FICHA TÉCNICA



Título obra El rey Lear

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría Salvador Novo / traducción y adaptación

Dirección Seki Sano

Elenco Narciso Busquets, Raúl Dantés, María Teresa Rivas, Graciela Doring, Jaqueline Andere, Miguel Maciá, Mario Orea, Enrique Reyes, Sergio Jurado, Luis Gimeno, Manolo García, Felio Eliel, Amado Zumaya

Escenografía Antonio López Mancera

Notas de Música Rodolfo Halffter / asesor musical

Eventos IV Centenario del natalicio de William Shakespeare

Notas Luis Gimeno puede ser Luis Jimeno

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El rey Lear”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 2 febrero 1964, pp. 7 y 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El rey Lear

Mara Reyes

Autor, William Shakespeare. Versión, Salvador Novo. Dirección, Seki Sano. Escenografía, Antonio López Mancera. Vestuario, Dascha. Asesor musical, Rodolfo Halffter. Reparto: Narciso Busquets, Raúl Dantés, María Teresa Rivas, Graciela Doring, Jacqueline Andere, Miguel Maciá, Mario Orea, Enrique Reyes, Sergio Jurado, Luis Gimeno, Manolo García, Felio Eliel, etc...

¡Homenaje mundial a William Shakespeare!

De Shakespeare no puede decirse, como de otros autores, que sólo se le recuerda en sus aniversarios. El genio de Stratford afirma su inmortalidad todos los días. En México no pasa un año sin que algunos de los personajes nacidos de su imaginación y de su observación cobren vida y sean encarnados por nuestros más connotados actores, o por los de las compañías extranjeras que nos visitan. De tal suerte que en los últimos años nuestros escenarios han servido de plataforma para exhibir en ellos: La fierecilla domada, Macbeth, El sueño de una noche de verano, La comedia de las equivocaciones, Como gustéis, Ricardo III, Otelo, Noche de epifanía, Hamlet, El mercader de Venecia, Romeo y Julieta y alguna otra que por el momento se me escapa. Unas de ellas –la mayoría– representadas por actores profesionales y otras por actores experimentales. Todo actor quiere probar su propio valimiento interpretando esos personajes que a través de casi cuatro centurias han logrado carta de naturalización en nuestro mundo real, a tal grado, que no puede decirse que sean ficticios; son más reales y tangibles que muchos seres humanos que pasan por la vida sin dejar el rastro de su ingenio y osadía, o de su cobardía y mediocridad. A través de esos personajes, portadores de ideas, cargados de pasiones y colmados de vida, Shakespeare expresó su concepción del mundo y su forma de comprender la vida.

El Instituto Nacional de Bellas Artes ha iniciado pues, el año conmemorativo del IV Centenario del natalicio de Shakespeare poniendo en escena El rey Lear, tratando de conjuntar los elementos necesarios para que la realización fuera impecable. Utilizó en primer término el escenario del Palacio de las Bellas Artes, que recientemente ha sido cedido para espectáculos teatrales únicamente a las compañías extranjeras. Y buscó la colaboración de Seki Sano para la dirección escénica, de Salvador Novo para la traducción, de Antonio López Mancera para la escenografía y de Narciso Busquets, Raúl Dantés, María Teresa Rivas, Graciela Doring, Jacqueline Andere, Miguel Maciá, Mario Orea, Enrique Reyes, Sergio Jurado, Luis Gimeno y otros destacados actores para desempeñar los papeles principales. ¿El resultado? Positivamente halagüeño. ¿Imperfecciones? Seguramente las tiene, ¿pero es debido reclamar perfección?

Seki Sano mostró con mano maestra la urdimbre de la tela, en ese doble juego de la anécdota, engranaje contrapuntístico –correlativo a las formas musicales de la época isabelina– que desemboca en un desenlace que unifica los dos dramas, el del rey Lear y el del conde de Gloster, quienes reciben castigo sin par por haber equivocado el concepto que tenían de sus respectivos hijos. En ese constante enfrentamiento del amor y la ingratitud filiales, Seki Sano logró sostener a lo largo de todas las situaciones el hálito fantasmagórico que ellas reclamaban.

Nada fácil fue para Busquets mantener el estado de demencia, con atisbos de razón, del rey Lear durante el transcurso de casi dos actos (según la versión de Novo, quien agrupó las escenas de manera que en vez de dividirse la obra en los cinco actos originales, quedó constituida por tres únicamente, según la usanza moderna). Su actuación tuvo momentos de increíble belleza y de una grandiosidad que rayaba en lo sublime.

Las tres hijas de Lear fueron interpretadas por María Teresa Rivas, Graciela Doring y Jacqueline Andere, las tres lograron encarnar con acierto sus respectivos personajes.

El retorno de Raúl Dantés merece celebrarse, su trabajo acusa madurez, despojada ya de algún pequeño vicio, como era el engolosinarse con su propia voz, hoy Dantés se yergue como un actor de relieve gigantesco.

Definitivamente, el lugar de Miguel Maciá está en el teatro clásico que es donde mejor se expresa. El mejor elogio que puede brindarse a Mario Orea es que no se recuerda ninguna actuación deficiente de este gran actor, desde que pisó las tablas. Su calidad interpretativa se aprecia lo mismo en el teatro de vanguardia –recuérdese cuando hizo junto con Dantés Esperando a Godot, de Beckett– que en el teatro realista –La casa Rosmer, de Ibsen– que en el clásico.

Sobresaliente fue la actuación [p. 8] de Luis Gimeno, Sergio Jurado, Enrique Reyes y Felio Eliel. A Amado Zumaya podría exigírsele que no se repita tanto y a Manolo García que no sea tan superficial.

Antonio López Mancera ha aprendido a resolver los más complicados problemas escenográficos a base de rampas que le permiten un aprovechamiento total del escenario a la vez que rompen la monotonía del mismo. Sus hallazgos fueron afortunados y con, ellos contribuyó al lucimiento de la obra.

El año pues, como se dice en el diario hablar, pinta bien para el teatro, y como ya los estrenos abundan en este reluciente 1964, en el próximo Diorama Teatral los comentaré.