FICHA TÉCNICA



Título obra Amor es más laberinto

Autoría Sor Juana Inés de la Cruz y Fray Juan de Guevara

Dirección Ignacio Sotelo

Elenco Sylvia Guevara, Antonio Sanmartín, Teresa Valenzuela, Lucero Trejo, Mauro Mendoza

Grupos y compañías Estudiantes del cuarto año de la Escuela de Actuación Teatral del INBA

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Amor es más laberinto” en El Día, 17 marzo 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Amor es más laberinto

Malkah Rabell

Se trata de una comedia de enredos, debida a la pluma de la Séptima Musa, Sor Juana Inés de la Cruz y de Don Juan de Guevara, que pone en escena en el teatro Orientación el cuarto año de la Escuela de Actuación Teatral del INBA, como parte de sus exámenes. Según nos explica el programa de mano: "El cuarto año de la Carrera de Actuación consiste en la puesta en escena de tres obras que se realizan en forma de talleres, conducidos por maestros de la propia escuela, o por maestros invitados y con producción del INBA. Se presenta durante algún tiempo en el teatro 'Orientación' y en diversos teatros de la ciudad". El responsable en el presente caso del montaje de Amor es más laberinto es el maestro de la Escuela de Actuación, Ignacio Sotelo, y tuvo bajo su batuta a más de 15 alumnos.

En un examen lo que, desde luego, más interesa es el aprovechamiento que de sus años de estudio obtuvieron los discípulos. Lo que más importa es saber cuántos de estos jóvenes realmente ya demuestran pasta de actores, y quiénes tan sólo han perdido su tiempo en menesteres escolares para los cuales no tienen vocación. Lo primero que pudimos observar en este conjunto fue la llamativa apariencia física de la mayoría. La falta de presencia escénica de un gran número de alumnos que eligen la carrera de las tablas, ha sido una de las grandes fallas de la Escuela del INBA, ya que lo primero que debe poseer un candidato para semejante profesión es figura y voz. El talento es una virtud que en un principio permanece un misterio, y lo único visible y oíble es el físico y la claridad de las cuerdas vocales.

Además del aspecto físico positivo, también en el escenario, la noche de Amor es más laberinto voces de cierto volumen, en cambio era mucho menor la claridad de la dicción.Los actores habían aprendido mucho más rápidamente el manejo del cuerpo, la técnica corporal que la técnica vocal, la más difícil de todas. Manejaban la esgrima, pero aún no manejaban con toda perfección el verso, que lanzaban con una rapidez como si alguien los persiguiera. Por ejemplo Sylvia Guevara que interpretaba un papel masculino, el de un criado, el gracioso Racimo, para el cual resultaba demasiado bajita y parecía un niño, se agitaba en un exceso de temperamentalidad y sobreactuación. En tanto hablaba con poca claridad. En cambio, en un papel semejante, el del criado del príncipe de Atenas, Antonio Sanmartín, como Atún, ya daba los primeros pasos de la profesionalidad, en el mejor sentido de la palabra: figura, voz, dicción y temperamento medido. En el campo femenino se puede decir lo mismo de Teresa Valenzuela que en el papel de la Infanta Fedra ya estaba a la altura de una verdadera actriz. También muy agradable y graciosa se mostraba Lucero Trejo como la criada de la anterior. No se puede decir lo mismo de Mauro Mendoza, como el rey de Creta, Minos, quien gritaba demasiado. Una cosa es estar enojado, y otra muy distinta es "interpretar" el enojo. En resumidas cuentas, en este examen, aún no se puede decidir la calificación definitiva, aunque algunos ya se van acercando al diez.

En cuanto a la comedia, no se trata de la mejor de Sor Juana Inés de la Cruz, que emplea aquí la misma técnica de enredos amorosos que en Los empeños de una casa, los enredos característicos de su época, pero en un ambiente que pretende ser griego y es típicamente español, tanto por su sicología como por sus trajes; hasta las princesas, hijas del rey se llaman Infantas. El laberinto resulta tan sólo un símil entre lo tortuoso del amor e igual confusión para abandonar la construcción de Dédalo en la cual el rey de Creta encerró al Minotauro, y del cual el príncipe de Atenas, Teseo, fue salvado por la Infanta Adriadna. Resulta muy curioso que la autora arroje al héroe en brazos de la hermana de quien le salvó la vida, aunque las dos princesas lo amen por igual. Sutileza muy femenina encontrar tal solución dramática, y tal desvío a las noticias históricas que nos muestran a Teseo abandonando a su salvadora en la isla de Naxos, Los hombres no aman a las mujeres que los ayudan y de quienes han de depender. Y las hembras tienen una especial debilidad por enamorarse del mismo hombre. Mal, pese a tantos enredos, la comedia no divierte mucho y el público queda bastante frío. Tampoco la dirección de Ignacio Sotelo, pese a ciertos hallazgos, le da al texto mayor atracción. Pero éste cumple su cometido al permitir a los jóvenes intérpretes mostrarse en la difícil tarea de representar a personajes clásicos.