FICHA TÉCNICA



Título obra El presidente mañoso

Autoría Alfonso Anaya Barredo

Dirección Julián Duprez

Elenco Carlos Riquelme, Sergio Klainer, María del Carmen Vela, Mónica Serna, Mario Alberto Rodríguez

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Un país feliz y otras obras”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 febrero 1964, p. 3.




Título obra Un país feliz

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Xavier Rojas

Elenco Antonio Corona, Elda Peralta, Enrique Rocha, Ángel Merino, Farnesio de Bernal, Gloria García, Jaime Cortés

Escenografía Jorge Contreras

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Un país feliz y otras obras”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 febrero 1964, p. 3.




Título obra Mary Mary

Autoría Jean Kerr

Notas de autoría José Luis Ibáñez / traducción

Dirección Enrique Rambal

Elenco Enrique Rambal, Marga López, Adriana Roel, Miguel Suárez, Raúl Astor

Escenografía David Antón / supervisión escenográfica

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Un país feliz y otras obras”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 9 febrero 1964, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Un país feliz y otras obras

Mara Reyes

El presidente mañoso. Teatro Milán. Autor, Alfonso Anaya Barredo. Dirección, Julián Duprez. Escenografía, David Antón. Reparto: Carlos Riquelme, Sergio Klainer, María del Carmen Vela, Mónica Serna, Mario Alberto Rodríguez, etc.

Como colofón del año que acaba de concluir, la Unión Nacional de Autores estrenó la obra El presidente mañoso, firmada por Alfonso Anaya, buen coleccionador de chistes. ¿Se dará cuenta dicha institución de lo que significa la palabra: Nacional, que lleva en su razón social?

La Unión Nacional de Autores debería pugnar por un movimiento teatral progresista, debería impulsar a los nuevos autores de valía y difundir las obras de mayor mérito de los dramaturgos consagrados, debería en una palabra ser guía de nuestro teatro y no mal ejemplo. Llevar a escena comedias como la que ahora presenta y va en demérito de su nombre. ¡Cómo puede esperarse que las empresas de iniciativa privada monten obras mexicanas si el teatro que presenta como muestra la Unión Nacional de Autores (y que representa a todos los autores del país) en lugar de ser paradigma de calidad, lo es de la vulgaridad!

No es intransigencia ante una obra que tiene por objetivo provocar la risa de los espectadores... no, el ingenio es digno de admiración y respeto, pero hay que saber provocar la risa con inteligencia y con elegancia. Un acierto en la obra: la actuación de Sergio Klainer, que merecía que su bien trabajado papel hubiera tenido mejor marco.

Un país feliz. Teatro Granero. Autora, Maruxa Vilalta. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía: Arquitecto Jorge Contreras. Reparto: Antonio Corona, Elda Peralta, Enrique Rocha, Ángel Merino, Farnesio de Bernal, Gloria García y Jaime Cortés.

El primer estreno de obra mexicana durante el año de 1964 fue el de la obra, de Maruxa Vilalta: Un país feliz, en la que la autora se propuso exponer un problema social: la miseria y terror de un pueblo que vive bajo el sojuzgamiento de una dictadura. El tema es de actualidad y la presentación de los hechos valiente y sincera.

Lo importante, cuando se trata de un trabajo serio, es buscar los posibles errores, para que de esta manera en sus obras subsecuentes, éstos no se repitan. Una obra es difícil que llegue a la perfección, es por ello que muchas veces el elogio debe medirse y una forma de elogiar es también el señalar las imperfecciones, que siendo leves y escasas podrán fácilmente enumerarse y corregirse.

Quizá Un país feliz habría conseguido mayor intensidad si hubiera estado mejor precisado el papel que en ella juega el turista. ¿Ofrecer ayuda del extranjero al país subdesarrollado en el que ocurre la acción? Bien sabido es que los pueblos deben resolver sus propios problemas, tal como los hombres su propia vida; dar ayuda no significa de ninguna manera resolver la situación. ¿Dar simplemente pretexto a los otros personajes para expresar sus ideas? ¿Establecer el contraste entre la riqueza y la pobreza? ¿Provocar la rivalidad con el novio? El papel del turista es ambiguo y no alcanza ningún objetivo. ¿No habría sido mejor que el drama se suscitara y resolviera sólo entre la familia que lo vive y aquéllos que están vinculados a él, sin intervención de personajes ajenos que únicamente entorpecen la acción? Indudablemente la obra habría tenido entonces un diálogo más pujante, ya que cuando sobra un personaje éste se debilita.

Buen recurso en cambio fue el de hacer que el eje de la pieza y resorte de la acción, –símbolo de la rebeldía en contra del dominio absoluto de un tirano– sea un personaje que no llega nunca a aparecer en escena, su influjo es, por su intangibilidad, más poderoso.

La dirección que realizó Xavier Rojas, no es de las más afortunadas de él. Quiso resaltar lo poético haciendo que los actores se desplazaran con movimientos “ágiles”, siempre en ritmo de ballet, forma que se contrapone totalmente con el tratamiento realista con que está escrito el texto. No son los párrafos poéticos de la autora lo que había que enfatizar, al contrario, éstos deberían haber sido expresados en la forma más discreta y natural posible, no eran ellos el elemento a destacar.

Los actores realizaron su trabajo en forma dispareja. Por una parte Antonio Corona dando marcada intención a cada palabra, Gloria García, buscando un naturalismo demasiado fingido para ser creído; Elda Peralta, haciendo un papel que no se aviene a su tipo, no pudo llegar a ser convincente. Enrique Rocha siempre en plan de bailarín, Ángel Merino sin el apoyo de un “carácter” que le respaldara sus acciones, Jaime Cortez, en una caracterización demasiado parecida a otras que le hemos visto y por último el único que encontró solución a todos sus problemas, Farnesio de Bernal que se lució, casi por encima de todo y de todos con un papel totalmente incidental.

Mary Mary. Teatro Insurgentes. Autor, Jean Kerr. Traducción, José Luis Ibáñez. Dirección, Enrique Rambal. Supervisión escenográfica, David Antón. Reparto: Enrique Rambal, Marga López, Adriana Roel, Miguel Suárez y Raúl Astor.

Aunque Mary Mary fue recibida en Francia por algunos críticos con cierta displicencia, como una de tantas comedias de boulevard, la obra tal como ha sido puesta en escena por Rambal tiene el atractivo que le da su dirección. De sobra conocido es que Rambal es capaz de hacer filigranas de mise en scène al grado de hacer que un texto aburrido resulte ameno.

El primero y segundo actos van en ascenso, hasta el momento climático de la comedia, pero el tercer acto decae totalmente, debido a su diálogo plagado de redundancias y a la enorme cantidad de acción inútil. Este último acto podría suprimirse casi íntegramente hasta dejarlo esquelético, como un epílogo y nada más. Esas despedidas reiteradas no tienen objeto y en lugar de conseguir crear suspense sólo logran desinteresar totalmente al espectador. El final de la comedia se conoce desde que termina el segundo acto... por supuesto, de esta falla no tiene la culpa ni Rambal ni ninguno de los actores, quienes por otra parte, realizan un trabajo excelente. Ellos son: el propio Rambal, Marga López, Adriana Roel y Miguel Suárez... del actor Raúl Astor, poco puede decirse, no es de los que llaman la atención, aunque se le haya presentado con gran “bombo y platillos”.