FICHA TÉCNICA



Título obra Juanita

Autoría Argentina Ruiz

Dirección Berta Moss

Elenco Berta Moss

Escenografía Berta Moss

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 marzo 1964, p. 2.




Título obra Feliz como Larry

Autoría Donagh Mac Donagh

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco Pedro García Jiménez, César Arias de la Cantolla, Humberto Enríquez, Fernando Delié, Beatriz Moya, Ignacio Sotelo, Gilberto Pérez Gallardo, Carlos de Pedro, Magda Vizcaíno, Virgilio Leos, Elizabeth Montaut, María del Carmen Farías, Marta Zavaleta

Vestuario Marcela Zorrilla

Grupos y compañías Compañía de Teatro Universitario

Espacios teatrales Teatro de la Universidad (antes Arcos Caracol)

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 8 marzo 1964, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Feliz como Larry, Juanita]

Mara Reyes

Feliz como Larry. Teatro de de la Universidad (antes Arcos-Caracol). Autor, Donagh Mac Donagh. Traducción y dirección, Salvador Novo. Vestuario, Marcela Zorrilla. Reparto: Compañía de Teatro Universitario (por orden de aparición): Pedro García Jiménez, César Arias de la Cantolla, Humberto Enríquez, Fernando Delié, Beatriz Moya, Ignacio Sotelo, Gilberto Pérez Gallardo, Carlos de Pedro, Magda Vizcaíno, Virgilio Leos, Elizabeth Montaut, María del Carmen Farías y Marta Zavaleta.

Donagh Mac Donagh –juez de distrito en las cortes irlandesas y director de la Sociedad Dramática del University College de Dublín– remoza la farsa con Feliz como Larry. A la fantasía lírica y a la caricatura grotesca de las clásicas farsas medievales, añade el canto y música populares como elementos enriquecedores. Si la farsa es ante todo un divertimento no realista, Donagh MacDonagh busca las últimas consecuencias de esta irrealidad de tal suerte que juega con el tiempo y hace coexistir el pasado y el futuro en un mismo presente; en lugar de que el pasado influya en el futuro, hace que sea el futuro –representado por el coro de sastres– el que influya en el pasado, modificándolo. Hace de las generaciones futuras jueces que pueden calificar, sentenciar y transformar el pasado.

El tratamiento es poético y circunscrito a la tradición popular. El estilo de sus versos deriva de las baladas irlandesas. Su traductor se encontró con el dilema de tener que trasladar la frescura y riqueza de los ritmos populares de la versificación original a los de nuestra lengua, sin caer en regionalismos o modificaciones radicales en el estilo. El propio traductor y director advierte que “si el carácter regional irlandés de la pieza se amengua o diluye en su nueva lengua, esta transmutación, en cambio, pone en relieve la validez extranacional, universal, del logrado propósito del joven autor: cautivar la atención del público y, en medio de su goce de la farsa, asestarle el disfrute de grandes trozos de la más dulce poesía”.

Los jóvenes intérpretes de la Compañía de Teatro Universitario ponen todo su ardor en el desempeño de su trabajo. Vemos operarse cambios radicales en aquellos actores que habíamos visto en Divinas palabras e Historia de Vasco. La formación que estos estudiosos histriones están adquiriendo es sólida. Vemos a un Ignacio Sotelo interpretar los personajes más disímbolos con la máxima propiedad. A una Marta Zavaleta y a una Magda Vizcaíno transformarse en forma total, como en curiosos juegos de magia, de una pieza a otra e inclusive de una escena a otra –si así lo exige la acción. Vemos a un Carlos de Pedro, a un Virgilio Leos y a un Gilberto Pérez Gallardo cambiar de personalidad como de maquillaje. En general todos los componentes de ésta compañía teatral se expresan con sinceridad y revelan su amor al teatro.

Juanita. Teatro Milán. Autora, Argentina Ruiz. Dirección, escenografía y reparto: Berta Moss.

Es difícil para los buenos actores no sucumbir a la tentación de representar obras para un solo intérprete. El monólogo es una forma teatral –anticuada– que requiere un dominio absoluto del juego escénico. No es fácil mantener viva la atención de los espectadores. Últimamente hemos visto caer en esta tentación a varios actores y actrices, entre estos: Enrique Rambal, Carmen Montejo, María Tereza Montoya, Enrique Guitart y otros. Berta Moss tampoco pudo escapar a ella. Pero si para el intérprete el monólogo es una dura verificación de su habilidad, para el autor es una prueba de fuego, en la cual la mayoría se quema inexorablemente.

En cuanto el espectador se entera de que va a presenciar un monólogo, adivina ya que en la obra habrá llamadas telefónicas y se prepara a escuchar la reproducción de conversaciones en las que el único intérprete –se trate de actor o actriz– tomará el papel de cada uno de los interlocutores y otros trucos consabidos que pretenden dar justificación al hecho de que una persona cuerda se la pase hablando sola por una hora o dos.

¡Son tan pocos los autores que logran dar justificación a sus monólogos! Sobre todo sin caer en la cursilería, el melodramatismo o la falsedad. Argentina Ruiz no fue de esos “pocos” e hizo una ensalada de todos estos elementos. Pero como no le convenció la idea de que el personaje de su monólogo hablara consigo únicamente decidió que éste estableciera un diálogo con el público, contando de antemano con la timidez de este personaje acostumbrado a la mudez. Adivinando pues que el interlocutor de su Juanita no se atrevería a hablar, escribió sólo la parte correspondiente a uno de sus personajes... el susto que se llevaría si undía, en la sala, a alguien se le ocurriera aceptar la invitación de conversar... el monólogo saltaría en mil pedazos y surgiría una nueva obra que sería, desde luego, mucho más interesante que la aquí comentada.

Juanita quiere ser una especie de respuesta y sátira a otro monólogo de un autor brasileño: Pedro Bloch, que lleva por título Las manos de Eurídice y que Enrique Guitart llevó a escena en 1958 en el Teatro de los Insurgentes. La autora de Juanita intenta presentar el otro lado de la medalla de la vida semiconyugal de Gumersindo Tavares, personaje único de Las manos de Euridice. ¿Conflicto? No aparece por ninguna parte. No es Juanita sino una madeja de ironías, resentimientos y narraciones sin fin –por cierto de lo más trilladas. Al faltar el pretexto dramático la autora tiene que recurrir a todos los trucos, y lo mismo ocurre con el director e incluso con la actriz. De ahí que Berta Moss se desvista y se vuelva a vestir, sin motivo ninguno, como una forma de reclamar atención. Por supuesto que la obra sirve para demostrar una vez más que ella es una actriz estupenda, pues a las dificultades que presupone el género, se añaden las deficiencias de la obra misma y la falta de verdad escénica.

No es mérito de la autora que el espectador soporte la obra completa, sino de la actriz que echa mano de todas las tretas del oficio para salir avante de tan penosa situación.