FICHA TÉCNICA



Título obra Malinche show

Autoría Willebaldo López

Dirección Willebaldo López

Elenco Mónica Miguel, Eugenio Cobo, Willebaldo López

Notas En los corchetes la oración está incompleta en el original y errada por la autora.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Malinche show” en El Día, 19 marzo 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Malinche show

Malkah Rabell

Ante este Malinche show, de Willebaldo López no puedo escapar a cierta perplejidad, el espectáculo me deja vacilante y no logro decidirme por una opinión definitiva. Quizá la idea que guió al autor en ese laberinto de elementos barrocos, no fuera mala, pero el multipremiado dramaturgo no pudo crear la síntesis dramática que toda obra teatral exige, amontonando géneros escénicos y tendencias políticas y hasta a ratos, ambiciosamente filosóficas. Y es bien sabido que, quien mucho abarca poco aprieta. Este pretendido "show" se transformó en una ensalada internacional, donde el único ingrediente permanente fue el odio, sentimiento que fácilmente despierta aplausos, pero difícilmente crea arte.

Willebaldo López que siempre fue un excelente dramaturgo mientras permanecía enmarcado en el estilo figurativo y en el área geográfica nacional, preocupándose por la vida del hombre cotidiano, por sus sufrimientos y sus alegrías, por sus dificultades y por las luchas para sobreponerse a ellas, o para demostrar la incapacidad humana para sobreponerse. En este terreno, que es suyo desde todos los puntos de vista, siempre ha triunfado, tanto ante el público como ante los más diversos jurados que le adjudicaron premio tras premio. Pero en el caso de Malinche show quiso demostrar que puede cambiar de género y alcanzar mucho más complicados triunfos. Y saltó de la parodia a la sátira; trató de burlarse de la ópera y del melodrama; mezcló mitin con revista musical; quiso analizar la historia mexicana y pisotear el imperialismo; y bajo pretextos izquierdizantes, lanzó gritos fascistoides, por odio a las transnacionales dio libre vuelo al más desatado chovinismo. Y para burlarse de la televisión y de sus influencias extranjeras, nos ofreció una auténtica historia de Hechizada, La mujer biónica y El hombre increíble todo reunido en El túnel del tiempo.

En resumidas cuentas quiso ofrecer una visión de los desastres que causa en la vida y en el estado anímico del pueblo mexicano el hecho de ser hijos de la Malinche, herederos del malinchismo, de un complejo de inseguridad, que el autor considera de traición. Todo ello podría dar lugar a un interesante estudio de psicología y de sociología colectiva. Pero al dramaturgo se le fue la mano. Y trajo al escenario a doña Marina y a Hernán Cortés, revividos por medio de esas infernales máquinas que usan los "prestanombres" para dominar el país, al servicio de sus amos extranjeros. Si no fuera suficiente, a la pareja del conquistador con su famosa traductora, se le vino a reunir Cuauhtémoc, éste llegado del más allá sin ayuda de maquinaria, simplemente porque los gritos de la Malinche y del "Malinche" no lo dejaban dormir. Y por fin, al clamor materno: "Dónde está mi hijo", se presentó Martín Cortés en su reencarnación contemporánea. Y este episodio entre la "Cabecita Blanca" y su vástago, que ha de ser una parodia de telenovela, goza de tal verismo, que más bien se nos antoja una excelente escena de melodrama del 10 de mayo. Wilebaldo López siempre tuvo sentido del humor, que a través de toda su obra impidió a sus dramas caer en el patetismo. Pero en el presente caso, a su sentido del humor algo le falló. O fue demasiado grueso o no alcanzó su cometido.

Aparte de todos estos elementos históricos, aparecen en escena numerosos personajes alegóricos: el imperialismo yanqui; las transnacionales, la Iglesia, los "prestanombres", Miss México... Esto se llama pecar por exceso.

En cuanto a la puesta en escena, la misma falta de claridad política y filosófica del texto, su abultamiento, se transmiten al montaje. Hasta una excelente actriz como Mónica Miguel, en el papel de la Malinche, no logra salvarse. Ni siquiera su hermosa voz puede imponer los episodios cantados, que molestan por lo inútiles e inverosímiles. Eugenio Cobo, en la caracterización de Hernán Cortés, a veces escapa al desastre e inspira piedad por este personaje envejecido, que ya nada conserva de su antigua gloria. Willebaldo López como Martín Cortés, recupera la técnica de sus obras que más éxito tuvieron, pero es un episodio fuera de marco esa obra que carece de unidad.

Y vuelvo a la perplejidad del principio. Algunas buenas ideas y algunos buenos elementos, entonces ¿por qué el conjunto no logró salvarse?