FICHA TÉCNICA



Título obra Anita la huerfanita

Autoría Tomas Meehan

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Virma González, Sergio Bustamante, Teresa Yáñez (niña)

Música Charles Strouse

Notas En los corchetes, oración incompleta en el original.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Anita la cenicienta de Nueva York” en El Día, 21 enero 1980, p. 21




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Anita la cenicienta de Nueva York

Malkah Rabell

Obra muy local, sus numerosos episodios neoyorquinos, con sus escenas de Broadway centelleante de luces, con sus desempleados de la década de los 30 enfrentados a la policía debajo de un puente, con su nieve, sus calles y su gente, y hasta con su antiguo presidente, Franklin D. Roosevelt, todo ello indudablemente gusta y emociona a los habitantes de la metrópoli estadounidense, pero ofrece muy poco interés, tiene muy poco en común con nuestros habitantes fiel DF que tienen –como dice Cantinflas–, su propio ángel. Pero el área geográfica, y menos el área política importa poco, o nada, a los niños. Y aunque Anita la huerfanita, la comedia musical de Thomas Meehan, es anunciada como representación para adultos, en realidad, su verdadero público es el infantil, que llena la sala y hace tanto ruido como para imponer su presencia.Tema y ambiente que nos recuerdan a Papacito piernas largas, sus protagonistas son diez años menores que en esta última comedia, y en Anita el "Papacito" en lugar de novio se transforma en padre adoptivo, en tanto la figura central tiene once años en lugar de veinte. Historia de una cenicienta neoyorkina, recogida por un rey de las finanzas en un país donde los pobres se consuelan soñando que un día podrán tener "un millón de dólares". Para ese público infantil, las mejores escenas, las neoyorquinas, pasan desapercibidas, desaparecen, y sólo queda la historia de la cenicienta que se encuentra con un perro en las calles de la ciudad, la historia de unos niños en un orfanato que, que cantan y bailan, que sufren de las violencias de una malvada directora, que parece la bruja de los cuentos, y todo termina en el mejor de los mundos, con el castigo de los malvados y la salvación de los niños-actores. Estos niños-actores son bastante deficientes en su arte, pero los espectadores son poco exigentes cuando de niños en el escenario se trata, y al público infantil nada lo atrae tanto como la actuación de otros menores.

La presencia de cincuenta actores en el escenario, [dis]ciplina que no siempre ha sido lograda, pese a la competencia profesional del director, José Luis Ibáñez. Tantas escenas colectivas, tanto cambio de intérpretes, casi siempre en papeles episódicos, creó un espectáculo heterogéneo, a menudo caótico, que sólo se salvaba por lo agradable y melodioso de la música de Charles Strouse. Algunos cuadros sobrenadaban como islotes bien logrados, como el cuadro: "Bajo el puente de la 59", donde el conjunto de "los venidos-a-menos" cantaban con buenas voces y se movían en el foro con disciplina, La escenografía, imitando fielmente el original norteamericano, no siempre estuvo bien realizada. Había demasiados cambios de ambiente y episodios para lograr la perfección. Pero en su totalidad, se trataba de una de esas producciones que deja entusiasmado a un público sin excesivas pretensiones.En cuanto a los actores, la mayoría me resulta desconocida, y su interpretación no llama la atención. Las dos figuras centrales, se deben a Virma González, como la directora del orfanato, y a Sergio Bustamante como Gastón Dolariza, el generoso multimulti-millonario, uno de los pocos que después del desastre de 1929, aún conserva su fortuna. La primera excesivamente exagerada, no es actriz de comedia, sino de farsa, y cae constantemente en la payasada, A su vez, Sergio Bustamante, es un excelente actor, para quien realizar a un personaje fácil como el del rey de las finanzas es pan comido. El éxito de la comedia reposa en el personaje de la "huerfanita", interpretada por Teresita Yáñez, que sobre todo tiene una linda voz, canta y baila, se desenvuelve con mucha libertad en el escenario y no es del todo mala actriz, El público, siempre dispuesto a entusiasmarse con los actores infantiles, la adora. Entre todo el resto del reparto, nadie destacó.

El mayor defecto de esta comedia musical, es su excesiva prolongación, su duración de dos horas y, media, casi tres, que con mucha facilidad puede ser reducida a la mitad. Y con 90 minutos de representación, ya tendríamos más que suficiente.