FICHA TÉCNICA



Título obra Alicia tal vez

Autoría Vicente Leñero

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Augusto Benedico, Yolanda Mérida, Mónica Serna

Grupos y compañías Compañía Nacional del INBA

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Alicia en el país de los horrores” en El Día, 1 septiembre 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Alicia en el país de los horrores

Malkah Rabell

Alicia se ha vuelto adulta. Alicia se ha casado con el hombre de sus sueños. Y Alicia no es feliz. Entonces Alicia abandona el lecho conyugal y la casa matrimonial. y se lanza en busca de una nueva felicidad. Para encontrar su camino, le pide consejos al "Conductor" de la obra. que es indudablemente el autor: ¿Leñero o Lewis Carroll? ¡No importa! El autor conductor está lleno de reticencias. de dudas, de incomprensiones y de falta de fe en las explicaciones de Alicia. Y Alicia misma está llena de falta de confianza en su capacidad para buscarse unas vías nuevas de vida, dispuesta a echarle la culpa de todas sus incapacidades al ambiente, a sus padres al marido. El "Conductor" se lava las manos y la deja correr su suerte. Que no es mucha, que es la de todos nosotros, hombres y mujeres que nos rompemos las uñas en las paredes de las múltiples prisiones que la sociedad nos prepara, y nos fracturamos la columna vertebral en una permanente lucha por conseguir la dignidad en un mundo que carece de ella. Alicia tal vez es la historia de la constante huida ante una vida que ya la destroza, ya le pone el triunfo en la mano, que ya la hace víctima, o bien la hace voluntaria o involuntariamente la victimaria, una Alicia que puede ser el símbolo de todas las Alicias del mundo.

¿Es un sueño? ¿Es un cuento de hadas? ¿Es un cuento filosófico? Hay un poco de todo ello en esta última obra de Vicente Leñero escrita especialmente para la Compañía Nacional del INBA, y que carece de la unidad, del vigor y de la armonía que poseen otras obras suyas. Este "drama" que de repente parece un manifiesto feminista, termina con la vuelta de la mujercita rebelde al seno de la vida conyugal y de la cama conyugal, cuyo calor la protege de los horrores que ha visto allí fuera. Lo que no sorprende si se toma en consideración que el mismo Vicente Leñero pertenece a una sociedad cuyos miembros femeninos aún se resguardan en la protección de los hombres fuertes y dueños del mundo, pese a todas sus protestas.

Bajo la puesta en escena de Abraham Oceransky esta Alicia tal vez nada tiene en común con aquella otra "Alicia" de los conejos, que Oceransky montó hace unos diez años y cuyo éxito lo dio a conocer a un público entusiasta especialmente juvenil. La obra de Leñero se divide en dos actos, y la dirección le dio dos tonos distintos. El primer acto prometía y se impuso por la actuación de Augusto Benedico como el padre anciano de la heroína. Fue el único papel que logró interesar y crear un tipo real de viejo egoísta, sólo preocupado por sus propios caprichos y su propia dominación. Este primer acto conservaba cierto orden y cierta construcción dramática que imponía unidad al conjunto. El segundo acto empezó y terminó en el caos, en el desorden. En las escenas colectivas cada uno parecía actuar por su lado, como la escena de los oficinistas, y sobre todo la de los modelos que trata de captar la cámara de Aníbal, el fotógrafo estrella, y que domina la presencia de la modelo estrella en la que se transformó Alicia. Todo este episodio resultaba insoportable y feo. La única intérprete que se salvaba en su episódica aparición fue Yolanda Mérida como la coreógrafa lesbiana. En cambio, en el papel de Alicia, Mónica Serna que en el primer acto parecía alcanzar el dominio de la protagonista por su tono de nerviosa protesta, lo perdía en el segundo, y molestaba por las exageraciones que imponía a su personaje, por la sobreactuación que llegaba a lo histérico, sobre todo en la escena donde está vestida de hombre y donde su figura parece sacudirse como en un delirio. Tampoco dejaba de molestar la monotonía del tono a veces histérico y otras veces lloriqueante que usaba desde el principio hasta el final del mismo acto.

En cuanto a la última escena. que trataba de ser el climas del espectáculo con su desfile de hombres torturados. esclavizados y a su vez sádicos, su influencia de Kantor y de La clase muerta de la compañía polaca Cricot 2, era tal que resultaba chocante.Nunca segundas partes fueron buenas, en especial si tomamos en cuenta que ya Julio Castillo recurrió a la misma influencia en Los bajos fondos. Y lo que más nos sorprendió fue que la escenografía, igualmente debida a Oceransky quien siempre ha demostrado un gusto muy peculiar y refinado por las partes plásticas de sus espectáculos en esta oportunidad era de muy poca calidad.