FICHA TÉCNICA



Título obra Clemencia

Autoría Ignacio Manuel Altamirano

Notas de autoría Luisa Josefina Hernández / adaptación

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Luz Marta Núñez, Rogelio Quiroga, Bruno Márquez, Héctor López Portillo, Miguel Gómez Checa, Margarita Galván

Escenografía David Antón

Grupos y compañías Teatro Popular de México

Espacios teatrales Carpa desmontable del INBA

Eventos Inauguración de temporada con la primera de cuatro carpas desmontables del INBA

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 noviembre 1963, pp. 3 y 4.




Título obra La voz de la tórtola

Autoría John Van Druten

Notas de autoría Alejandro Verbitsky / traducción

Dirección Dimitrios Sarras

Elenco Bárbara Gil, Miguel Córcega, Eugenia Avendaño

Espacios teatrales Teatro Rotonda

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 10 noviembre 1963, pp. 3 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Clemencia, La voz de la tórtola]

Mara Reyes

Teatro Popular de México. Clemencia. Carpa. Autor, Ignacio M. Altamirano. Escenificación, Luis G. Basurto. Escenografía, David Antón. Reparto: Luz María Núñez, Rogelio Quiroga, Bruno Márquez, Héctor López Portillo, Miguel Gómez Checa, Margarita Galván.

El Instituto Nacional de Bellas Artes ha inaugurado la primera carpa de las cuatro que funcionarán en la República para beneficio cultural del pueblo. Dicha carpa mantendrá un repertorio, por lo pronto, de obras de autores mexicanos. El director de la compañía que se ha presentado bajo el nombre de Teatro Popular de México, es Luis G. Basurto.

El objeto de la creación de estas carpas desmontables es el de poder llevar el teatro a los rincones más apartados de la República. Están dotadas de un sistema de micrófonos para que la voz de los actores pueda llegar a todo el público; poseen, además, un buen alumbrado y un amplio escenario y tienen capacidad para 2,500 espectadores.

La obra seleccionada para inaugurar la temporada ha sido Clemencia, de don Ignacio M. Altamirano y adaptada por Luisa Josefina Hernández. Aunque se trata de una obra de corte anticuado, posee los ingredientes, llamémosles didácticos, que hacen que el contenido de ella despierte un sentimiento patriótico en el espectador. Pequeñas concesiones como canciones y bailes en el transcurso de la acción son legítimas. Es una especie de melodrama accesible y que no pretende más que conmover a la gente sencilla.

Desgraciadamente las actuaciones no están lo suficientemente cuidadas, y no porque se trate de malos actores; muchos de ellos han demostrado tener calidad interpretativa en otras ocasiones. Por ejemplo, esa forma de acentuar con exceso una determinada sílaba en una frase, como cualquier estudiante del primer año de actuación, es un defecto generalizado en la compañía, ¿a qué se debe? El ritmo, simplemente no existe, las escenas se siguen unas a otras con una lentitud agobiante, y aunque la obra no se presta a una gran agilidad, bien puede lograr mayor fluidez en la representación. Es probable que lo único que falte sea ensayar más la obra, pero esto no es cosa que justifique los errores. Para que fructifique este esfuerzo que lleva por objeto lograr que el público popular guste del teatro, debe presentársele en forma lo suficientemente ágil, sugestiva y atrayente para que no se decepcione desde su primera asistencia a este tipo de espectáculo y responda en forma positiva.

Ojalá que Luis G. Basurto, que tanto domina su oficio, subsane las deficiencias y logre interesar a los públicos de todos aquellos sitios donde vaya esta carpa que ya anuncia como próximos estrenos: Los cuervos están de luto, de Hugo Arguelles; Los desarraigados, de Humberto Robles; Las alas del pez, de Fernando Sánchez Mayans, etcétera.

La voz de la tórtola. Teatro Rotonda. Autor, John Van Druten. Traducción, Alejandro Verbitsky. Dirección, Dimitrio Sarrás. Reparto: Bárbara. Gil, Miguel Córcega, Eugenia Avendaño.

Cuando John Van Druten escribió esta obra, tenía 42 años, y en ella muestra la madurez de su limpio estilo literario aunada a una gran comprensión hacia los seres humanos. Otras obras que se deben a su pluma son: Soy una cámara, La amada bruja, Recuerdo de mamá, El canto de las sirenas y Tengo seis peniques.

La comprensión de este autor por el ser humano alcanza no sólo a los seres limpios de conciencia o de trayectoria intachable, sino a aquellos otros que caen en el error. Cuando dice: “No creo que ninguna mujer perdida piense eso de sí misma”... o “que un loco sepa que lo es” y otras frases semejantes, está dando a entender que el ser humano actúa según las circunstancias de su vida y ellas justifican en cierta forma su conducta. La voz de la tórtola es una comedia llena de ternura; en la que el autor quiere demostrar que el hombre debe sobreponerse a las decepciones cotidianas, al juego del amor, como pasatiempo, para que en el momento en que encuentra el verdadero objeto de su afecto, el pasado no interfiera y arruine su relación. Sólo a través del verdadero amor, el ser humano se encuentra a sí mismo, parece decir el autor.

En pocas escenificaciones se encuentra una coordinación de trabajo de equipo tan completa. El trabajo de los actores es una resultante lógica de la dirección, y la dirección una resultante, a su [p. 4] vez, del texto dramático. Hay armonía entre cada uno de los elementos que toman parte en la representación. La escenografía no se siente como una decoración artificial, sino como el único lugar posible donde la acción podía haberse desarrollado. No puede hablarse de los aciertos específicos de tal o cual escena, o del logro determinado de un actor, del director o del traductor, ya que toda la comedia es un continuo acierto, acierto individual y acierto colectivo. El trabajo de todos tiene una forma esférica, no hay puntas ni asperezas.

El oficio de Dimitrio Sarrás se pone a prueba; la calidad de la actuación de Bárbara Gil se manifiesta más que nunca; la sinceridad y frescura en la actuación de Miguel Córcega se hace patente una vez más; el dominio de la voz de Eugenia Avendaño parece cosa de magia. Todos contribuyen pues, a que la representación sea un verdadero fenómeno artístico, conjugado, armónico, geométrico, emotivo.