FICHA TÉCNICA



Título obra De repente en el verano

Notas de Título Suddenly Last Summer (título en el idioma original)

Autoría Tennessee Williams

Notas de autoría Rafael López Miarnau / traducción

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Virginia Manzano, Emma Teresa Armendáriz, Héctor Andremar, Celia Manzano, Felipe Santander, Alicia Castro Leal, Bertha Grij

Escenografía Antonio López Mancera

Vestuario Gene Matuk

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 junio 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[De repente en el verano]

Mara Reyes

De repente en el verano (título original Suddenly lastsummer). Teatro Orientación. Autor, Tennessee Williams. Traducción y dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Antonio López Mancera. Vestuario, Gene Matuk. Reparto (grupo Teatro Club): Virginia Manzano, Emma Teresa Armendáriz, Héctor Andremar, Celia Manzano, Felipe Santander, Alicia Castro Leal y Bertha Grij.

Los personajes de Tennesee Williams siempre serán dignos de un estudio profundo. En sus obras no hay personajes de relleno, cada uno tiene sus propias inclinaciones, sus personales puntos de vista, sus características. Son caracteres, nunca siluetas. De repente en el verano no es una excepción. En esta obra Williams toma como anécdota el momento crucial del choque entre dos personajes: la madre de Sebastián y la prima de Sebastián. Aunque Sebastián no llega jamás a aparecer, puesto que ha muerto un año antes de iniciarse la acción de la obra, es precisamente ese personaje desaparecido el eje de toda la acción; alrededor de él se mueven todos los personajes; su sombra es la que configura el ambiente y la atmósfera de todo el conflicto entre la Sra. Venable y Catalina. ¿Qué es la demencia de Catalina sino una reacción por cierto muy lógica, ante una verdad demasiado violenta? y ¿qué es la violencia de la Sra. Venable, sino la reacción lógica ante una verdad demasiado demente? ¿Quién podría tirar una línea entre la locura y la cordura que hay en cada personaje?

Lo curioso de esta obra es que sin llegar a hacer visible a uno de los personajes –Sebastián– el autor presenta con claridad increíble la relación de aquél con el mundo exterior, su relación con su madre y su relación con la prima. El amor nada filial de la madre por su hijo queda al descubierto, lo mismo que el homosexualismo de éste y su fuerza destructora. Aunque el aspecto sicológico de la obra es el preponderante –apareciendo en primer término con un destello enceguecedor– el autor aprovecha también para pintar el estado de cosas de una sociedad en la que una clase social privilegiada puede comprarlo todo, inclusive la muerte de un ser humano. Cuando la Sra. Venable pide al médico que haga una lobotomía a Catalina ofreciendo a ella a cambio una “caritativa” subvención a su sanatorio, no está haciendo otra cosa que pagando por un crimen refinado, ya que a fin de cuentas tal intervención quirúrgica equivale a la muerte virtual de la “paciente”.

Mucho se ha discutido la tendencia del autor por presentar siempre en sus obras personajes enfermos del espíritu, con trastornos síquicos o perversiones sexuales. Mucho se ha discutido su “negatividad” pero ¿por qué llamar “negativo” e “inmoral” o “exagerado” a un autor que consigue la catarsis de una sociedad que sin dificultad podría identificar según esos personajes que son más reales que muchos de carne y hueso? Llamemos entonces “negativo” al teatro griego; tachemos de “inmorales” a Sófocles, a Shakespeare y a todos los dramaturgos que han retratado sin piedad a la sociedad de su época. Revisemos las historias clínicas de los sanatorios para enfermos mentales de Estados Unidos y entonces juzguemos si Tennessee Williams ha cometido delito de “exageración” o de exceso de “imaginación”.

No era una tarea fácil para Rafael López montar esta obra, especialmente si se toma en cuenta que el público de México tuvo oportunidad de conocerla en inglés cuando la presentó el New York Theatre y en traducción al español a través de la extraordinaria versión cinematográfica norteamericana. Tampoco era fácil para el escenógrafo (Antonio López Mancera, quien realizó un magnífico cuadro ambiental) y tampoco para los actores. Todos tuvieron que enfrentarse a grandes problemas de muy diversa índole, pero fundamentalmente de penetración en la concepción íntima que los personajes tenían de la vida y del mundo.

Rafael López Miarnau además de mostrar con aguda perspicacia el conflicto expuesto por el autor, da al choque de ambas mujeres un aspecto polifacético presentándola por un lado como el enfrentamiento entre la simulación y la verdad: por otro lado, como la rivalidad entre dos hembras interesadas en un mismo macho; por otro, como la lucha entre dos clases sociales y también entre dos generaciones, de ahí la terrible agresividad con que la Sra. Venable emprende su lucha ya que cuando se pierde la juventud es el ejercicio del poder el único substituto de ella. Así pues la visión que Rafael López muestra del conflicto es entera, vigorosa y estrujante.

En cuanto a Emma Teresa Armendáriz, su personificación de Catalina es muy probablemente la mejor de su carrera artística. Hay en ella sinceridad y profundidad en la proyección sicológica, pero sobre todo ese “algo” indefinible que un actor obtiene en contadas ocasiones y que hace que el espectador quede atrapado en la maraña de deseos, transformaciones dinámicas, explosiones o conceptos de un personaje.

Por su parte, Virginia Manzano desempeña su papel con un dominio absoluto. Aunque el estilo de actuación de ella y de Emma Teresa Armendáriz tienen sus diferencias –ya que la primera es producto de un teatro más tradicional y la segunda de uno con mayor impulso renovador– por tratarse en la obra, precisamente, de un choque entre dos generaciones, esta diferencia viene a apoyar e intensificar la opuesta idiosincrasia de los dos personajes. De tal suerte que al estar Virginia Manzano a una gran tesitura, dentro de su escuela dramática y al estar Emma Teresa dentro de su respectiva escuela, también al mismo nivel, el choque se advierte más compacto, más íntegro.

Felipe Santander demostrando pericia escénica consigue ser todo lo enervante que la acción reclama de ese personaje superficial, ambicioso e indigno que es Jorge, el primo pobre de Sebastián.

Héctor Andremar tiene a su cargo el papel menos brillante, no tiene oportunidad ni de grandes escenas, ni de momentos culminantes, su personaje es simplemente el catalizador, la substancia que lleva a las otras substancias a reaccionar químicamente, permaneciendo ella, al menos aparentemente, intacta. Sin embargo, este papel, precisamente por esa circunstancia, por esa apariencia grisácea, es tanto o más difícil que otros papeles en los cuales el actor puede desahogar toda su emoción y este actor, al que el público capitalino ha visto en tan variados papeles, siempre con la misma propiedad, realiza su labor con sobriedad y excelencia. La resbaladiza escena del abrazo entre el siquiatra y la paciente entrañaba grandes dificultades ya que .debe quedar claro que tal abrazo es para el médico una forma de aceptar su papel interino como substituto del objeto amado, a través del cual obtiene la confianza de la paciente: dicha escena supo conformarla Héctor Andremar en forma inequívoca.

Una actriz que ya demuestra un gran futuro es Alicia Castro Leal. Es ésta su segunda aparición en la escena –en la que además supera, notablemente su intervención de Los secuestrados de Altona– y ya deja adivinar sus enormes posibilidades. Su aplomo y seguridad hablan muy en favor de sus facultades. Se advierte en ella disciplina y amor a su trabajo.

Celia Manzano por su parte supo aprovechar al máximo sus intervenciones, las que provocan en el público una especie de relajamiento después de la tensión que crea el resto de los personajes. Sobria y discreta Bertha Grij en un papel de menores responsabilidades.