FICHA TÉCNICA



Título obra Cervantes

Autoría Joseph Szajna

Dirección Joseph Szajna

Grupos y compañías Teatro Estudio de Varsovia

Espacios teatrales Teatro Principal de Guanajuato

Eventos VIII Festival Internacional Cervantino

Referencia Malkah Rabell, “El expresionismo de Szajna” en El Día, 19 mayo 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El expresionismo de Szajna en Cervantes

Malkah Rabell

Me quisieron explicar el texto de Szajna con el cual nació Cervantes en el Teatro Estudio de Varsovia. Pero yo nada quiero que me expliquen, que nada me digan. Me quisieron hacer leer un folleto de Szajna, publicado en español por "Estudio, Teatro, Galería", donde actúa Szajna en su país. Pero yo nada quiero leer acerca de esa representación que vi en el Teatro Principal de Guanajuato. Tan sólo quiero oír la explicación de mi corazón, el tic-tac de mi vientre donde las imágenes de esta obra se hunden como un puñal que se retuerce en la herida, para qué entender, cuando basta sentir. Y esta pieza de un poeta-pintor-hombre de teatro cómo Szajna, está hecha para ser sentida, sufrida en cada gota de sangre y en cada célula del cuerpo.

Espectáculo visual de un pintor no abstracto, ni mucho menos, sino expresionista, cuyos cuadros apocalípticos atraviesan Goya y Daumier. Y es tal la cantidad de imágenes que empieza en la escenografía, que se transforma y multiplica constantemente, y sigue en los personajes, en sus actos y movimientos como si un artista plástico los estuviera transformando una y otra vez hasta el infinito. Espectáculo visual que se basa no en el lenguaje del cuerpo, sino en el lenguaje de la imagen, y sus harapos son semejantes.

Ahí llega Cervantes, viene de la guerra, y sus harapos son semejantes a los de los soldados de las 2 guerras pasadas, la primera y h segunda, y en todas las contiendas habidas y por haber. Va descalzo, lanza en mano, y su casa paterna va siendo invadida por vecinos que rompen, destrozan y queman sus libros de caballería. Acto que se ha repetido tantas veces en la historia que ya ignoramos a quiénes adjudicar su invento. Libros de caballería, o libros de rebeldes e inconformes, que nos llevan hacia otros mundos, donde el hombre es aún capaz de amar, de soñar y de sacrificarse. Libros de caballería, de rebeldes o de inconformes del mundo entero. Ahí llega el pobre y destrozado, el solitario y desolado y hambriento de amor y de pan, manco de Lepanto, caballero de la marca que puede ser tú, o yo, o Cristo, o Mayakovsky, y hasta el Che Guevara, pero que es sobre todo Szajna mismo, con su rostro ascéptico, con una soledad y su número de campo de concentración en el antebrazo, como si en esta parte de su cuerpo se hubiera impuesto para siempre la invalidez del autor de El Quijote, y como si en su mente de poeta y de artista plástico la humanidad ya no pudiera tener otro rostro que el de verdugos. Cuando el director cinematográfico polaco Kavalerowicz estuvo en México hace poco, en una entrevista por televisión dijo: "Los hombres de la generación de la guerra del 39, han sido marcados por el estigma de esos años, para toda la vida". Y Szajna aún no se puede liberar de sus sangrientas imágenes, de sus inhumanas huellas. Su alma quedó enferma: "La muerte está en mí y yo tengo que dormir con ella", dice en Cervantes el protagonista, y tal vez Szajna lo piensa.

Cuando en 1975, en el Festival Cervantino de aquel año, Szajna se presentó en Réplica, la obra era casi silenciosa, y las imágenes hablaban por sí solas. En Cervantes, Szajna habla casi, diría yo, excesivamente, y la incomprensión del idioma polaco dificulta el acercamiento al meollo del drama a nuestro público, le impide captar el oculto y terrible mensaje de esa obra que debe su texto tanto a Szajna como a Cervantes.Un texto que se equilibra con la imagen y la parte plástica. Texto e imagen se aúnan en la pelea contra los molinos de viento de Cervantes, cuando el autor de El Quijote queda crucificado en sus aspas, en esta cruz invertida, donde permanece desnudo. Texto e imágenes se aúnan cuando Cervantes, que va por el mundo seguido por su doble, Sancho Panza, como el caballero de la triste figura iba seguido por su escudero, se queda sentado mirándose vivir en la figura del otro, del realista y conformista Sancho. O esa otra imagen, cuando Cervantes cabalga por los aires en un extraño armatoste que a todas luces es un caballo confeccionado con toda clase de piezas por la imaginación de un artista. Un artista que deforma la imagen real con esta fuerza dramática y poética de los expresionistas. Y por fin, para los últimos episodios Szajna traduce el texto al español, y al público nuestro mucho más hondo le penetra ese drama donde la palabra tiene tanta importancia como la imagen.

Si al salir de Réplica dije, cuando me preguntaron si me gustaba: "Aquí no es cuestión de gustos... aquí sólo nos queda caer de rodillas y rezar por una humanidad destrozada", así al abandonar la sala donde se presentaba Cervantes, sólo nos quedaba ponernos a gritar. Ante esas últimas imágenes que nos perseguían, del juicio de Cervantes, condenado por la Iglesia, en tanto la Santa Trinidad lo observa de lejos bajo la mirada impasible de la muerte permanente, sólo nos quedaba como ante un dolor físico demasiado agudo, lanzar un aullido de indefensa desolación.