FICHA TÉCNICA



Título obra Los padres terribles

Autoría Jean Cocteau

Dirección Daniel Salazar

Elenco Stella Inda, Berta Moss, Jorge del Campo, Miguel Ángel Ferriz, Liliana Abud

Escenografía Humberto Figueroa

Espacios teatrales Teatro Tepeyac

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los padres terribles” en El Día, 25 agosto 1980, p. 25




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los padres terribles

Malkah Rabell

Hace 40 años, Los padres terribles de Jean Cocteau, el célebre poeta francés, se estrenó en México bajo la dirección de Xavier Villaurrutia, con María Tereza Montoya en el papel protagónico. El anuncio de la reposición de la obra en el teatro Tepeyac, me espantó. Me imaginé que actualmente la obra debe antojarse insoportablemente envejecida, fuera de época tanto por su terna como por su estilo. Cuál no fue mi sorpresa al darme cuenta desde el primer acto que la obra logra mantener el interés del público hoy, como lo hacía en el tiempo de su estreno; el seductor Jean Cocteau mantiene su encanto. Se trata de un melodrama, muy hábil, muy ágil, con un lenguaje de una nerviosa inteligencia, aunque bastante inverosímil, no tanto por su "nudo de vaudeville", según dice el propio Cocteau, no tanto por su argumento, como por la conducta de sus personajes que constantemente se contradicen, y hasta llegan a realizar actos incomprensibles. Esa familia que vive entre el desorden físico, económico y moral, transformando su casa en un carromato de gitanos, y su vida en una permanente situación de desclasados, a quien mantiene una cuñada dueña de una pequeña fortuna, se enfrenta de repente a una situación que fluctúa entre el vaudeville y el drama: el hijo encuentra el amor entre los brazos de la amante de su padre, y los tres ignoran la realidad de su condición. Empero, lo que interesa al dramaturgo, lo que da razón al título, no es la intriga, sino el carácter de la madre, la madre terrible, la que es capaz de hacer morir al hijo de pena, y morir ella misma, con tal de mantener a su "niño" pegado a sus faldas, a su dominio. Lo que se suele llamar en la sicología moderna, complejo de Edipo. Complejo y carácter materno que abundan en nuestro tiempo igual que hace 40 años.

Bajo la dirección de Daniel Salazar, vuelve al escenario, después de más de una década de ausencia; la veterana actriz cinematográfica, Stella Inda, en el papel de Ivonne, la madre dominante, absorbente y terrible. Pero ya ni física, ni dramáticamente se presta para esta interpretación. El artista, sea cual sea su campo, pintor, actor, músico, novelista, si abandona la pluma, el pincel o el escenario, durante un tiempo prolongado, no puede pretender recuperar de inmediato su fuerza creativa. A menudo ya nunca la recupera, La incapacidad de la figura central de mantener al personaje a su debida altura dramática, desquicia en cierto modo toda la puesta en escena, que no logra salvar el resto del reparto, aunque entre este figuran actores tan conocidos como Bertha Moss y Jorge del Campo.

En el caso de Bertha Moss, a la que conocimos como una excelente comediante que dominaba con igual vigor el drama y la comedia, los papeles serios como los risueños, aunque no ha dejado de ser una actriz de categoría, sus prolongadas presencias en la televisión le han impuesto un sonsonete del cual no puede liberarse. No obstante, en el papel de Leo, la cuñada, ordenada, sensata, contradictoria y enamorada del marido de su hermana, Bertha Moss, crea un personaje con su proverbial elegancia, con su habitual claridad de dicción, con su sutil sentido del humor, que forma la columna vertebral del espectáculo y que encanta al público. En el papel del marido, Jorge del Campo da una vida muy real a ese hombre débil, incapaz de defenderse y de defender su conducta, fluctuando entre su egoísmo y la fundamental decencia de su personaje. Pero, quien mayormente llama la atención por su viveza, su temperamento, su creatividad en la figura de Michel, el hijo inmaduro, es el joven Miguel Ángel Ferriz, ya algo más que una promesa para la nueva generación de actores mexicanos. Cierra el breve reparto, la joven principiante, Liliana Abud, en el papel de Madeleine, el amor de padre e hijo, que aún no domina el escenario, pero promete.

Extraña el concepto escenográfico de Humberto Figueroa. No veo muy bien cuál es la semejanza de un semicírculo excesivamente lujoso, tal como presentó el escenario, con un carromato de gitanos como pretendió el autor. Desear a toda costa imponer la originalidad a un foro que exige una atmósfera distinta no es siempre admisible. Me sorprende que el excelente director Daniel Salazar lo haya admitido.