FICHA TÉCNICA



Título obra En un lugar de la mancha

Notas de autoría Miguel de Cervantes Saavedra / autor de la novela Don Quijote de la Mancha; Norma Román Calvo / adaptación teatral

Dirección Acela Castro

Elenco Óscar Flores, Sergio Alatorre

Grupos y compañías Alumnos de la Escuela Teatral del INBA

Espacios teatrales Teatro Xavier Villaurrutia

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. En un lugar de la Mancha” en El Día, 14 abril 1980, p. 17




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

En un lugar de la Mancha

Malkah Rabell

Con el propósito de poner al alcance de niños y adolescentes la genial novela de Cervantes: Don Quijote de la Mancha, y despertar en ellos el interés por la obra original, ha puesto en escena un grupo de alumnos de la Escuela de Arte Teatral del INBA, en el teatro Villaurrutia, una dramatización de diversos episodios cervantinos debida a la señora Norma Román Calvo, bajo el título: En un lugar de la Mancha. No es nada fácil emitir una opinión objetiva y desapasionada sobre una pieza que tanto debe al ilustre manco, y de la adaptadora sólo conserva los movimientos técnicos que le permiten evolucionar en el escenario con vida propia. La señora Calvo eligió los episodios más teatrales y a la vez los más conocidos, los más populares, como la lucha contra los molinos de viento; el episodio cuando se arma caballero; su salida con Sancho Panza; de lo que le sucedió a Don Quijote con unos cabreros; "la brava y descomunal batalla que Don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto", y cómo el gran Sancho Panza rindió justicia salomónica en una ínsula donde era gobernador; y otras aventuras más, que del total de la obra no son más que migajas, pero que montadas con sentido dramático duran en el escenario una hora y media.

Pedagógicamente es sin duda una obra loable, y a muchos niños y no menos adultos que jamás han hojeado las más de 800 páginas del original cervantino, abrirá puertas desconocidas invitándolos a pasar al interior de la monumental construcción. Pero a la vez, esta ambiciosa empresa de Norma Román Calvo, licenciada en lengua y literatura española, especialista en teatro para adolescentes, la enfrenta a una realización que ha sido visto ya bajo numerosos y diversos enfoques, desde la estupenda comedia musical: El hombre de la Mancha que hemos presenciado hace unos años en el Teatro Manolo Fábregas, hasta la película soviética con el mismo titulo que la obra cervantina. Todas aquellas oportunidades de ver dramatizada la figura del ingenioso hidalgo, nos obligan, en cierto modo instintiva y hasta inconscientemente, a hacer comparaciones, y aunque la adaptación que vimos en la sala Villaurrutia esté muy bien escenificada, no siempre sale triunfadora. Y si por algo peca este espectáculo es precisamente por sus intérpretes.

Lo que nos permitió el espectáculo es ver los adelantos de los alumnos de la escuela, de quienes ignoramos a qué años escolares pertenecen. Pero se nos hace que no pasan del segundo. Y si sus maestros les enseñaron a brincar, retorcerse, hacer maromas y emplear esgrima, en cambio se olvidaron por completo a enseñarles a usar el lenguaje, a hablar en el escenario. De los 10 actores que hacen unos 25 personajes, ninguno sabe hablar, ni mantenerse en la escena, ni dar unidad al espectáculo. Este último defecto es más de la incumbencia de la dirección, que pertenece a Acela Castro. Entre el final de un parlamento dicho por determinado actor, y el principio de otro que ha de introducir en la acción a otro personaje, siempre transcurren algunos segundos, lo que da la impresión que los intérpretes ignoran sus papeles. Lo que me parece no es el caso. Tampoco saben manejar los muñecos que usan en las primeras escenas.

Para muchachos tan jóvenes, no era nada fácil caracterizar a personajes mayores. Como es el caso de Óscar Flores en el papel de El Quijote. De lejos daba la máscara visual de su protagonista. Pero la voz no lo ayudaba, ni tampoco la figura demasiado juvenil. En cuanto a Sergio Alatorre como Sancho Panza, parecía un alumno de secundaria haciéndose el gracioso para divertir a sus maestros un día de fiesta. Todo ese material humano aún se encuentra lejos de poder subir al escenario en calidad de actores. Mas, se me hace que sus condiscípulos que llenaban la sala se divertían en grande con la presentación de sus amigos y hasta con sus errores. Paciencia jóvenes, el artista no sólo nace, además se hace, y a ustedes les falta todavía mucho para hacerse.