FICHA TÉCNICA



Título obra Espectáculo auditivo

Notas de autoría Gelsen Gas / poemas

Dirección Alejandro Jodorowsky

Notas de elenco Carlos Ancira / voz

Grupos y compañías Grupo Pánico

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 6 octubre 1963, p. 2.




Título obra Genovevo

Autoría Alexandre Bisson

Notas de autoría Francisco Córdova (Pancho) y Jorge Landeta / adaptación

Dirección Jorge Landeta

Elenco Óscar Ortiz de Pinedo, Emilio Brillas, Antonio Brillas, Alicia Ravel, Marta Elena Cervantes, Maty Huitrón, Jorge Beirute, León Barroso, Florencio Castellot

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Jorge Negrete

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 6 octubre 1963, p. 2.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[Espectáculo auditivo, Genovevo]

Mara Reyes

Espectáculo auditivo. Teatro Jesús Urueta. Dirección, Alexandro. Poemas de Gelsen Gas. Voz, Carlos Ancira. Reparto: Grupo Pánico.

El grupo Pánico de Alexandro ha presentado un espectáculo que viene a ser el equivalente a la pantomima sólo que destinada a otro de los sentidos que el ser humano posee. En el programa en que anuncia la representación el propio Alexandro dice que “así como la pantomima es un arte recomendable para sordos, este espectáculo es recomendable para ciegos”.

Se trata de escuchar una grabación en la que Carlos Ancira recita –si así se le puede llamar– y muy bien, poemas de Gelsen Gas. Los matices en esta grabación y los efectos de sonido, tienen por objeto trasmitir al público todo un mundo de sensaciones, de colores, de emociones, a través única y exclusivamente del oído. Así pues, con objeto de no distraer la atención del auditorio, Alexandro, hace transcurrir los veinte minutos de grabación en completa obscuridad. Música, palabra, ruido, se encajan como un sonomontaje en el que cada elemento juega un papel propio y determinante que da la unidad y la atmósfera que los creadores de este espectáculo buscan.

Si los poemas son interesantes, no lo es menos la primera parte del programa, en la que Alejandro expone, con recursos nada comunes, los objetivos de la postura que tiene ante el teatro y ante la vida, su grupo Pánico.

Para Alexandro, Stanislavsky quería que el actor se privara de su personalidad para tomar la del personaje; Brecht quiso que el actor no se privara de su personalidad y mantuviera simultáneamente su carácter de persona y de personaje, pero para Alexandro, la persona, al vivir en cualquier medio pierde su propio carácter y se convierte en personaje por lo que el teatro, afirma, debe servir para que “los personajes” que son todos los seres humanos, encuentren su verdadero “yo”. El actor-personaje “pánico” tiene la misma capacidad para sentir terror que para divertirse: vive. No hay en él dogmas, tradiciones, sino sólo necesidad de SER. Ha llegado el momento en que el hombre ante el quiebre total de valores tiene que volver los ojos hacia sí mismo y redescubrir su esencia.

El arte de Alexandro no es sino una tabula rasa que pone a discusión todas las estructuras que ha creado la Humanidad, todas las ideas llámenseles positivas o negativas: poder, religión, sabiduría, arte; todo queda a disposición de la polémica, de la crítica descarnada, quizá de la destrucción, como única forma de volver a encontrar nuevos valores. Es la sustancia, la esencia misma del ser lo que está por encontrarse, por revisarse en este momento histórico, en esta “Era del Hongo” –el hongo como símbolo nefasto de la bomba atómica– en la que sólo cuenta el presente, en la que el pasado y el futuro no pueden ser tomados en consideración.

Alexandro, con su teoría “pánica” vuelve los ojos hacia lo primitivo, construye instrumentos musicales con baldes y cubetas, con bicicletas y matracas como forma de liberación, como el “rebelde sin causa” que rompe las normas y quiere volver a implantar la ley del más fuerte. Si la civilización no nos ha hecho mejores –parece decir– destruyámosla y volvamos a empezar y así, en un grito que es a la vez terror, destrucción, construcción y fiesta, se lanza a buscar nuevos derroteros para el arte, el cual, para Alexandro, debe ser efímero. El hombre debe poder tener la satisfacción, como un dios, de ver nacer, madurar y morir cada una de sus obras y no pretender que la obra perviva hasta después que él haya muerto; entonces, en lugar de que el hombre se deifique, se tornará más efímero que aquello que él ha creado.

Genovevo. Teatro Negrete. Autor, Bisson. Versión libre, F. Córdova y Jorge Landeta. Escenografía, David Antón. Reparto: Óscar Ortiz de Pinedo, Emilio Brillas, Antonio Brillas, Alicia Ravel, Marta Elena Cervantes, Maty Huitrón, Jorge Beirute, León Barroso y Florencio Castellot.

Bisson, al definir su comedia como un “disparate cómico en tres actos”, acertó en aquello de disparate, pues la obra no es más que eso.

Una buena tarea del director, Jorge Landeta, quien también intervino en la versión libre –y muy libre– de la comedia, habría sido la de cortar a la obra la extensión correspondiente a un acto, pues si bien el primero de los tres actos mencionados logra animar la atención del público, el segundo no consigue sino dormirlo y el tercero tiene un desenlace tan obvio que no logra despertarlo.

Está de más decir que si en la obra aparecen como actores Óscar Ortiz de Pinedo y Emilio Brillas, las “morcillas” se cuentan al por mayor, y que ellos son los actores que más “se lucen”. Su experiencia en las tablas –aunque no son carpinteros– es innegable, no necesitan hablar para causar hilaridad en sus televiden... perdón, espectadores, lo cual es meritorio, pues quiere decir que no necesitan que ningún autor les escriba sus comedias y quizá por eso prefieren evitar a los buenos autores, pues “les robarían cámara”.

Del resto de los actores sobresale Antonio Brillas y... aunque las jóvenes despampanantes hayan querido ser muy seductoras... nadie más.