FICHA TÉCNICA



Título obra Vacío

Autoría Julio Castillo

Dirección Julio Castillo

Elenco Isabel Benet, Jesusa Rodríguez, Paloma Woolrich, Francis Laboriel, Guadalupe Noel

Escenografía Jesusa Rodríguez

Espacios teatrales Teatro Sor Juana Inés de la Cruz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vacío” en El Día, 20 febrero 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vacío

Malkah Rabell

Decididamente el super-realismo, el super-naturalismo o super-fotografismo, está de moda, está en "la onda". De estas tendencias a lo escatológico, no hay más que un paso, y Julio Castillo en esta oportunidad lo atravesó, él que en Los bajos fondos ya nos proporcionó un excusado como marco para la escena más romántica de Gorky. En los últimos años asistimos al nacimiento de un nuevo "anti-teatro", que hereda mucho del "teatro del absurdo", pero de una manera menos compleja, con ausencia de acertijos y hermetismos lingüísticos. Un "anti-teatro" más sencillo y comprensible, pero igualmente basado dramáticamente en una situación, sin acción ni tema. Como ejemplo de tales construcciones hemos visto en México: el primero; Cuarteto,Cenizas y La mudanza. La obra que más inspira este Vacío que Julio Castillo monta actualmente en el teatro universitario: Sor Juana Inés de la Cruz, es, se me hace: Cenizas que hace unos dos años puso en escena Héctor Mendoza. Trátase en Vacío de un espectáculo que lleva al escenario la personalidad de la escritora norteamericana Sylvia Plath, nacida en 1932 y fallecida a causa de un suicidio a los 30 años. Esta joven mujer de letras, parece haber llevado acabo semejante intento ya en diversas oportunidades, siempre auxiliada a tiempo. El director de escena y su equipo recurrieron para el espectáculo a varios poemas de Sylvia Plath, tales como Tres mujeres, escrito para la radio, y Orilla, Palabras, Señora Lázaro y Regalos de cumpleaños.

La idea es buena, hasta excelente. No conozco absolutamente nada de Sylvia Plath, y me he de concentrar únicamente en las soluciones que impuso al exiguo texto Julio Castillo. Lo llama Vacío y nada más apropiado. El vacío llega hasta los espectadores. Si no mal entiendo, los cuatro personajes en el escenario son distintas representaciones psíquicas de la misma persona: Sylvia Plath.

Dos mujeres que ríen, y dos mujeres que lloran. Dos mujeres cuyo estado anímico permanente es el del parto, de la maternidad en perspectiva, de la futura madre que se desgarra entre su amor y su odio a la criatura por nacer, En tanto las otras dos mujeres, las que lloran, están permanentemente en busca de una manera distinta de morir. El único elemento de unión entre estos dos estados psicológicos, entre esos 4 seres, que son dos, y que terminan por ser uno, son frases sueltas de los diversos poemas seleccionados, que en este ambiente de bacinicas, de trozos infantiles sembrados por el escenario, de desnudos rara vez necesarios, se transforman en anti-poesía.

Lamentablemente, la mayor parte del texto no llegamos a descifrarlo entre tanto llanto, es decir en boca de las plañideras Isabel Benet como Sylvia Plath, y la segunda voz, Jesusa Rodríguez.A quienes mucho mejor se les entiende es a la primera y a la tercera voz, vale decir a Paloma Woolrich y a Francis Laboriel. La escena más clara, en realidad la única escena comprensiva es la realizada entre la protagonista y su madre, Guadalupe Noel, en la cual Sylvia Plath propone a su madre un suicidio a dos, lo que a esta madre convencional desde luego espanta.Tanto Guadalupe Noel, como Francis Laboriel y Paloma Woolrich se mostraron dueñas de una dicción muy clara. Mas, el contenido del texto se perdía cuando entre una frase y otra se recurría a interminables ejercicios de técnica corporal. Y también en este terreno destacaron las dos figuras dedicadas a unas silenciosas risas: Francis Laboriel y Paloma Woolrich, esta última con su técnica de bailarina.

Quizá lo más interesante del espectáculo, lo que más llamaba la atención, fue la escenografía de Jesusa Rodríguez, que llevaba al foro rectangular del teatro Sor Juana Inés de la Cruz una habitación abuhardillada, por cuya ventana se veía caer la nieve de un crudo invierno. Tanto frío, tanta helada afuera, hacía bastante incomprensible que las actrices estuvieran constantemente desnudándose.