FICHA TÉCNICA



Título obra Panorama desde el puente

Autoría Arthur Miller

Dirección Marta Luna

Elenco Julio Alvarado, Luchi González, Tere Quintanilla, Iván Juárez, Óscar Castañeda, Jesús García C.

Escenografía Dora Montiel

Grupos y compañías Alumnos de segundo año de la Escuela de Actuación del INBA

Espacios teatrales Teatro Xavier Villaurrutia

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Panorama desde el puente” en El Día, 28 julio 1980




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Panorama desde el puente

Malkah Rabell

Cuando la obra interesa, el tiempo no cuenta, las horas pasan volando. Y Panorama desde el puente de Arthur Miller, que presentan en el teatro Villaurrutia los alumnos del segundo año de la Escuela de Actuación del INBA, parece durar 30 minutos cuando en realidad permanece en escena durante una hora y media. El tiempo justo que debe durar una obra hábilmente construida, con sentido del ritmo y conocimiento del argumento, tan peculiar en el dramaturgo norteamericano. Ni siquiera los jóvenes actores, cuyo noviciado nos parecía muy peligroso en una obra que exige intérpretes de muchas tablas, y hasta un "monstruo sagrado" para el papel protagónico como es Eddie Carbone, pues ni siquiera esos actores novatos lograron destrozar este fuerte drama. No sé si fue la dirección –que en el programa de mano llaman coordinación– de Marta Luna, que logró poner en valor lo mejor de esos seis actores: Julio Alvarado, Luchi González, Tere Quintanilla, Iván Juárez, Óscar Castañeda y Jesús García C. (Los cito tal como aparecen en el programa de mano, que no está muy claro), o bien, ya son discípulos que prometen y van a dar mucho en el futuro.

El caso es que no es muy adecuado para alumnos de segundo año enfrentarse con semejante responsabilidad. Y fui al espectáculo con la intención de hacérselos notar. Me alegré mucho no tener que hacerlo. Tampoco voy a decir que fueron todos perfectos. ¡No! Aún falta mucho para la perfección: tanto estudios como experiencia. El conjunto dominaba más la voz que el cuerpo. Se sentían aún muy inseguros en el dominio del escenario. Lo que es muy natural. Todavía no sabían moverse con libertad por la escena. Pero estas son técnicas que se aprenden con el tiempo y sobre todo con la actuación, con la experiencia. El moverse a través del escenario con el tiempo llega a ser para el actor como una segunda naturaleza.

En cuanto a las posibilidades de esos jóvenes intérpretes, la actriz que actuaba en el papel de la sobrina, hizo gala de una muy hermosa voz, rica en modulaciones, de amplia potencialidad. Fue la que más hermosa voz tiene del conjunto. Lástima que le sobren unos kilos. Es un lujo que una actriz apenas en sus inicios no puede permitirse. ¡A sufrir, pues, y a ponerse a dieta! De las figuras masculinas, el que mejor presencia tiene, y actúa con sobriedad, es Óscar Castañeda en el papel de Marco, el italiano que llega ilegalmente a los Estados Unidos. Desde luego, es el papel más simpático de todos. En tanto que Rodolfo, el hermano del anterior, el italiano güero, que canta, aunque no sepa hacerlo, que cocina y conoce de costura femenina, es un personaje dudoso, y ni Jesús García, ni tampoco otros actores a quienes he visto interpretar el mismo personaje en otras puestas en escena, han logrado salvarlo de lo desagradable. En el episódico papel del abogado, Julio Alvarado ya demuestra ser actor. En tanto, Iván Juárez, como Eddie Carbone, la figura central de este drama de pasiones exacerbadas, que aúna lo sicológico con lo social, y hasta con lo político, que entrelaza el drama de amor con el de la falta de trabajo en su país natal que obliga a emigrar a esos dos jóvenes italianos al rico país del Tío Sam, donde han de esconderse en la ilegalidad, cambiando el hambre por el miedo, pues Iván Juárez en el complejo personaje de Eddie Carbone, aún no da el ancho, pero ya señala muchas posibilidades dramáticas para algún otro papel de menor envergadura.

La escenografía de Dora Montiel, que debe crear el ambiente donde vive con mucha sencillez en la familia de Eddie Carbone, trabajador de los muelles, no señala nada de especial. El puente que sirve en la mayoría de las puestas en escena de la misma obra como punto de referencia al título, aquí no existe. Es simplemente una casa, como cualquier otra donde viven inmigrantes italianos en un barrio pobre de Nueva York.

Una obra que no envejece y que ha servido a Marta Luna y su grupo para realizar un buen trabajo, desde luego a nivel escolar.