FICHA TÉCNICA



Título obra Cuatro para un bebé

Autoría Peter Nichols

Elenco Margarita Isabel, Rolando de Castro, Gilberto Pérez Gallardo, Anna Silvetti, Sergio Acosta, Miguel Couturier

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Cuatro para un bebé” en El Día, 25 junio 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Cuatro para un bebé

Malkah Rabell

No deja de ser curioso que tres actores universitarios se dediquen de pronto a una comedia comercial. Se trata de Margarita Isabel, Rolando de Castro y Gilberto Pérez Gallardo, a quienes se agregó una joven y guapa actriz, Anna Silvetti, a la cual realmente no conozco, pero que tiene una linda voz y una clara dicción. La obra que eligieron no es de lo más granado ni tampoco de lo peor en el campo de semejante teatro. Su máxima ambición es hacer reír. Y para hacer reir prefiero a Molière, Bernard Shaw o en el último caso a Georges Feydeau. Pero hay un determinado público que lanza carcajadas mucho más fácilmente ante un texto de Peter Nichols, el autor de ese Cuatro para un bebé. A decir verdad tampoco sé quién es Peter Nichols. Además el título lleva como subtítulo: Chez nous, expresión francesa que casi no tiene traducción: "entre nos", "en nuestra casa", "en nuestro hogar", "con nosotros" o algo por el estilo. Así que tampoco estoy segura a qué nacionalidad pertenece la comedia: francesa, inglesa, norteamericana o mexicana. Porque al público nuestro le llega en una adaptación nacional, adaptado a nuestro propio país. Para colmo, a una región determinada: la norteña. Y en resumidas cuentas, unos hablan en norteño, otros en indio, y otros más en un español académico. ¿En qué quedamos por fin? De todo ello logré entender muy poco, y reír aún menos.

La comedia presenta el caso de un recién nacido de quien se desconocen los padres. No sólo el padre, sino hasta la madre, lo que resulta más complejo. Cuatro amigos están dispuestos a jugárselo el todo por el todo para quedarse con el bebé.

Unos porque realmente son los abuelos, y otros porque desean adoptar un hijo.

Lo único divertido de la comedia resultaba la manera de hablar norteño de Margarita Isabel, que lo hacía con mucha gracia. También fue ella quien dirigía la puesta en escena, que sin llegar a grandes honduras ni hallazgos, tampoco era muy mala. Al lado de Margarita Isabel, tomaba parte este excelente actor que tantos años actuó en los grupos de Héctor Azar y que se llama Gilberto Pérez Gallardo. Si bien después de veinte años lo recuerdo aún en el papel de Vasco el peluquero de Georges Schehadé, en cambio me causó tan poca impresión en este Ricardo de Cuatro para un bebé que de plano no lo recuerdo después de haberlo visto hace ocho días. Lo mismo me pasa con la interpretación de Rolando de Castro. Creo que no fue del todo malo Sergio Acosta en el papel de Tláloc, un indiecito norteño que no se sabe muy bien lo que hace en la hacienda del matrimonio Ricardo–Isabel. Ni siquiera puedo recordar qué impresión me causó Miguel Couturier en el personaje de un periodista que viene a entrevistar al dueño de casa, un famoso escritor a punto de publicar un libro que parece estar destinado a tener un gran éxito. Pero ¿cómo es posible que la esposa de ese escritor, ella misma maestra o algo por el estilo, hable el español como una campesina? Me imagino que la lógica no es el lado fuerte de todo este espectáculo.

Y yo me pregunto si vale realmente arriesgar dinero y prestigio de actores serios para poner en escena una obra tan poco atractiva y que seguramente ni cubrirá los gastos. ¡Ay, pero este amor al teatro! ¡Ay, esta necesidad de actuar a como dé lugar!