FICHA TÉCNICA



Título obra Voces de gesta

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Xavier Rojas

Elenco Elda Peralta, Carlos Bribiesca, Carlos Bracho, Antonio Alcalá, Manuel Zozaya, Angel Merino, Mónica Miguel, Gloria García, Edmundo Saracho, Sergio Márquez, César Sobrevals

Escenografía Armando Gómez de Alba

Grupos y compañías Taller Teatral Mexicano

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 noviembre 1963, p. 2.




Título obra Los persas

Autoría Esquilo

Dirección Jebert Darién

Elenco María Crespo, Antonio Trabulse, Jebert Darién, Leonel Chávez, Bernardo Narváez, Juan Allende

Espacios teatrales Teatro Tepeyac

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 noviembre 1963, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Voces de gesta, Los persas]

Mara Reyes

Voces de gesta. Teatro Orientación. Autor, don Ramón del Valle Inclán. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Armando Gómez de Alba. Reparto: Elda Peralta, Carlos Bribiesca, Carlos Bracho, Antonio Alcalá, Manuel Zozaya, Ángel Merino, Mónica Miguel, Gloria García, Edmundo Saracho, Sergio Márquez y César Sobrevals.

El grupo Taller Teatral Mexicano ha presentado la obra de don Ramón del Valle Inclán Voces de gesta, cuya acción tiene lugar en la época en que España sufrió la dominación de los moros. Más que obra teatral podría calificarse de poema, dada la preponderancia que el autor dio al lenguaje sobre la forma dramática. En el sentido de la construcción teatral, no es de las obras mejor logradas del genial don Ramón. Si bien en ella se perfilan esos personajes goyescos a los que denomina “esperpentos” y que encontramos en otras obras suyas –por ejemplo en Divinas palabras– y que se caracterizan por su potencialidad dramática, otros de sus personajes, como el rey Carlino, están sustentados sobre varitas de paja que se vuelan al primer soplo.

La intención positiva del autor al cantar a la libertad, da un resultado negativo, por el deshilván de la anécdota, y porque sus personajes consiguen una esperanza que no está apoyada en buenos cimientos. Todo son palabras al aire, riqueza de lenguaje, pero disonancias en la acción.

¿Qué podía hacer Carlos Bribiesca con ese personaje destemplado que es el rey Carlino? ¿Qué podía hacer Xavier Rojas para que no resultara falso en su eterno llanto e iluso en su esperanza sin fundamento? Problemas difíciles tuvieron que enfrentar ambos, en sus respectivos trabajos de actor y director.

El caramelo de la obra, es el papel central femenino. Este tiene todos los ingredientes para que una actriz se luzca a su máximo, ya que pasa por todos los estados físicos y espirituales, posibles: adolescencia inocente, jubilosa; violación, ceguera, dolor de madre que presencia cómo su hijo crece en la esclavitud hasta que es asesinado por el propio padre del niño y violador de ella: el capitán moro; valor heroico para tomar venganza y veinte años en busca de su rey, para ofrendarle la cabeza cercenada del moro, la que se ha podrido mientras la llevaba a cuestas, entregándola al fin, para abrir la puerta de la esperanza y la fe a su rey y a su pueblo.

Todo un melodrama al que Elda Peralta dedicó todos sus esfuerzos. No hay duda que ella ha prosperado mucho en los últimos años de trabajo y en esta obra puede apreciarse más, sobre todo porque ya sin el apoyo de Alexandro, con quien ha trabajado siempre, pueden verse mejor sus adelantos personales. No obstante aún le falta madurar.

Decididamente esté género de teatro no es la línea de Xavier Rojas. Aunque la obra no esté a la altura de Divinas palabras, ¡qué abismal diferencia entre la dirección que hizo de aquélla, recientemente, Juan Ibáñez! Lo relaciono únicamente por tratarse del mismo autor y porque la distancia es positivamente notable. Rojas se limitó a hacer recitar a los actores, y no logró que éstos salieran de la monotonía y del sentimentalismo. De ahí que por más que hiciera Antonio Alcalá, Carlos Bracho, Manuel Zozaya, Ángel Merino y todos los demás actores, el resultado de sus esfuerzos haya sido apenas modesto.

Los persas. Teatro Tepeyac. Autor, Esquilo. Dirección, Jebert Darién. Reparto: María Crespo, Antonio Trabulse, Jebert Darién, Leonel Chávez, Bernardo Narváez, Juan Allende, etc...

Ya pasaba Esquilo de los cincuenta años cuando estrenó la trilogía de la que formaba parte Los persas. Corría el año 472 a. C. y en ella muestra su compasión por el enemigo vencido. Ya en esta tragedia son cuatro los actores que encarnan a los personajes principales, aun cuando nunca aparecen más de dos a la vez y el coro predomina menos que en las primeras tragedias del valiente soldado de Maratón y Salamina.

Este desligar a los personajes principales del coro fue una de las valiosas reformas que Esquilo aportó al teatro de su tiempo. Todo su canto, de principio, a fin, más que sujeto a las leyes de la dramática, lo está a las de la poesía épica; no hay acción presente, sino una narración episódica de gran aliento lírico que fluye del poeta como de un manantial.

El acierto de Jebert Darién, como director, fue ante todo el de dar al coro una movilidad plástica de intención más estética que histórica, como un basamento arquitectónico sobre el que se habría de sustentar la dinámica de los personajes. También la forma de recitado del coro es geométrica, con un ritmo siempre constante –pero no monocorde–, siempre rítmico –y nunca uniforme. Quizá en algún momento pudieron haber sido menos simétricos los desplazamientos; sin embargo, la simetría no desagrada, sino que por el contrario da consistencia al juego escénico.

Sobresalen algunas voces vigorosas –aunque también hay una que otra desgarbada. La actuación de María Crespo y Antonio Trabulse son dignas de aplauso, incluso la de Jebert Darién –cuyo único inconveniente es el bajar el tono de su voz en algunas ocasiones a un volumen menor que el audible.

En general el coro y los coreutas –Leonel Chávez y Bernardo Narváez– hacen un trabajo sumamente correcto; del único que se puede decir que jamás entró en su personaje, y que por otra parte tampoco corresponde en apariencia física a la de aquél, es Juan Allende, quien no logra siquiera acercarse a la medianía.