FICHA TÉCNICA



Título obra En español se dice abismo

Autoría Miguel Ángel Tenorio

Dirección Dante del Castillo

Elenco Gabriela Cedillo O´Shea, Nieves Marcos Daván, Jorge Acuña, Luis Felipe Tovar, Francisco Octavio Báez, Felipe Solís

Espacios teatrales Teatro Ricardo Flores Magón

Productores UAM

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. En español se dice abismo” en El Día, 16 junio 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

En español se dice abismo

Malkah Rabell

Obra de un nuevo dramaturgo mexicano: Miguel Ángel Tenorio, se presenta desde hace varias semanas en el teatro Ricardo Flores Magón bajo los auspicios de la Universidad Autónoma Metropolitana. Pieza en dos actos, lleva al escenario los problemas que surgen entre padres e hijos, entre la generación pasada y la nueva, entre quienes cada vez más se ahonda la brecha, hasta crear lo que el autor por boca de su protagonista llama: Abismo. Más, para enfocar el conflicto padres-hijos, el autor recurre a un argumento y a una estructura muy poco originales: la archiconocida historia de la adolescente que se "entrega" a un muchacho irresponsable. Semejante historia no ofrece nada nuevo para la solución de los problemas generacionales, ni nada interesante para su enfoque emocional o intelectual.

Por otra parte, este breve melodrama, si bien se mira no es tan enemigo de la familia tradicional. Los padres, con toda su anacrónica y obsoleta manera de mirar la vida y de tratar de imponer sus puntos de vista a la hija, en fin de cuentas tienen razón. La verdad resulta aún peor de lo que esa "momiza" pretendía. Si los padres de Mónica la regañaban porque tenía relaciones con un vago de poca moralidad y de poco porvenir, su instinto no los engañaba. Ese José Luis de quien Mónica pretende ser enamorada, tal vez sólo para molestar a sus padres y llevarles la contra, es algo más que un vago común y corriente, es un sinvergüenza, cobarde, capaz de todas las bajezas y lo único que persigue es la satisfacción de sus apetitos sexuales.

Hay mucho de telenovela en este pequeño drama: En español se dice abismo. Lo salva cierto sentido del humor y un realismo sin pretensiones. Obra bastante lineal, no se distingue ni por su lenguaje plano, ni por el diseño de los personajes, que son superficiales. Es un pálido cuadro de la vida cotidiana, con sus padres típicos, fuera de onda, su hija igualmente típica, pero de la onda, que no sabe muy bien lo que quiere. Quizá el mejor diseño que hizo Miguel Ángel Tenorio es el de José Luis, el novio que es tan sinvergüenza que hasta se sale de un marco común por lo exagerado. También los dos agentes que siguen a la joven pareja y los sorprenden en el hotel, están bien diseñados y con conocimiento de causa.

Tampoco la dirección de Dante de Castillo llega a grandes profundidades. Tal vez el texto no se presta para mucho más. La dirección se contenta en señalar las distintas posiciones de cada intérprete, y para darle un poco de audacia vanguardista desnuda al joven. Por fortuna una sola vez. Las otras veces se contenta en quitarle los pantalones y pasearlo por el escenario en calzones, para la máxima alegría del público infantil, el cual ocupaba las dos primeras filas, pese a serle prohibida la entrada al espectáculo, que se anunciaba como exclusivo para adolescentes y adultos. Una de las máximas fallas de la dirección era no prestar atención al actor cuando dejaba de hablar.Cada uno de esos seis actores, y en particular Gabriela Cedillo O'Shea, en el papel de Mónica, se preocupaba de los gestos y de la mímica mientras pronunciaba su parlamento. Una vez terminado éste, el intérprete quedaba clavado donde estaba, sin moverse y sin preocuparse de los demás, Mónica permanecía sentada en la cama, sin reaccionar y sin que se le moviera un rasgo de la cara, mientras negaban a su novio, mientras en su torno se creaba una situación de catástrofe.

En cambio, Nieves Marcos Daván, como la madre; Jorge Acuña como el padre, Gabriela Cedillo O'Shea, como la hija y Luis Felipe Tovar como José Luis, así como los dos agentes, Francisco Octavio Báez y Felipe Solís tenían bastante buenas voces, y clara dicción. Por lo general en condiciones similares, no se puede ser muy exigentes a nivel universitario los seis intérpretes resultaron correctos. En cuanto a la escenografía seguía un lineamiento tan sintetizado, que parecía inexistente. El interés de esa representación reside más que nada en la aparición de un nuevo dramaturgo mexicano, que ya no puede considerarse como novel, ya que es autor de varias obras dramáticas y escribe: Los cuentos de María Luisa para el Canal 11 de televisión. Como es de reciente promoción, no le exigimos muchas maravillas, pero sí algo más de ambiciosa creatividad tanto de ambiente como de argumento, tanto de estilo como de lenguaje.