FICHA TÉCNICA



Título obra El testamento del perro

Autoría Ariano Suassuna

Dirección Rafael Sandoval

Elenco Joaquín Osuna Leyva, Gilberto Villarreal Gastelum, José Manuel Frías Sarmiento

Grupos y compañías Taller de Teatro Difocur de Culiacán, Sinaloa

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Eventos Tercera Muestra Nacional de Teatro de Provincia en Mëxico

Notas Difocur es Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional. Joaquín Osuna Leya, aparece en el artículo con dos nombres iniciales distintos del nombre compuesto: José y Juan

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Tercera muestra en provincia: El testamento del perro” en El Día, 30 abril 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Tercera muestra en provincia: El testamento del perro

Malkah Rabell

Con las aventuras de un legendario personaje, que puede ser nacional como universal, comparable a nuestro Pito Pérez, o al español Lazarillo de Tormes, el dramaturgo brasileño, Ariano Suassuna, escribió una obra que tiene algo de farsa y algo de teatro medieval, pero conjunto es una pieza que difícilmente puede colocarse, enmarcarse en una corriente determinada: El testamento del perro. Con un estilo muy personal, que igual dificultad presenta para definirse, el director, Rafael Sandoval la puso escena con el Taller de Teatro Difocur de Culiacán, Sinaloa. Difocur significa Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional, y como tal llevó el espectáculo por todo el Estado. presentándose en los lugares más alejados del teatro tradicional, como rancherías, pueblos y atrios de iglesia, manteniendo en suspenso a los públicos más diversos, que a menudo llegaban a los 2 mil espectadores.

En su singular y alegre espectáculo popular, Rafael Sandoval, joven director becado en Inglaterra donde estudió teatro durante 18 meses, y actualmente director de la Compañía de la Universidad de Guadalajara, lanza sobre el foro a una veintena de jóvenes actores que cantan, bailan y actúan con el ímpetu y el temperamento apasionado de gente enamorada del arte escénico. José Joaquín Osuna Leyva, como Juan Grillo, parece incansable, y durante el lapso de 2 horas no baja del escenario. Personaje como lo encontramos en los más diversos folclores, mentiroso, inventivo, capaz, a fuerza de mañas, de sacarle agua de una piedra y una perra gorda a cualquier bolsillo; que siempre tiene dispuesta alguna fantástica historia para poner en aprietos a más de una personalidad importante: al cacique del pueblo, al señor cura, a su sacristán, al señor obispo, al típico panadero, el tonto, y a la más típica aún esposa del panadero, que en todas partes del mundo suele adornar la frente del marido con vistosas astas. Nuestro Juan Grillo convence a quien le conviene que un perro dejó un testamento, y cuando llega al otro mundo, hasta el diablo le teme. Mas, logra persuadir de sus buenas intenciones a la Virgen Misericordiosa, que se vuelve su mejor abogada ante su hijo, Manuel, Jesús, Cristo, Salvador, –o cualquier otro nombre que los pueblos adjudican– al Hijo del Hombre.

Compañero inseparable del pícaro Juan Grillo, es el inocente Chico, ingenuo, sin malicia, mentiroso como los niños y creyente como el pueblo. Un chico que no sabría defenderse en la vida, si no fuera por la protección de su amigo, el Grillo. En tanto éste demuestra que en un mundo de sinvergüenzas es menester serlo mucho más que todos para sobrevivir. La pareja de los 2 muy jóvenes actores, Juan Joaquín Osuna Leyva como Juan Grillo y Gilberto Villarreal Gastelum, como Chico fue estupenda.

El autor recurrió a toda clase de elementos populares, ya sea picardía, ya sea retablos. Y como el director situó el espectáculo en un ambiente mexicano, y como en el marco de Sinaloa fue montado, las danzas son de indios mayos, la pascola, del norte del Estado. Los trajes puede decirse que son de ninguna parte, y la época asimismo puede ser actual cuando un cura bendice un automóvil, o del medioevo, cuando cualquiera creía en milagros. Es esta fantasía literaria que le da toda su libertad artística, y permite adaptarla a cualquier ambiente, a cualquier época.

El espectáculo no permitía un solo momento de monotonía, no decaía a lo largo de sus 2 horas de duración. No es posible citar a 20 actores, pero todos estaban cumpliendo con su cometido, haciendo gala de dicción clara, de buena pronunciación (salvo raras excepciones), de temperamento y alegría. En un escenario prácticamente desnudo, la representación adquiría atmósfera, que como en las obras brechtianas o medioevales tenía un narrador, aquí un payaso, José Manuel Frías Sarmiento, que cumplía el papel del hilo argumental y gozaba de voz sonora y dicción clara, así como de mucha plasticidad corporal.

Un espectáculo que tiene no poco de singular, y que no obstante puede interesar, divertir y mantener en tensión a toda clase de público, desde el más exigente hasta el más sencillo, y que nos ofrece una buena nueva: ¡también en Culiacán hay teatro!