FICHA TÉCNICA



Título obra Los persas

Autoría Esquilo

Dirección Jebert Darién

Elenco María Crespo, Antonio Trabulse, Jebert Darién, Leonel Chávez, Bernardo Narváez, Juan Allende

Espacios teatrales Teatro Tepeyac

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 24 noviembre 1963, pp. 3 y 4.




Título obra La voz de la tórtola

Autoría John Van Druten

Notas de autoría Alejandro Verbitsky / traducción

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Bárbara Gil, Miguel Córcega, Eugenia Avendaño

Espacios teatrales Teatro Rotonda

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 24 noviembre 1963, pp. 3 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Los persas, La voz de la tórtola]

Mara Reyes

Los persas. Autor, Esquilo. Dirección, Jebert Darién. Reparto: María Crespo, Antonio Trabulse, JebertDarién, Leonel Chávez, Bernardo Narváez, Juan Allende, etc.

Ya pasaba Esquilo de los cincuenta años cuando se estrenó la trilogía de la que formaba parte Los persas; corría el año de 472 a. C., y en ella muestra su compasión por el enemigo vencido. Ya en esta tragedia son cuatro los actores que encarnan a los personajes principales, aun cuando nunca aparecen más de dos a la vez, y el coro predomina menos que en las primeras tragedias del valiente soldado de Maratón y Salamina.

Este desligar a los personajes principales del coro fue una de las valiosas reformas que Esquilo aportó al teatro de su tiempo. Todo su canto, de principio a fin, más que sujeto a las leyes de la dramática, lo está a las de la poesía épica, no hay acción presente, sino una narración episódica de gran aliento lírico que fluye del poeta como de un manantial.

El acierto de Jebert Darién, como director fue ante todo el de dar al coro una movilidad plástica de intención más estética que histórica, como un basamento arquitectónico sobre el que se habría de sustentar la dinámica de los personajes. También la forma de recitado del coro es geométrica, con un ritmo siempre constante –pero no monocorde–, siempre rítmico –y nunca uniforme. Quizá en algún momento pudieron haber sido simétricos los desplazamientos, sin embargo la simetría no desagrada, sino que por lo contrario da consistencia al juego escénico.

Sobresalen algunas voces vigorosas –aunque también hay una que otra desgarbada. La actuación de María Crespo y Antonio Trabulse son dignas de aplauso, incluso la de Jeber tDarién –cuyo único inconveniente es el bajar el tono de su voz en algunas ocasiones a un volumen menor que el audible. En general el coro y los coreutas –Leonel Chávez y Bernardo Narváez–, hacen un trabajo sumamente correcto, del único que se puede decir que jamás entró en su personaje y que por otra parte [tampoco] corresponde en apariencia física a la de aquél, es Juan Allende, quien no logra siquiera acercarse a la medianía.

Teatro Popular de México

El Instituto Nacional de Bellas Artes ha inaugurado la primera carpa de las cuatro que funcionarán en laRepública para beneficio cultural del pueblo. Dicha carpa mantendrá un repertorio, por lo pronto, de obras de autores mexicanos. El director de la compañía del Teatro Popular de México, es Luis G. Basurto.

El objeto de la creación de estas carpas desmontables es el de poder llevar el teatro a los rincones más apartados de la República. Están dotadas de un sistema de micrófonos para que la voz de los actores pueda llegar a todo el público; posee, además, un buen alumbrado y un amplio escenario. Tienen capacidad para dos mil quinientos espectadores.

Hasta ahora se han estrenado: Clemencia, Los Fernández de Peralvillo, Los cuervos están de luto y Los desarraigados, que ya comentaré.

La voz de la tórtola. Teatro Rotonda. Autor, John Van Druten. Traducción, Alejandro Verbitsky. Dirección, Dimitrio Sarrás. Reparto: Bárbara Gil, Miguel Córcega y Eugenia Avendaño.

Cuando John Van Druten escribió esta obra, tenia 42 años, y en ella muestra la madurez de su limpio estilo literario, aunada a una gran comprensión hacia los seres humanos. Otras obras que se deben a su pluma son: Soy una cámara, La amada bruja, Recuerdo de mamá, El canto de las sirenas y Tengo seis peniques.

La comprensión de este autor por el ser humano alcanza no sólo a los seres limpios de conciencia o de trayectoria intachable, sino a aquellos otros que caen en el error. Cuando dice: “No creo que ninguna mujer perdida piensa eso de sí misma”, o “... no creo que un loco sepa que lo es”, y otras frases semejantes, está dando a entender que el ser humano actúa según las circunstancias de su vida y que ellas justifican en cierta forma su [p. 14] conducta. La voz de la tórtola es una comedia llena de ternura; en la que el autor quiere demostrar que el hombre debe sobreponerse a las decepciones cotidianas, al juego del amor, como pasatiempo, para que en el momento que encuentre el verdadero objeto de su afecto, el pasado no interfiera y arruine su relación. Sólo a través del verdadero amor, el ser humano se encuentra a sí mismo, parece decir el autor.

En pocas escenificaciones se encuentra una coordinación de trabajo de equipo tan completa. El trabajo de los actores es una resultante lógica de la dirección, y la dirección una resultante, a su vez, del texto dramático. Hay armonía entre cada uno de los elementos que toman parte en la representación. La escenografía no se siente como una decoración artificial, sino como el único lugar posible donde la acción podía haberse desarrollado. No puede hablarse de los aciertos específicos de tal o cual escena, o del logro determinado de un actor, del director o del traductor, ya que toda la comedia es un continuo acierto, acierto individual y acierto colectivo. El trabajo de todos tiene una forma esférica, no hay puntas ni asperezas.

El oficio de Dimitrio Sarrás se pone a prueba; la calidad de la actuación de Bárbara Gil se manifiesta más que nunca; la sinceridad y frescura en la actuación de Miguel Córcega se hace patente una vez más; el dominio de la voz de Eugenia Avendaño parece cosa de magia. Todos contribuyen pues, a que la representación sea un verdadero fenómeno artístico, conjugado, armónico, geométrico, emotivo.