FICHA TÉCNICA



Título obra El huevo

Autoría Félicien Marceau

Notas de autoría Carlos Muñiz / traducción

Dirección Luis de Llano

Elenco Jesús Salinas Ortega (Chucho), Emilia Carranza, Antonio Gama, Alejandra Meyer, Eva Calvo, Alonso Castaño, Raúl Meraz, Héctor Suárez

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 22 septiembre 1963, p. 8.




Título obra Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz

Autoría Emilio Carballido

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Yolanda Guillaumin, Laura Oseguera, Socorro Merlín, Óscar Chávez, Sergio Jiménez, Raúl Boxer, David Espinosa, Julia Marichal, Solís Caballero

Espacios teatrales Teatro del Naranjo (Casa del Maestro)

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 22 septiembre 1963, p. 8.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El huevo

Mara Reyes

Teatro Sullivan. Autor, Félicien Marceau. Versión castellana, Carlos Muñiz. Dirección, Luis de Llano. Escenografía, David Antón. Reparto: Jesús Salinas, Emilia Carranza, Antonio Gama, Alejandra Meyer, Eva Calvo, Alonso Castaño, Raúl Meraz, Héctor Suárez, etc.

El huevo es la primera pieza teatral del novelista belga Félicien Marceau, y fue escrita en el año 1956. Se trata de una sátira en la que el autor, por medio de su personaje central, presenta todas las situaciones absurdas a las que nos ha acostumbrado nuestra organización social, exponiendo las contradicciones y exhibiendo todas las mentiras a que tiene que sujetarse el hombre de hoy, si quiere sentirse incluido en la maquinaria como un ser que pueda llamarse adaptado a su ambiente.

El protagonista no se limita a observar a los demás, sino que también se comenta a sí mismo, analiza su propia posición ante la vida, hace un paralelo entre el mundo social con un huevo “liso, sin cáscara, sin ventanas, en que es preciso penetrar si se quiere hacerlo germinar”. Él mismo se convence que con la verdad no se llega a ninguna parte, es preciso mentir, y mentir a conciencia, hasta el fondo; de este modo podrá penetrarse en ese huevo que es la sociedad, de ese modo podrá tenerse la jerarquía indispensable para triunfar en la vida.

La crítica es feroz y está lograda a base de una comicidad con ribetes de amargura en ciertos momentos; no obstante no deja en la boca un sabor de desilusión como podría suponerse, sino la bienhechora sensación de saber dónde se está situado, en qué mundo se está viviendo y de saber qué es lo que se puede esperar de los demás. Privar de las ilusiones tiene por objeto colocarse con los pies en la tierra, obtener una mayor seguridad de las posibilidades del ser humano, ya que al conocerse los medios con que se cuenta, pueden escogerse las mejores armas; sabiendo qué es lo que rodea al individuo, éste se hallará mejor preparado para saber hasta dónde podrá llegar, según sus propios escrúpulos.

Dramáticamente, la composición de esta obra es de una modernidad absoluta. La tesis brechtiana de que al espectador no hay que permitirle la identificación ilusoria y mágica, se pone de manifiesto a todo lo largo de la comedia. Un continuo rompimiento de la ilusión teatral es llevado a cabo por el protagonista narrador y comentarista que es Magis; en cada escena se mantiene este juego de distanciamiento entre el actor-personaje y el espectador. Magis va presentando las pequeñas mezquindades, los lugares comunes de la conducta humana, pasados por el tamiz de su propia lógica. Las escenas de amor que un espectador romántico podría captar como conmovedoras, Magis, al romper el ilusionismo las hace aparecer banales. Ocurre este mismo distanciamiento en el juicio del final y en el resto de las escenas que tienen lugar en el transcurso de la comedia, en las que desenmascara todo lo que se esconde detrás de las palabras y de las actitudes de los personajes.

Sobra decir que una obra de esta calidad necesitaba de una dirección escénica sumamente ágil, que captara todo el trasfondo sicológico y de inconformismo que la comedia encierra, todo lo cual fue brillantemente realzado por el director Luis de Llano, quien supo además imprimir en los personajes el gesto propio y caricaturesco que la farsa exige, dando el marco escenográfico adecuado, el que era de muy difícil realización debido a los innumerables cambios que la obra exige; en este sentido el elogio se desvía hacia David Antón, que es el creador de la atrayente escenografía, no sólo sugestiva, sino verdaderamente artística.

El reparto es numeroso. Los treinta y dos personajes que en la obra aparecen son interpretados por un número mucho menor de actores, gracias a que muchos de ellos doblan papel. El protagonista es interpretado por Chucho Salinas que con esta obra se revela como un actor de personalidad indiscutible; la docena de obras teatrales en las que ha trabajado hasta la fecha, le han dado una experiencia y un dominio del escenario que le permiten hallar el tono justo para cada situación.

Evita la vulgaridad, tan frecuente entre los actores que quieren ser cómicos a fuerza y que además han sido maleados por la televisión. Chucho Salinas, en cambio, mantiene su tesitura cómica sin recurrir a la sobada caricatura. Él posee los valores netos del que es cómico por naturaleza. Ojalá continúe superándose como hasta ahora lo ha hecho y no caiga en los vicios de tantos de sus colegas.

Fuera de este personaje que tiene vigencia y continuidad a lo largo de toda la obra, todos los demás son papeles pequeños que van ilustrando las distintas secuencias. Alonso Castaño realiza tres caracterizaciones: el médico, el tío y el fiscal; de entre ellas la mejor lograda es la del tío. La tendencia a la sobreactuación que tiene este actor encaja muy bien en esta obra; y es un acierto del director capitalizar lo que pudieran ser defectos de sus actores, de tal manera que resulten cualidades.

Emilia Carranza y Raúl Meraz consiguen una gran justeza en sus escenas; lo mismo puede decirse de Alejandra Meyer, Antonio Gama y Eva Calvo.

Héctor Suárez no sobresale mayormente en ninguno de sus tres papeles y muy poco puede decirse también del resto de los actores cuyas interpretaciones son incidentales.

En resumen, es una obra interesante, bien escrita, ingeniosa; en una palabra, digna de verse.

Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz. Teatro del Naranjo (Casa del Maestro). Autor, Emilio Carballido. Dirección, Dagoberto Guillaumín. Reparto: Yolanda Guillaumín, Laura Oseguera, Socorro Merlín, Óscar Chávez, Sergio Jiménez, Raúl Boxer, David Espinosa, Julia Marichal ySolís Caballero.

Emilio Carballido ha presentado su última obra, una farsa política en un acto (muy largo) en la que se advierte su gran asimilación del teatro brechtiano, no sólo en cuanto a la composición dramática –o sea la técnica– sino también en cuanto al contenido didáctico de sus obras –o sea su proyección intelectual.

La obra, de marcada tesis política, y proyección social, ataca con vehemencia y gran valentía el mecanismo político, sin perder en su crítica el sentido agridulce de la farsa. Sus caricaturas son extraordinarias, pinta el vicio con pincel de maestro, señala las lacras de la sociedad mexicana con voz de profeta. Y salpica con su humor macabro a esa clase social vituperada a la que se nombra con el apelativo de “los pobres” perdonándoles sus defectos los cuales señala como consecuencias de sus mismas circunstancias de vida.

Llama la atención la forma específica de la narración, ya que la anécdota –truncada por la mitad– llega por distintos caminos hacia una meta lógica.

Quizá el hecho de que la obra se desarrolle sin ninguna interrupción hace sentir que algunas escenas podrían aligerarse con pequeños cortes; esto se lo dirá al autor el mismo curso que sigan las representaciones; quizá todo es cuestión de cortar pequeñas pantomimas como por ejemplo la segunda de los meseros en palacio, que no es sino una reiteración, puesto que no aporta nada nuevo.

Por lo demás, la obra corre con gran agilidad, los actores hacen maravillas; la dirección de Dagoberto Guillaumín tiene aciertos dignos de admiración. Y sobre todo hay un halo vivificador que emana de la representación, una nueva conciencia que empuja hacia adelante, una juventud que en su deseo de echar por la borda todo lo caduco, lo corrompido, descubre que en la vida hay cosas sanas, puras y nobles por las cuales se debe luchar.

Yolanda Guillaumín ha alcanzado ya gran altura como actriz. Laura Oseguera se presenta como una promesa de gran alcance por su versatilidad, buena figura y firme calidad. Socorro Merlín sobresale indiscutiblemente en su papel de Leonela especialmente (todos los actores doblan papel); Sergio Jiménez es un actor que ya podría competir con muchos que tienen años de experiencia en las tablas. Todo hace sospechar que Sergio Jiménez será una de las figuras más significadas de nuestros escenarios.

Óscar Chávez, Raúl Boxer; David Espinosa y Julia Marichal, todos realizan sus interpretaciones con verdadera calidad, con profesionalismo, con amor; Solís Caballero en la guitarra completa en forma excelente el reparto.

Teatro comprometido, sí, pero ante todo teatro realizado con arte.