FICHA TÉCNICA



Título obra La máquina

Autoría Alejandro Licona

Dirección Marta Luna

Elenco Marta Serret Bravo, Raymundo Robles, Gloria Olivares

Coreografía Guillermo Serret Bravo

Música Larry Borden / musicalización

Grupos y compañías Actores de la UAM-Xochimilco y de la Esuela Libre de Artes Teatrales ELAT)

Espacios teatrales Teatro Ricardo Flores Magón

Eventos Temporada de la Nueva Dramaturgia Mexicana presentada por la UNAM

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La máquina, nueva dramaturgia mexicana” en El Día, 14 julio 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La máquina, nueva dramaturgia mexicana

Malkah Rabell

La idea de Alejandro Licona no deja de ser buena. Aunque resulta imposible establecer hasta dónde llega la creatividad del dramaturgo, y dónde se inicia la intervención de la directora, Marta Luna. La máquina sigue la misma línea escénica que El primero de Horovitz, y de La mudanza de Vicente Leñero: una situación creada en torno de un objeto o de un hecho. En El primero, historia de una "cola" callejera; en La mudanza historia de un cambio de domicilio. En el caso de la obra de Licona, es en torno de una máquina fabril que la situación se desarrolla. No existe argumento dramático alguno, ni tampoco estructura sólida, sino simples episodios cotidianos, que pueden suceder en una fábrica: accidentes de trabajo; un intento de paro; despido de obreros; intrigas para comprometer a trabajadores demasiado conscientes; pero, sobre todo, en esta pieza de un acto, se pone en evidencia la persecución del elemento laboral femenino. Parece como si en esa fábrica, todo el mundo –obreros, ingenieros y capataces– sólo tuvieron la idea fija de tener relaciones sexuales –por las buenas o por las malas– con las trabajadoras. Todos esos breves episodios no tienen unidad entre sí y llegan a mezclarse bastante caóticamente.

La obra se inicia con un desfile de obreros que van a su trabajo, plásticamente sugestivo. Pero se hace difícil entender por qué esos trabajadores parecen un hato de seres enfermos, destrozados, ya inútiles para vivir, que se arrastran como presos salidos de un campo de concentración. En realidad, el único insano en esa fábrica es un obrero que padece un mal venéreo que le transmitió una de las trabajadoras no muy santa. Y el remedio para esta clase de enfermedades en nuestra época por fortuna es ya bastante rápido. Igual desfile de "presos" fabriles cierra el espectáculo y deja al espectador desmoralizado y con el deseo de rehuir cualquier labor física. Creo que la directora ha exagerado el deprimente efecto del trabajo industrial.

Lo que salva la representación es sobre todo la coreografía que se prolonga en torno de la máquina a todo lo largo del espectáculo. Una danza que imita los movimientos mecánicos de la "Máquina" devoradora de hombres, que se traga su juventud, su salud, su alegría y sus vidas. Esta coreografía es de por sí una obra dramática, y casi podría llamársela un show aparte, si no fuera que tiene mucha unidad con todo el espectáculo. Se debe al joven coreógrafo mexicano, Guillermo Serret Bravo, quien estudió danza moderna y en especial danza de Martha Graham en Nueva York. Los movimientos dancísticos se producen a su vez bajo el ritmo extraño y sugestivo de la musicalización de Larry Borden, trompetista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Jalapa.

El reparto fue distribuido entre los actores de dos conjuntos: el grupo UAM (Universidad Autónoma Metropolitana) de Xochimilco, y algunos miembros del ELAT (Escuela Libre de Artes Teatrales) elementos egresados de la Escuela de Actuación del INBA. Acerca de estos jóvenes actores no hay gran cosa que decir: aún no saben hablar, y aún menos mantenerse en el escenario; algunos andan doblados y otros lloriquean constantemente. Imposible exigirle al director que haga milagros. Los dos únicos intérpretes que lograron destacar con cierta naturalidad, fueron: Marta Serret Bravo, como la pseudo-prostituta empeñada en conquistar a todos en la fábrica; y Raymundo Robles, como Ernesto, el único obrero consciente y luchador.

Uno de los elementos más importante de la representación fue la "Máquina", escenografía debida a Gloria Olivares que encontró formas plásticas muy interesantes para este monstruo escénico.

Espectáculo que hace parte de la temporada de la "Nueva Dramaturgia Mexicana que presenta la UNAM en el teatro Ricardo Flores Magón, aunque incompleto desde el punto de vista artístico, gustó no obstante al público no sólo la noche del estreno, sino la noche siguiente, cuando el teatro volvió a llenarse con un público especial: los habitantes de la Unidad Tlatelolco, que aplaudían con entusiasmo a este nuevo dramaturgo mexicano: Alejandro Licona.