FICHA TÉCNICA



Título obra Aló... aló... número equivocado

Autoría Julio Admunes

Dirección Rafael Banquells

Elenco Rogelio Guerra, Rafael Banquells, Rocío Banquells, Miguel Couturier, Elisa Aragonés

Grupos y compañías Actores del Sindicato de Actores Independientes (SAI)

Espacios teatrales Teatro 11 de Julio

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Aló... aló... número equivocado” en El Día, 21 julio 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Aló... aló... número equivocado

Malkah Rabell

De tanto en tanto, es necesario recurrir a la frivolidad para cambiar de ambiente, mudar de estado de ánimo y olvidar las penas. Pero, si en busca de tal desahogo vamos a ver una comedia o un vaudeville. por lo menos las obras de este género han de ser graciosas, inteligentes y divertidas. Pues, tuve la mala suerte de haberme encontrado con Alo... Aló... Número equivocado: comedia que firma un cierto señor Julio Admunes, comediógrafo que no tengo el honor de conocer, y que a decir verdad tampoco tengo deseos de volver a encontrar en mi camino. Comedia que no posee ninguna de las virtudes antes mencionadas. La estrenaba en el teatro 11 de Julio, que apenas empieza a "calentarse". un grupo de actores formado por Rogelio Guerra, Rafael Banquells, Rocío Banquells, Miguel Couturier y Elisa Aragonés. Para la calidad del espectáculo confié sobre todo en Rogelio Guerra que es un excelente intérprete, y bien dirigido sabe enfocar tanto la comedia como el drama. Parece que no fue éste el caso.

¿Quieren saber de qué trata la obra de Julio Admunsen? Pues ahí va a grandes rasgos el "contenido". Una señorita al despertar en una habitación de hotel, se encuentra con un extraño dormido en el suelo. El hombre, en estado de embriaguez se equivocó de número y entró en el cuarto de su vecina por la ventana. Esta situación trae una cantidad imprevisible de enredos que terminan por lanzar en brazos uno del otro a esos dos personajes que apenas se conocen y están en vísperas de casarse cada uno por su lado. Desde luego, el matrimonio. o mejor dicho los matrimonios, se llevan a cabo, pero cambiando de parejas. No sé si con semejante punto de partida se puede llegar a una comedia de calidad y de interés. Tal vez si el comediógrafo es muy hábil puede lograr el éxito con cualquier argumento y con muy reducido número de elementos. Lamentablemente no fue así con Aló... aló... número equivocado. Aquí los elementos eran muchos y la calidad poca. Y tanto la dirección de Rafael Banquells como el reparto, en lugar de ayudar a mejorar el espectáculo, hicieron al parecer todo lo posible para vulgarizarlo.

La primera impresión que causaba el espectáculo era de que en el escenario todo se improvisaba, desde el texto hasta las actitudes. Todo el mundo jugaba ping-pong con las morcillas. Parecía como si los actores del reparto se divertían entre sí, sin preocuparse por saber si también el público se divertía. Rocío Banquells. en el papel de Valentina, la joven sorprendida en su intimidad por un desconocido, se reía constantemente de los chistes –¿improvisados?– de su papá (en la realidad), quien a su vez hacía un papel de mesero, que resultó pesado, excesivamente prolongado y tonto. Un papel que tal vez hubiese tenido cierta gracia de durar cinco minutos en el escenario por cada aparición. Pero Banquells, entusiasmado con su propia comicidad, ya no quería bajar de la escena. La misma Rocío Banquells no era adecuada para su papel, ni física, ni artísticamente. Su voz es demasiado aguda, y su aspecto demasiado juvenil. Miguel Couturier, como el novio antipático, y Elisa Aragonés, como la novia distraída (la distracción es siempre un magnífico elemento de risa) resultaron muy correctos. Pero, Rogelio Guerra, de quien esperábamos la salvación, abandonando sus propios esfuerzos, terminó por aburrir en escenas repetitivas, y a veces hasta tontas.

El grupo de actores que estrenó esa comedia pertenece al SAI, y nos da mucha tristeza si los actores que tratan de mejorar las bases de la vida sindical de su profesión, no tratan de hacer lo mismo con las bases de su arte.