FICHA TÉCNICA



Título obra El estupend’hombre

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Julio Castillo

Elenco Bárbara Córcega, Alfredo Sevilla, Luis Torner, Mario Mendoza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El estupendhombre” en El Día, 3 septiembre 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El estupendhombre en el teatro de la Universidad

Malkah Rabell

La obra, el texto, se anuncia como del dramaturgo mexicano, Antonio González Caballero. Este siempre ha sido un autor realista, costumbrista y muy claro en sus planteamientos dramáticos. El director de escena, Julio Castillo, desde mucho sueña con espectáculos netamente nacionales, mexicanos a su manera, donde la claridad y el costumbrismo se diluya en un hermetismo muy peculiar, muy a lo Julio Castillo. Aunar estos dos nombres, estas dos capacidades artísticas tan distintas se hace extraño. Pero ya hemos visto a Julio Castillo poner su varita mágica de director al servicio de una obra costumbrista como Atlántida, de un joven dramaturgo mexicano, Óscar Villegas. Ciertamente fue un fracaso. No obstante señaló una posibilidad. Castillo conservó el argumento original, y sólo agregó unas recreaciones propias en el campo de la dirección. En el presente espectáculo, en este Estupendhombre que se presenta en el teatro Universitario, con un grupo heterogéneo de actores, profesionales algunos, semi profesionales otros, y nada profesionales el resto, pero todos muy bien manejados, nos enfrentamos ante una realización tan complicada. tan abultada, a menudo caótica, donde se entrelazan elementos de carpa, circo, Blanquita, drama y melodrama, que debo admitir, con toda humildad, que no he comprendido nada.

Siempre he creído que el hombre, y en especial el espectador, ama lo que entiende. Pero durante dos décadas, del 50 al 70, toda una generación nos demostró que gozaba de un teatro al cual no entendía nada: el "teatro del absurdo", ante el cual se sentía obligada a proclamar que el rey desnudo estaba vestido. Pero ya en los últimos años, el público universal, ya cansado y falto de oxigeno, empezó a volver hacia los clásicos y los realistas. En México, donde el "teatro del absurdo" nunca tuvo mucho arraigo, y la mayoría de los jóvenes dramaturgos que se empeñaron en producirlo fracasaron, se hace difícil entender que un dramaturgo tan alejado de esta corriente como Antonio González Caballero, precisamente a estas alturas, recurra a ese sistema, a menos de que se trate de una obra ya escrita hace muchos años. Y nos preguntamos: ¿hasta donde alcanza el texto de Caballero, y en qué momento interviene definitivamente la imaginación de Julio Castillo?

En mi falta de comprensión ante el texto, y sobre todo ante el espectáculo, sospecho que se trata de una pesadilla, tal vez nacida en una noche de embriaguez, o quizá en un estado enfermizo donde interviene la anestesia. Se antoja pensar en una anestesia por las numerosas alusiones anatómicas. Como en una pesadilla lo que sucede en la escena carece de unidad y de lógica. Pero de pronto, algunos episodios logran emocionar y hasta desgarrar. Como esta primera escena que presenta una fiesta, a la cual se puede adaptar una frase que Julio Castillo pone en el programa: "Esta puesta en escena la dedico a Gabriel Careaga, quien también sabe de los mitos y las fantasías de la clase media". Y es extraño como precisamente esta "fiesta" en el escenario nos recuerda las reuniones familiares de la clase media, más aún, esta clase de reuniones en provincia. Y el instante cuando un joven desfigurado que parece incapaz de moverse, y el "Estupendhombre" lo arroja al suelo molesto por su presencia, como acusadora, dando lugar a que la joven que acompaña al inválido lo levante poniéndose a llorar, resulta un escena de un gran desgarramiento.

Otros episodios hacen reír (el público siempre encuentra el modo de reírse, aunque uno no logra explicarse por qué... ¿será muy gracioso que unos personajes se pasen mostrando la parte posterior desnuda?). Y otros episodios me enervaban porque no lograba explicarme su contenido. Como los episodios eran tan numerosos y resulta difícil encontrar su hilo argumental, desaparecían rápidamente de la memoria. Por ejemplo, recuerdo una escena donde intervienen unos locos en un manicomio. Y sobre todo recuerdo la escena final, donde la obra vuelve a sus inicios: la reunión del principio, con los mismos personajes. Es una escena que nos devuelve cierta capacidad de comprensión, una capacidad de emocionarse hasta pese a la incomprensión. Es, creo la escena más hermosa de todo el espectáculo.

Es difícil mencionar a todos los actores, porque hacen muchos papeles, y es casi imposible saber quién es quién. Bárbara Córcega es realmente hermosa y promete llegar a ser una futura actriz. Alfredo Sevilla como el Estupendhombre, no es lo suficientemente estético como para pasearse desnudo, pero en cambio es un excelente intérprete con un juego maduro. Igualmente excelente es Luis Torner en el papel de "Narciso Reflejo", ¿el otro yo de Mario Mendoza, el Estupendhombre? Creo que bajo este nombre cada cual puede explicarse su significado como le plazca. También puede explicarse las críticas sociales, existente o inexistentes, como le plazca. Entre tantos elementos, entre tantos detalles, es imposible explicar lógicamente las intenciones del autor, o de los autores. En cambio lo que puede asegurarse, es que casi todos los actores han cumplido con sus numerosas apariciones en personajes distintos. Todos han demostrado mucho temperamento, entrega y sobre todo se han mostrado convincentes, ya en sus partes cómicas, ya en las partes dramáticas.