novio de ésta se mofan de él. Acaso no es costumbre entre gente sana burlarse de los enfermos y considerarlos imaginarios, a menos de que tengan un mal muy visible o que estén al borde de la muerte.

Tal vez debido a lo fúnebre de este argumento, que no logra alegrar la eterna situación molieresca de los novios separados por los padres y cuyo amor termina por triunfar, pues, quizá debido a lo desagradable de esta comedia donde la enfermedad ha de ser el centro y el motivo de la risa, que el director Rubén Yáñez, de la Institución Teatral Uruguaya, exiliada en México: El Galpón, trató de exagerar el tono de farsa del espectáculo. Según mi parecer en tal empresa se le fue la mano, y las exageraciones llegaron a lo circense. Mas, según respondió el público de la Alianza Francesa, donde la obra se estrenaba, daba la impresión de que lo caricaturesco de los personajes les encantaba y la risa brotaba constantemente en la sala. Es extraño cómo Molière, quien fue muy combatido por la Corte de Luis XIV, aunque el rey personalmente lo defendía, resulta aceptado y comprendido en nuestra época por toda clase de públicos. He asistido a todo tipo de espectáculo donde artísticamente Molière quedaba destrozado y no obstante, un público poco acostumbrado al teatro se divertía y aplaudía con entusiasmo. En el caso del reciente estreno de El enfermo imaginario en la Alianza Francesa, los espectadores se componían en buena parte por alumnos del francés, y como tales conocen bastante a Molière. Así que su alegría no estaba desprovista de conocimiento.

En cuanto a Rubén Yáñez, director, actor e intelectual profundo, cuyos espectáculos serios siempre me han encantado, en el presente caso no sólo exagera el tono satírico, dándole un estilo de representación de plazuela, sino que recurre a muchos elementos de la Comedia del Arte. El acento de cono sur que emplea toda la compañía tampoco ayuda a dar mayor agrado a la función. Del reparto, quien más molieresca se hace es María Silva en el papel de la criada Antonieta. Pero hasta ella llega a cansar por su exorbitante temperamento. Dardo Delgado, como Argón, el enfermo imaginario, resulta molesto, como en realidad debe ser semejante personaje. Y todo el resto del reparto no me hacía feliz. De El Galpón me esperaba a un Enfermo imaginario de mayor interés, y sobre todo más actual en su crítica de la profesión médica.